viernes, 9 de noviembre de 2007

Lo Arcangélico y otros poemas

por Georges Bataille






Lo Arcangélico




La Tumba
I



Inmensidad criminal
agrietada vasija de la inmensidad
ruina sin limites

inmensidad que me abruma blanda
yo, blando
el universo es culpable

la locura alada mi locura
desgarra la inmensidad
y la inmensidad me desgarra

estoy solo
ciegos leerán estas líneas
en interminables túneles

caigo en la inmensidad
que cae dentro de sí
más negra es que mi muerte

negro es el sol
la belleza de un ser es el fondo de las cavernas un grito
de la noche definitiva

lo que ama en la luz
el escalofrío que la hiela
es el deseo de la noche

miento
y queda clavado el universo
en mis mentiras dementes

la inmensidad
y yo
nos descubrimos uno a otro nuestras mentiras

la verdad muere
y grito
que la verdad miente

mi cabeza azucarada
que agota la fiebre
es el suicido de la verdad

el no-amor es la verdad
y todo miente en la ausencia de amor
nada existe que no mienta

comparado al no-amor
el amor es cobarde
y no ama

el amor es parodia del no-amor
parodia la verdad de la mentira
el universo un suicidio alegre

en el no-amor
la inmensidad cae dentro de sí
sin saber qué hacer

todo está en paz para otros
los mundos giran majestuosos
con monótona calma

está en mí el universo como en sí mismo
ya nada de él me separa
me enfrento con él dentro de mí

en el calmo infinito
al que las leyes lo encadenan
se desliza hacia lo imposible inmensamente

horror
de un mundo que gira sobre su eje
el objeto del deseo está más allá

la gloria del hombre consiste
por grande que sea
en desear otra

estoy
está conmigo el mundo
expulsado fuera de lo posible

no soy sino la risa
y la noche pueril
donde cae la inmensidad

soy el muerto
el ciego
la sombra sin aire

como los ríos en la mar
sin cesar ruido y luz
en mí se pierden

soy el padre
y la tumba
del cielo

el exceso de tinieblas
es el fulgor de la estrella
el frío de la fosa un dado

la muerte echó los dados
y la profundidad de los cielos exulta
por la noche que sobre mí se desploma




II



El tiempo me oprime caigo
y me deslizo de rodillas
palpan la noche mis manos

adiós arroyos de luz
no me queda más que las sombras
los posos la sangre

espero la campanada
por donde lanzando un grito
me adentraré en las sombras




III


Un lento pie desnudo sobre mi boca
un lento pie contra el corazón
eres mi sed mi fiebre

pie de whisky
pie de vino
pie loco de subyugar

oh fusta mía dolor mío
talón que de tan alto me sojuzga
lloro porque no muero

oh sed
insaciable sed
desierto sin salida

súbita borrasca de muerte en la que grito
ciego de rodillas
y vacías las órbitas

corredor donde me río de una noche sin sentido
corredor donde me río entre portazos
en el que una flecha adoro




IV



Más allá de mí muerte
un día
la tierra gira en el cielo

estoy muerto
y las tinieblas
sin cesar se alternan con el día

cerrado está para mí el universo
en él permanezco ciego
semejante a la nada

la nada no es sino yo mismo
el universo no es sino mi tumba
el sol no es sino la muerte

mis ojos son el ciego rayo
mi corazón es el cielo
donde estalla la tormenta

en mí mismo
al fondo de un abismo
el universo inmenso es la muerte

soy la fiebre
el deseo
soy la sed

el gozo que despoja del vestido
y el vino que hace reírse
de no estar ya vestido

en una copa de ginebra
una noche de fiesta
las estrellas caen del cielo

trago el rayo a largos sorbos
voy a reírme a carcajadas
con el rayo en el corazón




La Aurora

Escupe sangre
es el rocío
la espada que me dará muerte

desde el brocal del pozo
mira el cielo estrellado
posee la transparencia de las lágrimas

Te encuentro en la estrella
te encuentro en la muerte
eres el hielo de mi boca
tienes el olor de una muerta

tus senos se abren como la cerveza
y me sonríen desde el más allá
deliran tus dos largos muslos
desnudo es tu vientre como un estertor

eres bella como el miedo
estás loca como una muerta.

Innombrable es la desdicha
el corazón una mueca

lo que da vueltas en la leche
la risa de loca de la muerte

Ha salido una estrella
eres soy el vacío

ha salido una estrella
dolorosa como el corazón

reluciente como una lagrima
silbas es la muerte
la estrella cubre el cielo
dolorosa como una lágrima

sé que no me amas
pero la estrella que sale
cortante como la muerte
agota y retuerce el corazón

Estoy maldito he aquí a mi madre
qué larga es esta noche
mi larga noche sin lágrimas

noche avara de amor
oh roto corazón de piedra
infierno de mi boca de ceniza

eres la muerte de las lágrimas
maldita seas
mi corazón maldito mis ojos enfermos te buscan

eres el vacío y la ceniza
pájaro sin cabeza cuyas alas la noche golpean
el universo está hecho de tu escasa esperanza

el universo es tu corazón enfermo y el mío
latiendo hasta rozar la muerte
en el cementerio de la esperanza

mi dolor es la dicha
y la ceniza el fuego

Diente de odio
estás maldita
quien está maldita habrá de pagar

pagarás tu parte de odio
el horrible sol morderás
quien está maldito muerde el cielo

conmigo desgarrarás
tu corazón amado por el espanto
tu ser estrangulado de tedio

eres la amiga del sol
no hay para ti descanso
tu cansancio es mi locura

Boñiga en la cabeza
estallo odio el cielo
quién soy yo para escupir las nubes
amargo es ser inmenso
mis ojos son gruesos cerdos
mi corazón tinta negra
mi sexo es un sol muerto

las estrellas caídas en una fosa sin fondo
lloro y mi lengua fluye
poco importa que la inmensidad sea redonda
y ruede en un cesto de sonido

amo la muerte la convido
en la carnicería de Saint-Pére.

Negra muerte mi pan eres
te como en el corazón

es el espanto mi dicha
la locura llevo en mi mano.

Anudar la cuerda del ahorcado
con los dientes de un caballo muerto.

Suavidad del agua
rabia del viento

carcajada de la estrella
mañana soleada

nada importa que yo no sueñe
nada importa que yo no grite

más lejos que las lágrimas la muerte
más arriba que lo hondo del cielo

en el espacio de tus senos.

Límpido de pies a cabeza
frágil como la aurora
el viento ha roto el corazón

en la dureza de la angustia
la noche negra es una iglesia
donde se degüella un puerco

temblorosa de pies a cabeza
frágil como la muerte
agonía de mi amada hermana

eres más fría que la tierra.

Reconocerás la dicha
al verla morir

tu sueño y tu ausencia
acompañan en la tumba.

Eres el latido del corazón
que escucho bajo mis costillas
y el aliento suspenso.

Mis sollozos en tus rodillas
quebrantaré la noche

sombra de alas en un campo
mi corazón de niño perdido.

Hermana mía riente eres la muerte
desfallece el corazón eres la muerte
entre mis brazos la muerte

hemos bebido eres la muerte
como el viento eres la muerte
como el rayo eres la muerte

la muerte ríe la muerte es la alegría

Sólo tú eres mi vida
sollozos perdidos
me separan de la muerte
te veo tras las lágrimas
y adivino mi muerte

si no amase la muerte
el dolor
y desearte
me matarían

tu ausencia
tu infortunio
me dan náuseas
tiempo para mí de amar la muerte
tiempo de morderle las manos.

Amar es agonizar
amar es amar morir
los monos hieden al morir

mucho desearía mi muerte
soy demasiado blando para eso
muy cansado estoy

te amo tanto como un chiflado
me río de mí mismo asno de tinta
que rebuzna a los astros del cielo

desnuda te reías a carcajadas
gigantesca bajo el baldaquino
me arrastro para dejar de existir

deseo morir por ti
quisiera aniquilarme
en tus caprichos enfermizos.





El Vacío



Llamas nos rodearon
bajo nuestros pasos se abrió el abismo
un silencio de leche de hielo de huesos
nos envolvía con un halo

eres la transfigurada
mi destino te ha roto los dientes
tu corazón es un hipo
tus uñas han hallado el vacío

hablas como la risa
los vientos alisan tu cabello
la angustia que el corazón oprime
precipita tu burla

tus manos tras mi cabeza
no agarran sino la muerte
tus besos rientes no se abren
sino a mi pobreza de infierno

bajo el baldaquino sórdido
del que penden los murciélagos
tu maravillosa desnudez
no es más que una mentira sin lágrimas

mi grito te llama en el desierto
al que no quieres venir
mi grito te llama en el desierto
en el que se cumplirán tus sueños

tu boca sellada a mi boca
y tu lengua en mis dientes
la inmensa muerte te acogerá
caerá la inmensa noche

entonces habré hecho el vacío
en tu cabeza abandonada
tu ausencia estará desnuda
como una pierna sin medias

esperando el desastre
en que se extinguirá la luz
seré yo suave en tu corazón
como el frío de la muerte.






Desde lo alto de Monserrat y otros poemas





Desde lo alto de Monserrat


Todo ha de tornar al fuego original
Tempestad de llamas
Así hablaba HERÁCLITO
Levante y poniente de! hombre lúcido y duro.
—Habrás de ver el flujo y el reflujo
De las pasiones despreciables.
—Aceptarás la humedad al igual que se ama
A la madre que nos engendró.
—Hombres y mujeres abocados estáis al
Fuego de lava inmaterial
Aquí y allá ligera, arrolladora

Siempre mortal
Viva siempre
Que no ama sino lo que vendrá.

Siempre arrojados a los volcanes de vida y de muerte.

Y paracelso: ambas manos apoyadas
En la espada de la sabiduría
En intimidad con los astros y las piedras
Enamorado de las cavernas del hombre
Del vientre del universo.

Y tú ZARATUSTRA ojo de luz
En el centro de un mundo terrible y alegre
Os saludo desde lo alto
de Monserrat.

Hasta las botas en los ojos
hasta las lágrimas del barro
hasta las manos inflamadas de pus
conduce el camino del desafío

de los largos estertores de la tumba
donde silbó una muerte sin aire
y de la ausencia de esperanza
nace la estrella de la nube

(Noviembre 43)





Cita le di a Limbour
en los Campos Elíseos
para hablar del cielo

Le dije
que el cielo es un gato

un tercero dijo
el cielo son dos gatos

otro dijo el cielo es una lengua
más gorda que una ballena.

Soñaba alcanzar la tristeza del mundo
al borde sin esperanza de un extraño pantano
soñaba con espesas aguas donde recobraría
los caminos perdidos de tu beso profundo

sentí entre mis manos un animal inmundo
escapado a la noche de una selva de espanto
y supe que era el mal por el que tú morías
lo que entre risas llamo la tristeza del mundo

una luz loca un fulgor de trueno
una risa liberando tu larga desnudez
un inmenso esplendor al fin me iluminaron

y vi tu dolor como una caridad
irradiando en la noche la larga forma clara
y el grito de tumba de tu infinitud.

Cuando muera quisiera tener conmigo
el objeto que me des
apretarlo con mi mano helada
y luego mancillarlo con mis labios
de babas de la agonía

Cubierto de mi sudor de sangre
desgreñado fantasma de vieja
helará el viento tus dientes
los besaré entonces
estarás muerta.

La profundidad de una noche
sepulta bajo su polvo
la gran estrella Carnicería

La LECHE del cielo.





Orestia

Orestia
rocío celeste
cornamusa de la vida

noches de arañas
de innumerables obsesiones
inexorable juego de lágrimas
oh sol en mi pecho lenta espada de la muerte

descansa sobre mis huesos
descansa el relámpago eres
descansa víbora
descansa corazón mío

los ríos del amor se tintan en sangre
han despeinado los vientos mi pelo de asesino

Fortuna oh pálida divinidad
risa del relámpago
sol invisible

retumbando en el corazón
fortuna desnuda

fortuna de largas medias blancas
fortuna en enagua de encajes




La Discordia



Diez cien casas se derrumban
cien y luego mil muertos
en la ventana de la nube

Vientre abierto
rostro alzado
reflejo de extensos nubarrones
imagen de cielo inmenso

Más arriba
que lo alto del cielo oscuro
más arriba
en una loca hendidura
una estela de luz
es el halo de la muerte.

Hambre tengo de sangre
Hambre de tierra ensangrentada
Hambre de pescado hambre de rabia
Hambre de basura hambre de río




Yo



Corazón ávido de luz
vientre codicioso de caricias
el sol falso falsos los ojos
palabras portadoras de la peste

la tierra ama los cuerpos fríos.

Lágrimas de hielo
equívoco de las pestañas

labios de muerta
inexpiables dientes
ausencia de vida
desnudez de muerte.

A través de la mentira, la indiferencia, el castañeteo de los dientes, la dicha insensata, la certidumbre.
En el fondo del pozo. diente con diente de la muerte, una ínfima parcela de vida cega­dora nace de una acumulación de desechos.
Huyo de ella, ella insiste; inyectado, en la frente, un hilillo de sangre se mezcla con mis lágrimas y baña mis muslos.
Ínfima parcela nacida de la superchería, de avaricias impúdicas.
Tan indiferente ante si misma como ante lo alto del cielo, y pureza de verdugo, de explosión que suspende los gritos.

Abro en mí un teatro
donde se representa un falso sueño
un simulacro sin objeto
una vergüenza que me hace sudar

no hay esperanza
la muerte
la vela apagada de un soplo


Mientras tanto leo las Noches de Octubre, asombrado al percibir un desajuste entre mi grito y mi vida. En el fondo, soy como Gérard de Nerval, me encantan los cafetines, las naderías (¿más equívoco?). Recuerdo en Tilly cómo me gustaban las gentes del pueblo, cuando surgían de las lluvias, del barro del frío, las viragos del bar disponiendo las botellas y la nariz (las napias) de los mocetones jornaleros de granja (borrachos, embarradas las botas); por la noche, las canciones populares plañían en sus gargantas rudas; hubo idas y venidas bulliciosas, pedos, risas de muchachas en el patio. Era feliz al escuchar su vida, garabateando en mi libreta, acostado en una habitación sucia (y helada). Ni sombra de preocupación, feliz con el calor de los gritos, con el embrujo de las canciones: su melancolía apretaba la garganta.

El techo del templo

Sensación de un combate decisivo del que ya nada me apartaría ahora. Siento miedo al tener la certeza de que ya no evitaré el combate.

¿La respuesta no sería: “que olvide este asunto”?

Me pareció ayer haber hablado con mi espejo.
Me pareció ver bastante a lo lejos como a la luz de los relámpagos una región adonde ha llevado la angustia... Senti­miento suscitado por una frase. He olvidado la frase: iba acompañada de un cambio perceptible, como un resorte que cortase los lazos.

Percibí un movimiento de retroceso, tan decepcionante como el de un ser sobrenatural.
Nada más distante ni más opuesto a la malevolencia.

Sentía como un remordimiento la imposibilidad absoluta de anular mis afirmaciones.

Como si una intolerable opresión nos desazonara.

Deseo —que hace temblar— de que la fortuna que sobre­venga, en la incertidumbre de la noche, imperceptible, sea sin embargo aprovechada. Y por fuerte que fuera ese deseo, no podía sino observar el silencio.

Solo en la noche, me quedé leyendo, abrumado por ese sentimiento de impotencia.

Leí Berenice entero (nunca lo había leído). Una sola frase del prólogo me detuvo: “... esta tristeza majestuosa que consti­tuye todo el placer de la tragedia”. Leí, en francés. El Cuervo. Me levanté, contagiado. Me levanté y cogí papel. Recuerdo la prisa febril con la que llegué a la mesa: sin embargo, estaba tranquilo.

Escribí:

avanzó
una tempestad de arena
no puedo decir que
en la noche
avanzó como un muro de polvo
o como el remolino plisado de un fantasma
me dijo ella
dónde estás
te había perdido
pero yo
que nunca la había visto
grité entre el frío
quién eres
demente
y por qué
fingir
no olvidarme
en ese momento
oí caer la tierra
corrí
atravesé
un interminable campo
me caí
el campo cayó también

un sollozo infinito el campo y yo
cayeron

noche sin estrella
vacío mil veces apagado
un grito así
acaso te atravesó alguna vez
una caída tan larga.

Al mismo tiempo, el amor me enardecía. Yo estaba limitado por las palabras. Me consumí de amor en el vacío, como en presencia de una mujer deseable y desvestida, pero inaccesible. Sin poder tan siquiera expresar un deseo.

Atontamiento. Imposible irse al lecho pese a la hora y el cansancio. Habría podido decir de mí mismo, al igual que hace cien años Kierkegaard: “Tengo la cabeza tan vacía como un teatro en el que acaba de terminar la función”.

Al mirar fijamente el vacío ante mi una súbita imantación violenta, excesiva, me unió a ese vacío. Veía ese vacío y no veía nada, pero él, el vacío, me abrazaba.

Mi cuerpo estaba crispado. Se contrajo como si, desde sí mismo, hubiera tenido que reducirse a la extensión de un punto. Una fulguración duradera iba desde ese punto interior hasta el vacío. Yo gesticulaba y reía, los labios abiertos, los dientes desnudos.





Me arrojo adonde los muertos



Es mi desnudez la noche
las estrellas son mis dientes
me arrojo adonde los muertos
revestido de blanco sol

La muerte habita en mi corazón
como una viudita
solloza se abandona
tengo miedo podría vomitar

la viuda lanza su risa al cielo
y desgarra los pájaros

Ante mi muerte
los dientes de caballo de las estrellas
relinchan de risa yo muerto

muerte pelada
tumba húmeda
sol manco

el enterrador de dientes de muerto
me hace desaparecer

el ángel de vuelo de cuervo
grita
gloria a ti

Soy el vacío de los ataúdes
y la ausencia del yo
en el universo entero

las trompas de la alegría
suenan insensatamente
y el blanco del cielo estalla

el trueno de la muerte
inunda el universo

demasiado gozo
voltea las uñas

Imagino
en la profundidad infinita
la llanura desierta
diferente del cielo que contemplo
que ya no alberga esos puntos de luz vacilantes
sino torrenciales llamas
más grande que un cielo
cegador como el alba

abstracción informe
rayada por resquebrajaduras
montón
de inanidades de olvidos
por una parte el sujeto YO
y por otra el objeto
universo hecho trizas de nociones muertas
al que YO arrojo llorando los desechos
las impotencias

los hipos
los discordantes cantos del gallo de las ideas
oh nada concebida
en la fábrica de la infinita vanidad
tal que una caja de dientes postizos
YO asomado a la caja
YO tengo
gran deseo de vomitar deseo

oh fracaso mío
éxtasis que me traspone
cuando grito
tú que eres y serás
cuando yo ya no exista
X sorda
mazo gigante
destrozando mi cabeza.

El titilar
lo alto del cielo
la tierra
y yo

Mi corazón te escupe estrella

incomparable angustia

me estoy riendo pero tengo frío.




Ser Orestes


El tapete verde es esta noche estrellada en la que caigo, arrojado como el dado en un campo de posibles efímeros.
No tengo una razón para “considerarla mala”.
Siendo una caída ciega en la noche, supero mi voluntad a mi pesar (que no es en mí más que algo dado); y mi miedo es el grito de una libertad infinita.
Si no superase de un salto la naturaleza “estática y dada”, estaría definido por las leyes. Pero la naturaleza juega conmi­go, me arroja. LEJOS de sí misma, más allá de las leyes, de los límites que la hacen amada de los
humildes.

Soy el resultado de un juego, lo cual, si yo no existiera, no sería, lo cual podía no ser.

Soy, en medio de una inmensidad, un más que desborda esta inmensidad. Mi dicha y mi ser mismo dimanan de ese carácter desbordante.
Mi estupidez ha bendecido la naturaleza caritativa, arrodi­llada ante Dios.
Lo que soy (mi risa y mi dicha ebrias), no es por eso menos aventurado, confiado al azar, arrojado fuera en la noche, expulsado como un perro.

El viento de la verdad ha respondido como una bofetada a la mejilla ofrecida de la piedad.
El corazón es humano en tanto en cuanto se rebela (eso quise decir: ser un hombre es “no inclinarse ante la ley”).
Un poeta no justifica –no acepta- por completo la naturaleza. La verdadera poesía se halla fuera de las leyes. Pero la poesía, por último, acepta la poesía.

¡Cuándo aceptar la poesía la convierte en su término contrario (se vuelve mediadora de una aceptación)! Contengo el salto con el que superaría el universo, justifico el mundo que nos es dado, me conformo con él.

¡Insertarme en lo que me rodea, explicarme o no ver en mi insondable noche, sino una fábula para niños (tener una imagen o física o mitológica de mí mismo)! ¡No!...

Renunciaría al juego.

Me niego, me rebelo, pero porqué perderme. Si delirase sería simplemente natural.

El delirio poético ocupa un lugar en la naturaleza. La justifica, acepta embellecerla. El rechazo pertenece a la conciencia clara, que valora cuanto le acontece.

La clara distinción de los diversos posibles, el don de llegar hasta el último confín, son resultado de la atención serena. El juego sin retorno de mí mismo, el ir más allá de todo lo dado exige no sólo esa risa infinita, sino también esta meditación lenta (insensata, pero por exceso).

Es la penumbra y el equívoco. La poesía aleja al mismo tiempo de la noche y del día. No puede ni cuestionar ni accionar este mundo que me traba.

Esa amenaza suya se mantiene: la naturaleza puede aniqui­larme —reducirme a lo que ella es, anular el juego al que yo juego por encima de ella— que exige mi locura, mi alegría, mi vigilia infinitas.

Relajarse retira del juego y el exceso de atención, lo mismo. El arrebato jubiloso, el salto desatinado y la calma lucidez se le exigen al jugador, hasta el día en que le abandona la suerte o la vida.

Me acerco a la poesía; pero para ofenderla.





En el juego que supera la naturaleza, es indiferente que yo la supere o que ella se supere en mí (ella es quizá toda entera exceso de sí misma), pero, con el tiempo, el exceso se inserta al fin en el orden de las cosas (moriré en ese momento).

He necesitado, para aprehender algo posible en medio de una evidente imposibilidad, figurarme primero la situación inversa.

Suponiendo que yo quiera limitarme al orden legal, tengo pocas posibilidades de lograrlo por entero: pecaré de inconse­cuente, de rigor desafortunado...

En el rigor extremado, la exigencia de orden detenta un poder tan grande que no puede volverse contra sí misma. En la experiencia que de ello tienen los devotos (los místicos), la persona de Dios está situada en la cúspide de un sinsentido inmoral: el amor del devoto realiza en Dios —con el que se identifica— un exceso que, si lo asumiera personalmente, lo hincaría de rodillas, asqueado.

La reducción al orden fracasa, de cualquier modo: la devoción formal (sin exceso) conduce a la inconsecuencia. Por tanto, la tentativa inversa tiene probabilidades. Le es preciso seguir caminos tortuosos (risas, náuseas incesantes). En el plano en el que se representan esas cosas, cada elemento se convierte en su contrario incesantemente. Dios se carga de pronto de “horrible grandeza”. O la poesía deriva hacia el embellecimiento. A cada esfuerzo que hago por aprehenderlo, el objeto de mi anhelo se convierte en el contrario.

El fulgor de la poesía se manifiesta fuera de los momentos que alcanza en un desorden de muerte.

(Un común acuerdo sitúa aparte a los dos autores que sumaron al de la poesía el fulgor de un fracaso. El equívoco está ligado a sus nombres, pero uno y otro agotaron el sentido de la poesía que acaba en su contrario, en un sentimiento de odio a la poesía. La poesía que no se eleva al sinsentido de la poesía no es más que el vacío de la poesía, que la poesía bella.)





¿Para quién son esas serpientes?

Lo desconocido y la muerte... sin el mutismo de res, el único suficientemente sólido en tales caminos. En lo desconocido, ciego, sucumbo (renuncio a la eliminación razonada de los posibles).

La poesía no es un conocimiento de sí, y menos aún la experiencia de un lejano posible (de lo que anteriormente no existía) sino la simple evocación con palabras de posibilidades inaccesibles.

La evocación tiene sobre la experiencia la ventaja de una riqueza y de una facilidad infinita pero aparta de la experiencia (esencialmente paralizada).

Sin la exuberancia de la evocación, la experiencia sería razonable. Comienza a partir de mi locura, si la impotencia de la evocación me asquea.

La poesía abre la noche al exceso del deseo. La noche que han dejado los estragos de la poesía es en mí la medida de un rechazo —de mi loca voluntad de desbordar el mundo—. También la poesía desbordaba ese mundo, pero no podía cambiarme.
Mi libertad ficticia aseguró ante todo que no destruía la ley de lo dado por la naturaleza. Si me hubiera conformado, me habría sometido con el tiempo a la dimensión de lo dado.

Continuaba cuestionando los límites del mundo, al ver la miseria de quien con ellos se conforma, y no pude soportar por mucho tiempo lo fácil de la ficción: yo le exigía la realidad, me volví loco.


Si mentía, me quedaba en el plano de la poesía, de una superación verbal del mundo. Si perseveraba en una denigración ciega del mundo, mi denigración era falsa (como la superación). En cierto modo, mi conformidad con el mundo se profundizaba. Pero al no poder mentir a sabiendas, me volví loco (capaz de ignorar la verdad). O al no saber ya, para mi solo, representar la comedia de un delirio, me volví loco pero interiormente: viví la experiencia de la noche.

La poesía dio simplemente un giro: escapé por ella del mundo del discurso, que para mi se había convertido en el mundo natural, entré con ella en una especie de tumba donde la infinitud de lo posible nacía de la muerte del mundo lógico.

Al morir la lógica, daba a luz locas riquezas. Pero lo posible evocado no es sino irreal, la muerte del mundo lógico es irreal, todo es turbio y huidizo en esta oscuridad relativa. Puedo burlarme de mí mismo y de los demás: ¡todo lo real carece de valor, todo valor es irreal! De allí esa facilidad y esa fatalidad de deslizamientos en los que ignoro si miento o estoy loco. La necesidad de la noche procede de esa situación desafortunada.

La noche no podía sino desviarse de todo ello.

El cuestionarlo todo nacía de la exasperación de un deseo, ¡que no podía abocar al vacío!

El objeto de mi deseo era, en primer lugar, la ilusión y no pudo ser más que en segundo lugar el vacío de la desilusión.

El cuestionamiento sin deseo es formal, indiferente. No es de ello de lo que podría decirse: “Es idéntico al hombre”.

La poesía revela un poder de lo desconocido. Pero lo desconocido no es más que un vacío insignificante, si no es el objeto de un deseo. La poesía es término medio, oculta lo conocido en lo desconocido: es lo desconocido ornado de los colores cegadores y de la apariencia de un sol.

Deslumbrado por mil figuras en las que se componen el tedio, la impaciencia y el amor. Ahora mi deseo sólo tiene un objeto: lo que hay más allá de esas mil figuras y la noche.
Pero en la noche miente el deseo, y de esa forma, deja de parecer su objeto. Esa existencia que yo he llevado “en la noche” se asemeja a la del amante cuando muere el ser amado, a la de Orestes al enterarse del suicidio de Hermione. No puede reconocer en la naturaleza de la noche “lo que ella esperaban”.







El ser indiferente nada es



I


Sombrero
de fieltro
de la muerte
la escarcha
la hermana
de un sollozo
alegre.

La blancura
de la mar
y la palidez de la luz
arrebatarán los huesos

la ausencia
de la muerte
sonríe.




II



El cuerpo
del delito
es el corazón
de este delirio.





III



Las leyes del sabor
asedian
la torre de la lujuria.





IV


El alcohol
de la poesía
es el silencio
difunto.





V


He vomitado
por la nariz
el cielo telaraña
mis enflaquecidas sienes
terminan de adelgazarlo
estoy muerto
y los lirios
evaporan el agua destilada
faltan palabras
y finalmente falto yo.





VI


Las palabras del poema, su indocilidad, su número, su insignificancia, conservan en el corazón el instante impal­pable, beso lentamente posado en la boca de una muerta, dejan el aliento suspenso en lo que ya nada es.

La transparencia del ser amado, milagrosa indiferen­cia, lo que extravía, extraviado en el cristal incontable de la luz: no pensar en ello nunca más.





VII


El relámpago mata
torna los ojos
el gozo
borra
el gozo

borrado
cristal de muerte
helado
oh cristal
resplandeciente
de un fulgor que se rompe
en las crecientes sombras

soy
lo que no existe
abro
los dientes mezclados
de los muertos
y el rechinar de la luz
que me embriaga
con el abrazo
que se ahoga
el agua
que llora
el aire muerto
y el alma del olvido

mas nada
nada

veo
ya no río
pues a fuerza de reír
me transparento
















lunes, 5 de noviembre de 2007

Prólogo a Anguitología

por Andrés Morales[1]





Entrar en la poesía de Eduardo Anguita es sumergirse en el espacio de lo absoluto. Tiempo, lenguaje, amor, muerte, sueño, vigilia, crítica y silencio -melodiosamente detenido- pueden ser algunas de las palabras que prefiguran (y jamás contienen) la poderosa voz de uno de los poetas más extraordinarios de la literatura chilena.

Un autor casi desconocido para la inmensa mayoría, pero siempre revisitado por sus leales lectores. Un poeta que huyó de lo vulgar, de lo intranscendente, de las modas y etiquetas; un escritor de una pureza hoy casi inconcebible por su pasión y su entrega: jamás cercano al poder, nunca en el vano comercio de las ambiguas prebendas.

Eduardo Anguita es, como muy pocos, un poeta con una ética incuestionable, pero una ética que no sólo habla del humano personaje detrás de las máscaras del poema, sino del autor que reflexiona, se conmueve y se deslumbra en la agraz perfección del lenguaje; que cuestiona al mundo y a su voluntad de permanencia; que investiga en el tiempo, en la historia y en el amor, los secretos humanos y divinos de la existencia que puede, en la belleza, redimir sus sombras y su oprobiosa fragilidad.

La lectura de su obra, tanto en verso como en prosa, no puede dejar de estremecer. Su incalculable valor reside en abrir las puertas del misterio para saber que otros secretos más enigmáticos o lejanos esperan por aquel que ha traspasado el umbral. Y no se trata de un poeta "hermético" (esa palabra que tanto resume y que tan poco dice), por el contrario, se trata de un poeta que interroga, que nunca pontifica, que relativiza su mirada y las miradas de todos los que lo acompañan para saber que poco se sabe, que mucho se intuye, que algo se cree, pero que todo o casi todo es una interrogación presidida por la muerte y ese extraño tránsito que se suele llamar existencia.



Huidobro, la vanguardia y la tradición


En estos días nadie puede dudar de la originalidad de Eduardo Anguita. Su poesía se desdobla desde una multiplicidad de vértices de orígenes muy dispares, pero al mismo tiempo fragua como un canto original que más que celebrar, cuestiona.

Mucho se señala su deuda con Vicente Huidobro (y sin duda, existe), pero creo que se ha sobredimensionado la dependencia con este autor. Es sabido que, salvo los españoles Gerardo Diego o Juan Larrea, nadie continuó los pasos del creacionismo, aún así se insiste en señalar a Anguita como un seguidor de la figura de Huidobro [2] . Es necesario resituar este influjo y entender que los vínculos deben delimitarse a hechos concretos.

La verdadera revolución literaria producida en Chile por Huidobro a su regreso definitivo a la patria, no sólo tocó a Anguita, sino a un buen número de jóvenes autores que se iniciaban en la literatura. Incluso "La Mandrágora", de filiación surrealista, es tributaria de Huidobro en lo que significa salir del encierro provinciano al que estaba sometido un gran porcentaje de los escritores chilenos. Fue a instancias del poeta de Altazor que muchos empezaron a ver más allá de las fronteras nacionales y a integrar a sus escrituras los originales procedimientos que las vanguardias habían implementado en la nueva poesía. Anguita, al igual que Teófilo Cid, Braulio Arenas, Enrique Gómez Correa y hasta Gonzalo Rojas, entre otros, fueron impactados por las enseñanzas de Huidobro quien, ya no tan fulgurante como en el pasado, estimuló el desarrollo de métodos alternativos a la poesía tradicional. Si bien Anguita no pertenece al grupo de surrealistas chilenos, comparte con ellos la voluntad de cambio que aparecía como indispensable en la lírica de esos días. Su rechazo a la escritura automática y a la sobreabundancia metafórica lo distancia de los "mandragoristas", aunque no puede descartarse del todo cierta cercanía en el uso de la imagen, del sentido del humor y de un espíritu lúdico presente en algunos de sus poemas.

Pero lo interesante es la integración de universos que Eduardo Anguita realiza en la composición de algunos de sus textos. Su poesía no se deja llevar sólo por el impulso de la vanguardia. Por el contrario, el poeta intenta conciliar instancias aparentemente irreconciliables para otros escritores más intransigentes, de esta manera su poesía integra con inteligencia y concordancia las fuentes de la tradición más clásica. En lo que respecta a su inscripción como poeta hispanohablante, Anguita no olvida ni por un momento el peso de la literatura castellana [3] y en muchos de sus poemas es posible rastrear el influjo de la literatura medieval, renacentista y barroca española. La danza de la muerte, Las Coplas a la muerte de su Padre, El libro del buen amor, Los Milagros de Nuestra Señora, las Églogas de Garcilaso o los Sonetos Metafísicos de Quevedo son intertextos vitales para entender hacia donde se proyecta el poeta. En sus indagaciones sobre el tiempo, por ejemplo, su visión alterna el pasado, el presente y el futuro (los saltos en las formas verbales son evidentes), pero también el trabajo con el lenguaje y con la propia literatura indican un desplazamiento hacia diferentes contextos poéticos. De esta forma, Anguita "juega" con el lenguaje para detener al tiempo en esa admirable inmovilidad de muchos de sus poemas (las metáforas son del hoy, los contextos múltiples) parafraseando incluso a los clásicos más conocidos. En esta línea es posible encontrar el bello poema dedicado a Huidobro "Mester de Clerecía en memoria de Vicente Huidobro (Por encargo de Gonzalo de Berceo)" donde el poeta utiliza el arcaísmo lingüístico y el estilo de la época para celebrar a uno de los poetas más innovadores de toda la lengua:
...…
"A muerto de los aires un fino emperador
Escuridad est tanta que non a alrededor
Los sones han callado ca murió el ruiseñor
Que era entre todas aves el pájaro meior.
...…
Hi vienen su Cagliostro e su Cid Campeador,
La golonfina aúlla con tristura e pavor,
E ploran muchos ommes por pena e por error.
A todos los consuela el ángel Altazor."[4]
....…


Si estos procedimientos pueden llamar la atención del lector, la búsqueda del poeta por una precisión mayor de su lenguaje y de sus imágenes lo llevan incluso a incorporar señales culturales de otras tradiciones, ya no occidentales (o al menos europeas). Es así que, por ejemplo, en "Venus en el pudridero" veremos alusiones e intertextos con los Upanishad Chandogya y el Kama Sutra de la India o con los dioses mexicanos precolombinos. Todas estas "marcas" intentan otorgar un sentido totalizador y una pertenencia que apelan no a la sapiencia del lector, sino a su mejor entendimiento de la dirección del sentido del poema. Anguita persigue la exactitud en el decir, pero esa precisión conlleva, al mismo tiempo, una historia y un pensamiento que se vincula con lo elemental, lo vernáculo y lo mágico del ser humano y de sus distintas culturas.



Esta oscilación entre vanguardia y distintas tradiciones constituyen un esfuerzo casi sin precedentes en la poesía chilena. Autores posteriores (y algún otro exponente de la generación del 38 como Miguel Serrano) seguirán caminos paralelos. Lo prodigioso de Anguita es su capacidad por entender que en su vastedad y diferencia el mundo posee identidades comunes y una simultaneidad extraordinarias.


El movimiento David


Aunque el movimiento David -iniciado hacia 1938- puede leerse como un intento de Eduardo Anguita por crear una nueva vanguardia, no es posible hablar con propiedad de una escuela o una corriente estético-literaria que haya prosperado. Si bien se trata de un intento por integrar desde la poesía una postura moral y hacer de la escritura una práctica que apunta a establecer primero una ruptura con lo anterior y luego una propuesta que se acerca claramente más a lo filosófico y a lo religioso que a lo puramente estético, David ha de considerarse como una búsqueda más que como un hallazgo [5].

Anguita propone varios pasos para transitar desde el estado poético hacia el estado heroico (objetivo de ese peregrinaje)[
6] Primero, "vaciar la realidad (...) y luego, mediante la progresiva proyección voluntariosa de la visión sobre el vacío, crear el estilo de objetos y de actos que funcionen orgánicamente, a semejanza del hombre (...)"[7] . En segunda instancia, propone "trabajo convulsivo. Todo poeta, todo artista, en el instante primero de la inspiración pasa por un 'estado en blanco', en el que las convenciones lógicas y de toda especie caen estrepitosamente derrumbadas (...) Sin esta destrucción previa, ¿cómo podríamos erigir el nuestro?(...) Vaciar categorías mentales. Por ejemplo: utensilios de uso diario: vasos, tazas, sillas, etc. (...) Trastornarlo todo. Usar las copas de champagne para lavarse los dientes, etc. Levantarse a las 2 de la mañana; acostarse a mediodía. El rojo como luto. Vestuarios, costumbres, cortesía. Después: proyección de nuestra vida en los objetos, hasta darle el uso que realmente creemos y queremos. La verdad poética como inspiradora"[8] . En una tercera etapa, que el poeta llama de "Realismo Cruel", "(...) romper la cáscara de convencionalismo que recubre toda soi-disant moralidad (...) Pero es no bastaba. Nosotros queríamos una moral. Queríamos mucho más que servirnos de la poesía actuante como instrumento catártico. Debía venir después la síntesis, la verdadera síntesis entre nuestras instancias vitales (...) una síntesis entre mi voluntad, arbitraria, y esa Necesariedad a que me somete el mundo de la lógica que tampoco puedo desconocer. Tengo derecho a pedir a la poesía ser un perfecto instrumento para conducir al hombre a la vida y la verdad, a la verdad y la vida (...)"[9] . Siguiendo esta dirección propuesta, se llega al cuarto punto que el poeta postula, la "Proyección voluntariosa" que es justamente la idea de entender a la poesía como transformadora y herramienta esencial para el cambio de la realidad "(...) ¡Mundo de
la Poesía y la Fe imperando en la vida humana! ¡Poesía, ciencia furente! (...) [10]. Por último, Anguita propone un quinto ámbito que llama "Un estilo de objetos y de actos" donde "(...) es preciso el mito nuevamente, pero el mito creado por nosotros. Los actos y los objetos, y las viviendas, y los espacios cerrados y abiertos, coincidiendo plenamente, como una proyección nuestra, con el destino. Entonces cuando le hayamos conferido ese sentido a todo lo que era exterior, nuevamente el hombre tendrá un gran poder. Creación en el estilo, en la búsqueda: descubrimiento en el impulso, en lo profundo. Nueva magia, nueva liturgia. Símbolos sexuales y de todo orden. La imagen poética sirviendo de nexo relacionador entre los fenómenos del mundo que hoy vemos desvinculados. Un intenso e infatigable trabajo por la Unidad de la creación (...)"[11].

Esta ruta que el poeta establece permitirá el ascenso del hombre "(...) de
la Poesía a la Poesía Práctica, de ésta a la Liturgia, y de la Liturgia a la Tragedia (...)[12 ], definiendo de la siguiente manera los términos que ha utilizado:


"Poesía es el ejercicio de una videncia interna a fin
de hacerla externa (mediante el lenguaje verbal,
plástico, musical, etc.)

Poesía Práctica es el ejercicio de la poesía (ver
definición anterior) para transformarla en viven-
cia.
Liturgia es el ejercicio de la Poesía Práctica para
transformarla en actos.
Tragedia es un estado resultante de la compenetra-
ción real del Yo y el No-Yo mediante esta progre-
siva proyección voluntariosa."[13]


Y proponiendo una escala donde "(…) el hombre será, sucesivamente, Poeta, Hechicero, Sacerdote y Héroe (…)"[14 ].

Estas categorías y estadios en el peregrinaje del poeta intentan proponer un cambio donde la poesía pueda salir del universo libresco hacia el universo de la realidad. Una práctica cercana, como el propio autor afirma en este mismo artículo, al surrealismo, pero que, a diferencia de éste no busca un objetivo político, sino que religioso. Inevitablemente, agrega Anguita en uno de los ensayos publicados en el diario "El Mercurio" y luego recopilado en su libro La belleza de pensar [
15] "el poeta habría pasado de poeta a sacerdote", una práctica escritural que apela a la fe y que se vinculará al catolicismo que profesaba Anguita. Un catolicismo de auténtico compromiso que se encuentra lejos de lo beato, aunque muy cercano a un vínculo sincerísimo con los valores cristianos.

No debe considerarse como un fracaso el hecho que Anguita no lograse ampliar su proyecto del movimiento David hacia otros artistas chilenos. Si la idea no fructificó o no pudo comprometer a terceros, fue éste el camino que el propio poeta se trazó a si mismo: una línea de estética que se sitúa hacia la ética, hacia una moral donde el escritor desea fervorosamente cambiar al mundo, perfeccionarlo, dotarlo de la humanidad que ha olvidado o perdido. Un trabajo idealista y casi imposible, pero que en los textos de Anguita puede verficarse como satisfecho.



Sus grandes poemas


Como una verdadera excepción entre los grandes poetas chilenos de este siglo, Eduardo Anguita es un autor que consigue con éxito enfrentar el poema de largo aliento. Si bien Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Vicente Huidobro, Humberto Díaz Casanueva y unos pocos más entregan verdaderas cimas a la poesía chilena[16 ], es poco frecuente (sobre todo en estos días) la práctica del poema largo. Eduardo Anguita es un verdadero maestro en esta difícil labor. Al menos tres de sus grandes poemas (Definición y pérdida de la persona, El poliedro y el mar y Venus en el pudridero) lo grafican con rotunda y extraordinaria vehemencia. El análisis detallado de cada uno de ellos harían de este prólogo un extenso estudio que rebasa los límites previstos, aún así -y debido a que este autor debe ser motivo de un estudio cuidadoso de toda su obra, asunto que la academia y la crítica especializada aún le adeudan- es menester revisar algunos tópicos que atraviesan su lírica.

Varias son las constantes recurrentes en los tres poemas citados (y en casi toda su obra). Los grandes temas de la poesía (el eros y el thanatos, el amor y la muerte) más una singular concepción del tiempo y el lenguaje recorren su escritura interrogando, reflexionando y apelando al lector continuamente. En la mayor tradición del texto eliotiano, Anguita fragmenta el espacio del poema, de la estrofa, del verso, para entregar la inmensa vastedad del mundo desde esa visión caleidoscópica y en clara consonancia con el espíritu de la vanguardia. Temas y procedimientos construyen un universo en conjunto y no por separado (y he aquí otro de los hallazgos de este poeta): el lenguaje y el asunto se desplazan, sugieren y operan, desde sus distintos planos, en una misma dirección. Cuando el poeta canta a la belleza del amor lo hace desde la ejecución perfecta de la lengua, alterándola si es necesario, pero desde la belleza del lenguaje, asentando su propuesta de himno no en la sola formalidad del género, sino en la búsqueda de unión entre significante y significado, entre el cómo se dice y qué se dice. La preocupación formal constituye un eje central de la estética anguiteana, su verso nunca es desmedido, nunca desprolijo, al contrario, se puede hablar incluso de una verdadera obsesión porque la palabra fluya en la precisión exacta, para que la idea cabalgue en la metáfora sin perder la espontánea fragilidad de su hermosura. Una vez más la unión del conocimiento de la literatura clásica y la fresca y oxigenante fuerza de la vanguardia.

Pero clasificar a este autor es inútil y ocioso. Sus grandes poemas no pueden sólo delimitarse a la evocación del amor, de la muerte o de la belleza. Su visión de mundo es tan completa que la pluralidad de enfoques y de temas convierten a estos textos en piezas únicas, en un crisol donde distintos rayos lumínicos atraviesan su arquitectura. Si Venus en el pudridero apunta a ser un canto amoroso, también es una lectura de la sociedad contemporánea y de la caducidad de lo perfecto. El tiempo, el poder, la juventud y la propia poesía son examinados desde su valor intrínseco hasta su alucinante vacío. Los sentidos, el cuerpo y el deseo que aparecen en Definición y pérdida de la persona como formas de conocimiento del tiempo y la eternidad (temas paradigmáticos de Anguita) son escindidos y desaparecidos para rehacerse en la oración del poeta que reza para cuestionarse por su propio origen y destino. La fragilidad de la existencia y el poder de la naturaleza aparecen en El poliedro y el mar como una de las múltiples preguntas que el autor realiza en la reflexión permanente que plasma en su poesía. El tiempo cíclico y el tiempo mítico, el que transcurre y el que se detiene, el real y el poético será otro de los grandes tópicos que abordarán estos poemas.

Recorrer la geografía abstracta de las ideas, de las emociones, de las grandes preguntas -conjuntamente con la geografía auténtica del cuerpo, las distancias, la belleza- es una de las propuestas finales de estos poemas y de buena parte de la obra del poeta: acariciar la inquietud, el deseo, la fe, la conciencia del ser y la terrible y mágica realidad de la existencia.

La lectura de sus poemas y de su prosa -siempre penetrante, siempre lúcida, siempre en el límite del asombro y el deslumbramiento- es la inacabable experiencia de lo que permanece en una suerte de eterno retorno, de necesidad y obsesión, de perfección que anuncia el estremecimiento, la devoción y la grandeza.



Sobre esta Anguitología


La presente selección de textos de Eduardo Anguita busca integrar dos de las vetas esenciales del autor: su escritura poética y su pensamiento estético.

En lo que atañe a la obra en verso, se han respetado los textos en su totalidad sin fragmentarlos. Se ha intentado entregar una visión objetiva de sus poemas más interesantes y representativos de las distintas etapas de su producción. El antologador no duda que muchas otras opiniones muy criteriosas y de distinto sesgo podrían proponer una selección distinta a la muestra presentada.

Con respecto a su obra en prosa, se han reunido algunos textos que han permanecido misteriosamente sin reeditar desde su primera publicación, es el caso de "Palabras al oído de México" y "Rimbaud pecador", esenciales para entender y valorar su pensamiento estético y poético. Igualmente se reproducen algunos artículos publicados en la prensa de muy antigua data y una selección de las crónicas más relacionadas con la escritura literaria que fueran recogidas en su libro La belleza de pensar.

Sobre el título escogido para esta selección, Anguitología, es importante señalar que el propio autor se refería a su obra Poesía entera con ese nombre. La contraportada de la Primera edición y la cita exacta de Pedro Lastra en la Segunda edición dan testimonio de este hecho[17]. Intentando rendir un homenaje al poeta, se ha pensado como un gesto de justicia, titular de esta manera la presente obra.






1 El autor hace constar su agradecimiento a Ximena Anguita, hija del poeta, quien generosamente facilitó buena parte de los textos en prosa y datos fundamentales que permiten la existencia de esta Anguitología, de igual forma a Mateo Goycolea, quien realizó una destacada labor en la recolección del material.

2 Salvo el caso de algunos autores como Cristián Warnken en su "Post Scriptum", Eduardo Anguita en la generación del 38, incluido en Poesía Entera de Eduardo Anguita (Editorial Universitaria. Santiago de Chile, 1994). Publicado originalmente en "Estudios Públicos" N. 52. Santiago de Chile, primavera de 1993.

3 Lo que queda en evidencia al revisar su Nueva Antología de la poesía castellana. Op. Cit.

4 Anguita, Eduardo. Poesía entera. Op. Cit., pp. 36-38

5 Esto lo señalo desde la consideración de David como un trabajo personal de Anguita más que como un auténtico movimiento que agrupa a otros escritores y artistas. Aunque el poeta llamó a algunos de sus amigos (al arquitecto José Edwards , entre otros) a integrar su propuesta, salvo un escaso número de manifiestos y artículos, poco es lo que se puede hablar o encontrar más allá de esas publicaciones. Tampoco la proyectada exposición sobre "Arquitectura trágica" como el propio Anguita la nominó, jamás llegó a realizarse.

6 Anguita, Eduardo. David o una moral poética, incluido en la presente antología y publicado originalmente en la Revista "Pomaire", N. 6, Santiago de Chile, junio-julio de 1957.

7 Op Cit., p. 70.

8 Op. Cit., p. 70.

9 Op. Cit., p. 70.

10 Op. Cit., p. 71.

11 Op. Cit., p. 71.

12 Op. Cit., p. 71.

13 Op. Cit., p. 71.

14 Op. Cit., p. 71.

15 Anguita, Eduardo. El movimiento David, en La belleza de pensar, Op. Cit. pp. 130-131.

16 Pienso en Poema de Chile de la Mistral, Alturas de MachuPichu de Neruda, Altazor de Huidobro y Requiem de Díaz Casanueva.

17 En ese texto se lee: "La presente Anguitología (como la llama su autor) comprende obras en su mayoría inéditas y solo algunas publicadas, aunque en escaso tiraje y ya agotadas.(…)" Vid. Lastra, Pedro. Prólogo. Eduardo Anguita en la Poesía Chilena, en Poesía Entera, Op. Cit., p. 15.



viernes, 2 de noviembre de 2007

Esperando a Godot

por Samuel Beckett











OBRA EN DOS ACTOS
 

Traducción del francés por
PEDRO BARCELÓ
 
 
 
En el original francés, piéce en deux acfes; en las ediciones en lengua inglesa, a Tragicomedy in two acts. Como se sabe, Samuel Beckett publicó primeramente la obra en francés; este texto, así como la versión al inglés realizada por el propio autor, ha sufrido a lo largo del tiempo numerosas y sucesivas alteraciones. (N. del E.)
 

La primera versión francesa de En attendant Godot fue publicada por Les Éditions de Minuit, París, en septiembre de 1952 (2.a ed., 1956; 3.aed., 1970). La versión americana de Waiting for Godot fue publicada por Grove Press, New York, en 1954. La primera versión inglesa de Waiting for Godot fue publicada por Faber and Faber, London, en 1956 (2.a ed., 1965).
 

En attendant Godot se estrenó el 5 de enero de 1953 en el Théatre Babylone, de Paris, bajo la dirección de Roger Blm y decorados de Sergio Gerstein, con el siguiente reparto:
 

ESTRAGON Pierre LATOUR
VLADIMIR Lucien RAIMBOURG
LUCKY Jean MARTIN
POZZO Roger BLIN
UN JEUNE GARÇON ... Serge LECOINTH
 

La primera representación en Gran Bretaña de Waiting for Godot tuvo lugar en el Arts Théatre, de Londres, el 3 de agosto de 1955. La dirección estuvo a cargo de Peter Raíl y los decorados eran de Peter Snow. El reparto fue el siguiente:
 

ESTRAGON Peter WooDTHORPE
VLADIMIR. Paul DANEMAN
LUCKY... Timothy BATESON
POZZO Peter BULL
A BOY Michael WALKi~R
 
 

ACTO PRIMERO
 

Camino en un descampado, con árbol. Atardecer.
 
ESTRAGÓN, sentado en una piedra, trata de quitarse los zapatos. se afana obstinadamente en la tarea, con las dos manos. Se detiene agotado, descansa; jadeando, vuelve a empezar. La misma operación. Entra VLADIMIR.
ESTRAGÓN.- (Renunciando nuevamente.) No hay nada que hacer.
VLADIMIR.- (Acercándose a pasos cortos y rígidos, separadas las piernas.) Empiezo a creerlo. (Queda inmóvil.) Durante mucho tiempo me he resistido a esta idea, diciéndome: VLADIMIR, sé razonable; aún no lo has intentado todo.» Y reemprendia la lucha. (Se reconcentra, pensando en la lucha. A ESTRAGÓN.) ¿Así que otra vez ahí?
ESTRAGÓN.- ¿Te parece?
VLADIMIR.- Me alegra volver a verte. Creía que te habías ido para siempre.
ESTRAGÓN.- Y yo.
VLADIMIR.- ¿Cómo celebrar este encuentro? (Reflexiona.) Levántate para que te abrace. (Tiende la mano a ESTRAGÓN.)
ESTRAGÓN.- (Irritado.) Luego, luego. (Silencio.)
VLADIMIR.- (Molesto, fríamente.) ¿Puede saberse dónde ha pasado la noche el señor?
ESTRAGÓN.- En una zanja.
VLADIMIR.- (Sorprendido.) ¡Una zanja! ¿Dónde?
ESTRAGÓN.-(Inmutable.) Por ahí.
VLADIMIR.- ¿Y no te han sacudido?
ESTRAGÓN.- Sí..., no mucho.
VLADIMIR.- ¿Los de siempre?
ESTRAGÓN.- ¿Los de siempre? No lo sé. (Silencio.)
VLADIMIR.- Cuando pienso..., todo este tiempo..., me pregunto... qué habría sido de ti... sin mí... (Con decisión.) Sin duda, no serías ahora más que un montón de huesos.
ESTRAGÓN.- (Herido en lo vivo.) ¿Y qué más?
VLADIMIR.- (Anonadado.) Es demasiado para un hombre solo. (Pausa. Con viveza.) Por otra parte, ¿por qué desanimarse en este momento? Es lo que yo me digo. Habría que haberlo pensado hace una eternidad, hacia mil novecientos.
ESTRAGÓN.- Basta. Ayúdame a quitarme esta porquería.
VLADIMIR.- Cogidos de la mano nos habríamos tirado de la torre Eiffel, de los primeros. Estábamos bien entonces. Ahora es demasiado tarde. Ni siquiera nos dejarían subir. (ESTRAGÓN se enfrasca en sus zapatos.) ¿Qué haces?
ESTRAGÓN.- Me estoy descalzando. ¿No lo has hecho tú nunca?
VLADIMIR.- Hace tiempo que te digo que es necesario descalzarse todos los días. Más te valdría escucharme.
ESTRAGÓN.- (Débilmente.) ¡Ayúdame!
VLADIMIR.- ¿Te encuentras mal?
ESTRAGÓN.- ¡Mal! ¡Me pregunta si me encuentro mal!
VLADIMIR.- (Acalorado.) ¡Tú eres el único que sufre! Yo no importo. Sin embargo, me gustaría verte en mí lugar. Ya me lo dirías.
ESTRAGÓN.- ¿Has estado malo?
VLADIMIR.- ¡Malo! ¡Me pregunta si he estado malo!
ESTRAGÓN.- (Señalando con el índice.) Eso no es una razón para que no te abroches.
VLADIMIR.- (Inclinándose.) Es verdad. (Se abrocha.) No hay que descuidarse en los pequeños detalles.
ESTRAGÓN.- ¿Qué quieres que te diga? Siempre esperas a última hora.
VLADIMIR.- (Ensoñadoramente.) A última hora... (Medita.) Tardará; pero valdrá la pena. ¿Quién decía esto?
ESTRAGÓN.- ¿No quieres ayudarme?
VLADIMIR.- A veces me digo que, a pesar de todo, llegará. Entonces todo me parece extraño. (Se quita el sombrero, mira dentro, pasa la mano por el interior, lo agita y vuelve a ponérselo.) ¿Cómo lo diría? Aliviado y, al mismo tiempo... (Busca la palabra adecuada.) . . espantado. (Con énfasis.) ES-PAN-TA-DO. (Se quita otra vez el sombrero y vuelve a mirar en el interior.) ¡Lo que faltaba! (Golpea encima como para que caiga algo, mira nuevamente al interior y vuelve a ponérselo.) En lin... (ESTRAGÓN, a costa de un esfuerzo supremo, consigue sacarse el zapato. Mira dentro, mete la mano, da la vuelta al zapato, lo sacude, busca por el suelo por si ha caído algo, no encuentra nada, vuelve a pasar la mano por el zapato, mirando vagamente.) ¡Bueno!, ¿qué?
ESTRAGÓN.- Nada.
VLADIMIR.- Déjame ver.
ESTRAGÓN.- No hay nada que ver.
VLADIMIR.- Trata de ponértelo.
ESTRAGÓN.- (Tras examinar su pie.) Voy a dejarlo que se oree un poco.
VLADIMIR.- He ahí un hombre de una pieza que la toma con su calzado cuando la culpa la tiene el pie. (Se quita el sombrero una vez más, mira el interior, pasa la mano, lo sacude, golpea encima, sopla dentro, vuelve a ponérselo.) Esto empieza a ser inquietante. (Silencio. ESTRAGÓN mueve el pie, separando los dedos para que circule mejor el aire.) Uno de los ladrones se salvó. (Pausa.) Es una proporción aceptable. (Pausa.) Gogo...
ESTRAGÓN.- ¿Qué?
VLADIMIR.- ¿Y si nos arrepintiéramos?
ESTRAGÓN.- ¿De qué?
VLADIMIR.- Pues... (Titubeando.) No hace falta entrar en detalles.
ESTRAGÓN.- ¿De haber nacido? (VLADIMIR suelta una carcajada, pero inmediatamente se contiene, llevándose la mano al pubis con el rostro crispado.)
VLADIMIR.- Ni siquiera nos atrevemos ya a reír.
ESTRAGÓN.- ¡Vaya privación!
VLADIMIR.- Sonreír solamente. (Su cara se distiende en una amplia sonrisa que al punto se hiela, dura unos momentos y después, súbitamente, se extingue.) No es lo mismo. (Pausa.) Gogo...
ESTRAGÓN.- (Molesto.) ¿Qué pasa?
VLADIMIR.- ¿Has leído la Biblia?
ESTRAGÓN.- La Biblia... (Reflexiona.) La he echado un vistazo, seguramente.
VLADIMIR.- (Sorprendido.) ¿En la escuela laica?
ESTRAGÓN.- Cualquiera sabe si lo era o no.
VLADIMIR.- Debes confundirla con la cárcel.
ESTRAGÓN.- Quizá. Recuerdo los mapas de Tierra Santa. En colores. Muy bonitos. El Mar Muerto era azul pálido. Nada más mirarlo, me entraba sed. Pensaba: «Ahí iremos a pasar nuestra luna de miel. Nos bañaremos. Seremos felices.»
VLADIMIR.- Tenías que haber sido poeta.
ESTRAGÓN.- Lo he sido. (Señalando sus harapos.) ¿Es que no se nota? (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Qué estaba diciendo?... ¿Cómo sigue tu pie?
ESTRAGÓN.- Se está hinchando.
VLADIMIR.- ¡Ah, sí, ya caigo!: la historia de los ladrones. ¿La recuerdas?
ESTRAGÓN.- No.
VLADIMIR.- ¿Quieres que te la cuente?
ESTRAGÓN.- No.
VLADIMIR.- Así matamos el tiempo. (Pausa.) Eranse dos ladrones crucificados al mismo tiempo que el Salvador. Se...
ESTRAGÓN.- ¿El qué?
VLADIMIR.- El Salvador. Dos ladrones. Se dice que uno de ellos fue salvado, y el otro... (Busca la expresión contraria.) .. condenado.
ESTRAGÓN.- Salvado, ¿de qué?
VLADIMIR.- Del infierno.
ESTRAGÓN.- Me voy. (Queda quieto.)
VLADIMIR.-Y, sin embargo... (Pausa.) ¿Cómo es posible que...? Supongo que no te aburro.
ESTRAGÓN.- No escucho.
VLADIMIR.- ¿Cómo es posible que, de los cuatro evangelistas, solo uno cuente los hechos de esta forma? No obstante, los cuatro estaban alli; vamos..., no muy lejos. Y solo uno habla de un ladrón salvado. (Pausa.) Bueno, Gogo: de vez en cuando podías meter baza.
ESTRAGÓN.- Escucho.
VLADIMIR.- De los cuatro, solo uno. De los otros tres, dos ni siquiera lo mencionan, y el tercero dice que ambos lo insultaron.
ESTRAGÓN.- ¿A quién?
VLADIMIR.- ¿Cómo?
ESTRAGÓN.- No entiendo nada... (Pausa.) Insultar, ¿a quién?
VLADIMIR.- Al Salvador.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Porque no quiso salvarlos.
ESTRAGÓN.- -¿Del infierno?
VLADIMIR.- ¡No, hombre, no! De la muerte.
ESTRAGÓN.- ¡Bueno!, ~ qué?
VLADIMIR.- Que los dos debieron ser condenados.
ESTRAGÓN.- ¡Ah!, ¿sí?
VLADIMIR.- Pero el otro dice que uno se salvó.
ESTRAGÓN.- Vaya, no están de acuerdo; nada más.
VLADIMIR.- Allí estaban los cuatro. Y solo uno habla de un ladrón salvado. ¿Por qué creer a uno más que a los otros?
ESTRAGÓN.- ¿Quién lo cree?
VLADIMIR.- Pues todos. Solo se conoce esa versión.
ESTRAGÓN.- La gente es tonta. (Se levanta dificultosamente. Cojeando, se dirige hacia el lateral izquierdo, se detiene, mira a lo lejos, protegiendo con la mano los ojos; se vuelve, va hacia el lateral derecho, mira a lo lejos. VLADIMIR lo sigue con la vista; después coge el zapato, mira dentro, lo tira precipitadamente.)
VLADIMIR.- ¡Puf! (Escupe en el suelo. ESTRAGÓN se dirige al centro del escenario y mira hacia el foro.)
ESTRAGÓN.- Hermoso lugar (Se vuelve, avanza hasta la batería y mira hacia el público.) Delicioso panorama. (Se vuelve hacia VLADIMIR.) Vámonos.
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- -¿Por qué?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Pausa.) ¿Estás seguro de que es aquí?
VLADIMIR.- ¿El qué?
ESTRAGÓN.- Donde hay que esperar.
VLADIMIR.- Dijo delante del árbol. ¿Ves algún otro? (Miran el árbol.)
ESTRAGÓN.- ¿Qué es?
VLADIMIR.- Parece un sauce.
ESTRAGÓN.- ¿Dónde están las hojas?
VLADIMIR.- Debe de estar muerto.
ESTRAGÓN.- Se acabaron sus lloros.
VLADIMIR.- A menos que no sea la estación.
ESTRAGÓN.- ¿Y no sería más bien un arbolillo?
VLADIMIR.- Un arbusto.
ESTRAGÓN.- Un arbolillo.
VLADIMIR.- Un... (Se contiene.) ¿Qué quieres insinuar? ¿Que nos hemos equivocado de sitio?
ESTRAGÓN.- Ya tendría que estar aquí.
VLADIMIR.- No aseguró que viniera.
ESTRAGÓN.- ¿Y si no viene?
VLADIMIR.- Volveremos mañana.
ESTRAGÓN.- Y, después, pasado mañana.
VLADIMIR.- Quizá.
ESTRAGÓN.-Y así sucesivamente.
VLADIMIR.- Es decir...
ESTRAGÓN.- Hasta que venga.
VLADIMIR.- Eres implacable.
ESTRAGÓN.- Ya vinimos ayer.
VLADIMIR.- ¡Ah, no! En eso te equivocas.
ESTRAGÓN.- ¿Qué hicimos ayer?
VLADIMIR.- ¿Que qué hicimos ayer?
ESTRAGÓN.- Sí.
VLADIMIR.- Pues, pues... (Enojándose.) Nadie como tú para sembrar la duda.
ESTRAGÓN.- Yo creo que estuvimos aquí.
VLADIMIR.- (Mirando alrededor.) ¿Te resulta familiar el lugar?
ESTRAGÓN.- Yo no he dicho eso.
VLADIMIR.- ¿Entonces?
ESTRAGÓN.- Eso no tiene nada que ver.
VLADIMIR.- No obstante..., este árbol... (Volviéndose al público.) . . esa turba...
ESTRAGÓN.- ¿Estás seguro de que era esta noche?
VLADIMIR.- ¿El qué?
ESTRAGÓN.- Cuando había que esperarlo.
VLADIMIR.- Dijo el sábado. (Pausa.) Eso creo.
ESTRAGÓN.- Después del trabajo.
VLADIMIR.- Debí apuntarlo. (Revuelve en sus bolsillos, repletos de toda clase de porquerías.)
ESTRAGÓN.- Pero ¿qué sábado? ¿Y es hoy sábado? ¿No será más bien domingo? ¿O lunes? ¿O viernes?
VLADIMIR.- (Mirando enloquecido alrededor suyo, como si la fecha estuviese inscrita en el paisaje.) No es posible.
ESTRAGÓN.- O jueves.
VLADIMIR.- ¿Qué hacemos?
ESTRAGÓN.- Si anoche se molestó en balde, ya puedes estar seguro de que hoy no vendrá.
VLADIMIR.- Pero dices tú que nosotros vinimos anoche.
ESTRAGÓN.- Puedo equivocarme. (Pausa.) ¿Quieres que nos callemos un momento?
VLADIMIR.- (Débilmente.) Bueno. (ESTRAGÓN se sienta de nuevo. VLADIMIR recorre con pasos largos la escena agitadamente. De vez en cuando se detiene para otear el horizonte. ESTRAGÓN se duerme. VLADIMIR se para ante ESTRAGÓN.) Gogo... (Silencio.) Gogo... (Silencio.) ¡Gogo! (ESTRAGÓN se despierta sobresaltado.)
ESTRAGÓN.- (Volviendo a todo el horror de su situación.) Dormía. (Con reproche.) ¿Por qué no me dejas dormir nunca?
VLADIMIR.- Me sentía solo.
ESTRAGÓN.- He tenido un sueño.
VLADIMIR.- ¡No me lo cuentes!
ESTRAGÓN.- Soñaba que...
VLADIMIR.- ¡No me lo cuentes!
ESTRAGÓN.- (Con un gesto hacia el universo.) ¿Te basta esto? (Silencio.) Didi, no eres bueno ¿A quién sino a ti quieres que cuente mis pesares íntimos?
VLADIMIR.- Que sigan siendo íntimos. Ya sabes que no puedo soportarlo.
ESTRAGÓN.- (Fríamente.) A veces me pregunto si no seria mejor que nos separáramos.
VLADIMIR.- No irías muy lejos.
ESTRAGÓN.- Eso sería, en efecto, un grave inconveniente. (Pausa.) ¿No es verdad, Didí, que eso sería un grave inconveniente? (Pausa.) Dada la hermosura del camino. (Pausa.) Y la bondad de los viajeros. (Pausa. Zalamero.) ¿No es verdad, Didí?
VLADIMIR.- Calma.
ESTRAGÓN.- (Con voluptuosidad.) Calma... Calma... (Ensoñador.) Los ingleses dicen «caaalm». Son gentes «caaalms». (Pausa.) ¿Sabes la historia del inglés en el prostíbulo?
VLADIMIR.- Sí.
ESTRAGÓN.- Cuéntamela.
VLADIMIR.- Déjame.
ESTRAGÓN.- Un inglés borracho va a un prostíbulo. La encargada le pregunta si quiere una rubia, una morena o una pelirroja. Continúa.
VLADIMIR.- ¡Déjame! (Sale VLADIMIR. ESTRAGÓN se levanta y lo sigue hasta el límite de la escena. Mímica de ESTRAGÓN, semejante a la que un boxeador provoca entre los espectadores. VLADIMIR vuelve, pasa ante ESTRAGÓN, cruza la escena con la vista baja. ESTRAGÓN da unos pasos hacia él, pero se detiene.)
ESTRAGÓN.- (Dulcemente.) ¿Querías hablarme? (VLADIMIR no contesta. ESTRAGÓN avanza un paso.) ¿Tenias algo que decirme? (Silencio. Avanza otro paso.) Habla, Didí...
VLADIMIR.- (Sin volverse.) No tengo nada que decirte.
ESTRAGÓN.- (Avanza otro paso.) ¿Estás enfadado? (Silencio. Otro paso.) Perdona. (Silencio. Otro paso. Le toca el hombro.) Vamos, Didí. (Silencio.) ¡Dame la mano! (VLADIMIR se vuelve.) ¡Dame un abrazo! (VLADIMIR se resiste.) ¡Venga, hombre! (VLADIMIR cede. Se abrazan. ESTRAGÓN se echa atrás.) ¡Apestas a ajo!
VLADIMIR.- Es para los riñones. (Silencio. ESTRAGÓN mira el árbol atentamente.) ¿Qué hacemos ahora?
ESTRAGÓN.- Esperamos.
VLADIMIR.- Sí; pero mientras esperamos...
ESTRAGÓN.-¿Y si nos ahorcáramos?
VLADIMIR.- Sería una manera de ponerse cachondo.
ESTRAGÓN.- (Excitado.) ¿Se pone uno cachondo?
VLADIMIR.- Con todas las consecuencias. Y donde cae eso, crecen mandrágoras. Por eso, cuando se las arranca, gritan. ¿No lo sabías?
ESTRAGÓN.- Ahorquémonos ahora mismo.
VLADIMIR.- ¿En una rama? (Se acercan al árbol y lo contemplan.) No me fio.
ESTRAGÓN.- Podemos probar.
VLADIMIR.- Prueba.
ESTRAGÓN.- Primero, tú.
VLADIMIR.- No, no; tú primero.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Porque pesas menos que yo.
ESTRAGÓN.- Justamente.
VLADIMIR.- No comprendo.
ESTRAGÓN.- Piensa un poco, ¡ea! (VLADIMIR reflexiona.)
VLADIMIR.- (Al cabo de un rato.) No comprendo.
ESTRAGÓN.- Te lo explicaré. (Medita.) La rama..., la rama... (Airado.) Pero ¡intenta comprenderlo!
VLADIMIR.- Solo te tengo a ti.
ESTRAGÓN.- (Esforzándose.) Gogo ligero, rama no romper: Gogo muerto, Dídí pesado, rama romper: Dídi solo. (Pausa.) Mientras que... (Busca la expresión precisa.)
VLADIMIR.- No había pensado en eso.
ESTRAGÓN.- (Que ha encontrado la frase que buscaba.) Quien puede lo más, puede lo menos.
VLADIMIR.- ¿Pero es que peso yo más que tú?
ESTRAGÓN.- Eres tú quien lo dice. Yo no sé nada. Hay una probabilidad entre dos. O casi.
VLADIMIR.- Entonces, ¿qué hacemos?
ESTRAGÓN.- No hagamos nada. Es más prudente.
VLADIMIR.- Esperemos a ver qué nos dice.
ESTRAGÓN.- ¿Quién?
VLADIMIR.- Godot.
ESTRAGÓN.- Vaya!
VLADIMIR.- Esperemos, ante todo, para estar seguros.
ESTRAGÓN.- Por otra parte, más vale hacer 'las cosas en caliente.
VLADIMIR.- Tengo curiosidad por saber lo que nos va a decir. Eso no nos compromete a nada.
ESTRAGÓN.- Pero, exactamente, ¿qué es lo que se le ha pedido?
VLADIMIR.- ¿No estabas allí?
ESTRAGÓN.- No presté atención.
VLADIMIR.- Pues... Nada en concreto.
ESTRAGÓN.- Una especie de ruego.
VLADIMIR.- Eso es.
ESTRAGÓN.- Una vaga súplica.
VLADIMIR.- Sí, sí quieres.
ESTRAGÓN.- ¿Y qué contestó?
VLADIMIR.- Que ya vería.
ESTRAGÓN.- Que no podía prometer nada.
VLADIMIR.- Que necesitaba reflexionar.
ESTRAGÓN.- Serenamente.
VLADIMIR.- Consultar con su familia.
ESTRAGÓN.- Sus amigos.
VLADIMIR.- Sus agentes.
ESTRAGÓN.- Sus corresponsales.
VLADIMIR.- Sus archivos.
ESTRAGÓN.- Su cuenta corriente.
VLADIMIR.- Antes de decidirse.
ESTRAGÓN.- Es natural.
VLADIMIR.- ¿No es verdad?
ESTRAGÓN.- Eso me parece.
VLADIMIR.- A mí también. (Pausa.)
ESTRAGÓN.-(Inquieto.) ¿Y nosotros?
VLADIMIR.- ¿Cómo?
ESTRAGÓN.- Decía: ¿y nosotros?
VLADIMIR.- No entiendo.
ESTRAGÓN.- ¿Cuál es nuestro papel en todo esto?
VLADIMIR.- ¿Nuestro papel?
ESTRAGÓN.- Tómalo con tiempo.
VLADIMIR.- ¿Nuestro papel? El de suplicantes.
ESTRAGÓN.- ¿Hasta ese extremo?
VLADIMIR.- ¿El señor tiene exigencias que imponer?
ESTRAGÓN.- ¿Ya no tenemos derechos? (VLADIMIR ríe y cesa bruscamente, como
antes. La misma operación, menos la sonrisa.)
VLADIMIR.- Me harías reír, sí eso me estuviera permitido.
ESTRAGÓN.- ¿Los hemos perdido?
VLADIMIR.- (Abiertamente) Los hemos vencido. (Silencio. Permanecen inmóviles, con los brazos colgando, la cabeza sobre el pecho)' las rodillas dobladas.)
ESTRAGÓN.- (Débilmente) ¿No estamos atados? (Pausa.) ¿Eh?
VLADIMIR.- (Levantando la mano.) ¡Escucha! (Escuchan, grotescamente paralizados.)
ESTRAGÓN.- No oigo nada.
VLADIMIR.- ¡Chis! (Escuchan. ESTRAGÓN pierde el equilibrio y está a punto de caer. Se agarra al brazo de VLADIMIR, que se tambalea. Escuchan, apretándose el uno contra el otro y mirándose a los ojos.) Yo tampoco. (Suspiro de alivio. Pausa. Se separan.)
ESTRAGÓN.- Me has asustado.
VLADIMIR.- Creí que era él.
ESTRAGÓN.- ¿Quién?
VLADIMIR.- Godot.
ESTRAGÓN.- ¡Bah! El viento entre los cañaverales.
VLADIMIR.- Hubiera jurado que eran gritos.
ESTRAGÓN.- ¿Y por qué había de gritar?
VLADIMIR.- A su caballo. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Vámonos.
VLADIMIR.- ¿Adónde? (Pausa.) Quizá esta noche durmamos en su casa, al calor, bajo techado, con la tripa llena, sobre paja. Vale la pena que esperemos, ¿no?
ESTRAGÓN.- Pero no toda la noche.
VLADIMIR.- Aún es de día. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Tengo hambre.
VLADIMIR.- ¿Quieres una zanahoria?
ESTRAGÓN.- ¿No hay otra cosa?
VLADIMIR.- Debo tener algunos nabos.
ESTRAGÓN.- Dame una zanahoria. (VLADIMIR hurga en sus bolsillos, saca un nabo y se lo da a ESTRAGÓN.) Gracias. (Lo muerde. Lamentándose.) ¡Es un nabo!
VLADIMIR.- ¡Oh, perdona! Habría jurado que era una zanahoria. (Se registra de nuevo los bolsillos y solo encuentra nabos.) Solo hay nabos. (Sigue buscando.) Tú has debido comerte la última. (Busca.) Espera, aquí hay una. (Saca, al fin, una zanahoria y se la da a ESTRAGÓN.) Toma, amigo mío. (ESTRAGÓN la limpia con la manga y comienza a comérsela.) Devuélveme el nabo. (ESTRAGÓN se lo devuelve. ) Aprovéchala bien, que no hay más.
ESTRAGÓN.- (Sin dejar de mascar.) Te he hecho una pregunta.
VLADIMIR.- ¡Ah!
ESTRAGÓN.- ¿Me has contestado?
VLADIMIR.- ¿Está buena tu zanahoria?
ESTRAGÓN.- Está dulce.
VLADIMIR.- Mejor, mejor. (Pausa.) ¿Qué querías saber?
ESTRAGÓN.- Ya no me acuerdo. (Come.) Y eso es lo que me fastidia. (Mira la zanahoria con aprecio y la hace girar en el aire con la punta de los dedos.) Es deliciosa tu zanahoria. (Chupa meditativamente la punta.) ¡Escucha, ya me acuerdo! (Da un gran bocado.)
VLADIMIR.- ¿Qué era?
ESTRAGÓN.- (Con la boca llena, distraído.) ¿No estamos atados?
VLADIMIR.- No entiendo nada.
ESTRAGÓN.- (Mastica, traga.) Pregunto si estamos atados.
VLADIMIR.- ¿Atados?
ESTRAGÓN.- A-ta-dos.
VLADIMIR.- ¿Cómo atados?
ESTRAGÓN.- De pies y manos.
VLADIMIR.- Pero ¿a quién? ¿Por quién?
ESTRAGÓN.- A tu buen hombre.
VLADIMIRO.- ¿A Godot? ¿Atados a Godot? ¡Vaya idea! En absoluto. (Pausa.) Todavía no.
ESTRAGÓN.- ¿Se llama Godot?
VLADIMIR.- Eso creo.
ESTRAGÓN.- ¡Vaya! (Levanta los restos de la zanahoria por sus hojas secas y los hace girar ante sus ojos.) Es curioso; cuanto más se come, menos gusta.
VLADIMIR.- A mí me pasa lo contrarío.
ESTRAGÓN.- ¿O sea?
VLADIMIR.- Yo, cuanto más como, más me gusta.
ESTRAGÓN.- (Tras de una prolongada reflexión.) ¿Y eso es lo contrario?
VLADIMIR.- Cuestión de temperamento.
ESTRAGÓN.- De carácter.
VLADIMIR.- No se puede remediar.
ESTRAGÓN.- Por mucho que uno se empeñe.
VLADIMIR.- Cada uno es como es.
ESTRAGÓN.- Y no sirve darle vueltas.
VLADIMIR.- El fondo no cambia.
ESTRAGÓN.- No hay nada que hacer. (Ofrece a VLADIMIR lo que queda de zanahoria.) ¿Quieres acabarla? (Se oye muy cerca un grito terrible. ESTRAGÓN suelta la zanahoria. Quedan rígidos y después se precipitan hacia bastidores. ESTRAGÓN se detiene a medio camino, vuelve hacia atrás, coge la zanahoria, la guarda en el bolsillo, se abalanza hacia VLADIMIR, que lo espera, se para de nuevo, regresa, coge su zapato, luego corre a unirse a VLADIMIRO. Cogidos por la cintura, la cabeza sobre los hombros, de espaldas a la amenaza, esperan. Entran POZZO y LUCKY. Aquel dirige a este mediante una cuerda alrededor del cuello, de forma que al principio solo se ve a LUCKY, seguido de la cuerda, lo suficientemente larga como para que pueda llegar al centro de la escena antes que POZZO asome por el lateral. LUCKY lleva una pesada maleta, una silla de tijera, un cesto con comida y, en el brazo, un abrigo; POZZO, un látigo.)
POZZO.- (Desde fuera.) ¡Más rápido! (Chasquido de látigo. Entra POZZO. Cruzan la escena. LUCKY pasa ante VLADIMIR y ESTRAGÓN y sale. POZZO, al ver a VLADIMIR y ESTRAGÓN, se detiene. La cuerda se tensa. POZZO tira violentamente.) ¡Atrás! (Ruido de caída. LUCKY se ha desplomado con todo su cargamento. VLADIMIR y ESTRAGÓN lo miran, vacilando entre el deseo de ir a socorrerlo y el temor de meterse en lo que no les importa. VLADIMIR avanza un paso hacia LUCKY, ESTRAGÓN lo sujeta de la manga.)
VLADIMIR.- ¡Déjame!
ESTRAGÓN.- Estate quieto.
POZZO.- ¡Cuidado! Es malo. (ESTRAGÓN y VLADIMIR lo miran.) Con los extraños.
ESTRAGÓN.- (Bajo) ¿Es él?
VLADIMIR.- ¿Quién?
ESTRAGÓN.- ¡Quién va a ser!
VLADIMIR.- ¿Godot?
ESTRAGÓN.- Claro.
POZZO.- Me presento: Pozzo.
VLADIMIR.- ¡Qué va!
ESTRAGÓN.- Ha dicho Godot.
VLADIMIR.- ¡Qué va!
ESTRAGÓN.- (A POZZO.) ¿No es usted el señor Godot, señor?
POZZO.- (Con voz terrible.) ¡Soy POZZO! (Silencio.) ¿No les dice nada este nombre? (Silencio.) Les pregunto si no les dice nada este nombre. (VLADIMIR y ESTRAGÓN se consultan con la mirada.)
ESTRAGÓN.- (Como quien intenta recordar.) Bozzo..., Bozzo.
VLADIMIR.- (Igual.) POZZO...
POZZO.- ¡Pozzo!
ESTRAGÓN.- ¡Ah!, Pozzo..., ya, ya... Pozzo...
VLADIMIR.- ¿Es Pozzo o Bozzo?
ESTRAGÓN.- POZZO...; no, no me dice nada.
VLADIMIR.- (Conciliador.) Conocí una familia Gozzo. La madre bordaba en bastidor. (POZZO avanza, amenazador.)
ESTRAGÓN.- (Vivamente.) Nosotros no somos de aquí, señor.
POZZO.- (Deteniéndose.) Sin embargo, son seres humanos. (Se pone las gafas.) Al menos por lo que veo. (Se quita las gafas.) De la misma especie que yo. (Suelta una enorme carcajada.) ¡De la misma especie que POZZO! ¡De origen divino!
VLADIMIR.- O sea...
POZZO.- (Tajante.) ¿Quién es Godot?
ESTRAGÓN.- ¿Godot?
POZZO.- Ustedes me han tomado por Godot.
VLADIMIR.- ¡Oh, no, señor! Ni por un instante, señor.
POZZO.- ¿Quién es?
VLADIMIR.- Pues es un..., es un conocido.
ESTRAGÓN.- Pero, vamos, apenas lo conocemos.
VLADIMIR.- Evidentemente..., no lo conocemos muy bien...; no obstante...
ESTRAGÓN.- Yo, desde luego, ni siquiera lo reconocería.
POZZO.- Ustedes me han confundido con él.
ESTRAGÓN.- Bueno..., la oscuridad, el cansancio..., la debilidad..., la espera...; confieso... que por un momento... he creído...
VLADIMIR.- No le haga caso, señor, no le haga caso!
POZZO.- ¿La espera? Entonces ¿lo esperaban?
VLADIMIR.- Es decir...
POZZO.- ¿Aquí? ¿En mis tierras?
VLADIMIR.- No pensábamos hacer nada malo.
ESTRAGÓN.- Teníamos buenas intenciones.
POZZO.- El camino es de todos.
VLADIMIRO.- Es lo que nos decíamos.
POZZO.- Es una vergüenza, pero es así.
ESTRAGÓN.- No hay más remedio.
POZZO.- (Con gesto magnánimo.) No hablemos más de eso. (Tira de la cuerda.) ¡De pie! (Pausa.) Cada vez que se cae, se queda dormido. (Tira de la cuerda.) ¡De pie, carroña ! (Ruido de LUCKY, que se levanta y recoge sus bártulos. POZZO tira de la cuerda.) ¡Atrás! (LUCKY entra reculando.) ¡Quieto! (LUCKY se para.) ¡Vuélvete! (LUCKY se vuelve. A VLADIMIR y ESTRAGÓN, amablemente.) Amigos míos: me siento feliz por haberlos encontrado. (Ante su expresión de incredulidad.) ¡Pues claro, sinceramente feliz! (Tira de la cuerda.) ¡Más cerca! (LUCKY avanza.) ¡Quieto! (LUCKY se detiene. A VLADIMIR y ESTRAGÓN.) Ya se sabe, el camino es largo cuando se anda solo durante... (Consulta su reloj.) . ..durante... (Calcula.) ...seis horas, si, eso es, seis horas seguidas, sin encontrar un alma. (A LUCKY.) ¡Abrigo! (LUCKY pone la maleta en el suelo, avanza, entrega el abrigo, retrocede, vuelve a coger la maleta.) Toma. (POZZO le tiende el látigo. LUCKY avanza y, al no tener más manos, se inclina y coge el látigo entre los dientes y después retrocede. POZZO comienza a ponerse el abrigo, pero se detiene.) ¡Abrigo! (LUCKY lo deja todo en el suelo, avanza, ayuda a POZZO a ponerse el abrigo, retrocede y vuelve a cogerlo todo.) El aire es fresco. (Acaba de abotonarse el abrigo, se inclina, se mira, se yergue.) ¡Látigo! (LUCKY avanza, se inclino, POZZO le arranca el látigo de la boca, LUCKY retrocede.) Ya ven, amigos, no puedo permanecer mucho tiempo sin la compañía de mis semejantes (Mira a sus dos semejantes.), aunque solo muy imperfectamente se me asemejen. (A LUCKY.) ¡Silla! (LUCKY deja la maleta y la cesta, avanza, abre la silla de tijera, la coloca en el suelo, retrocede y vuelve a coger maleta y cesto. POZZO mira la silla.) ¡Más cerca! (LUCKY deposita maleta y cesto. Avanza, mueve la silla, retrocede, vuelve a coger la maleta y el cesto. POZZO se sienta, apoya el extremo de su látigo en el pecho de LUCKY y empuja.) ¡Atrás! (LUCKY retrocede.) ¡Más atrás! (LUCKY vuelve a retroceder.) ¡Quieto! (LUCKY se detiene. A VLADIMIR y ESTRAGÓN.) Por eso, con su permiso, me quedaré un rato junto a ustedes, antes de aventurarme más adelante. (A LUCKY.) ¡Cesto! (LUCKY avanza, entrega el cesto, retrocede.) El aire libre abre el apetito. (Abre el cesto, saca un trozo de pollo, un trozo de pan y una botella de vino. A LUCKY.) ¡Cesto! (LUCKY avanza, coge el cesto, retrocede y queda inmóvil.) ¡Más lejos! (LUCKY retrocede.) ¡Ahí! (LUCKY se detiene.) ¡Apesta! (Bebe un trago en la misma botella.) ¡A nuestra salud! (Deja la botella y se pone a comer. Silencio. ESTRAGÓN y VLADIMIR, envalentonándose poco apoco, giran alrededor de LUCKY y lo inspeccionan por todas partes. POZZO muerde con voracidad el trozo de pollo y arroja los huesos después de chuparlos. LUCKY se doblega lentamente, hasta que la maleta toca el suelo, se incorpora bruscamente y comienza otra vez a encorvarse, siguiendo el ritmo de quien duerme de pie.)
ESTRAGÓN.- ¿Qué tiene?
VLADIMIR.- Tiene aspecto cansado.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué no deja el equipaje?
VLADIMIR.-¿Y yo qué sé? (Se arriman a él.) ¡Cuidado!
ESTRAGÓN.-¿Y si le habláramos?
VLADIMIR.- ¡Mira eso!
ESTRAGÓN.- ¿El qué?
VLADIMIR.- (Señalando.) El cuello.
ESTRAGÓN.- (Mirando el cuello.) No veo nada.
VLADIMIR.- Ponte aquí. (ESTRAGÓN se pone en el lugar de VLADIMIR.)
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- En carne viva.
ESTRAGÓN.- Es la cuerda.
VLADIMIR.- De tanto rozarle.
ESTRAGÓN.- Ya ves.
VLADIMIR.- Es el nudo.
ESTRAGÓN.- Es fatal. (Reanudan su inspección; se detienen en el rostro.)
VLADIMIR.- No está mal.
ESTRAGÓN.- (Encogiéndose de hombros, poniéndose de morros.) ¿Te parece?
VLADIMIR.- Un poco afeminado.
ESTRAGÓN.- Babea.
VLADIMIR.- Es natural.
ESTRAGÓN.- Echa espuma.
VLADIMIR.- Quizá sea un idiota.
ESTRAGÓN.- Un cretino.
VLADIMIR.- (Adelantando la cabeza.) Parece que tiene bocio.
ESTRAGÓN.- (Lo mismo.) No es seguro.
VLADIMIR.- Jadea.
ESTRAGÓN.- Es lo normal.
VLADIMIR.- ¡Y sus ojos!
ESTRAGÓN.- ¿Qué tienen?
VLADIMIR.- Se le salen.
ESTRAGÓN.- Para mí que está a punto de diñarla.
VLADIMIR.- No se sabe. (Pausa.) Pregúntale algo.
ESTRAGÓN.- ¿Tú crees?
VLADIMIR.- ¿Qué se pierde con ello?
ESTRAGÓN.- (Tímidamente.) Señor...
VLADIMIR.- Más alto.
ESTRAGÓN.- (Más alto.) Señor...
POZZO.- ¡Déjenlo en paz! (Se vuelven hacia POZZO, que ha terminado de comer y se limpia la boca con el dorso de la mano.) ¿No ven que quiere descansar? (Saca su pipa y empieza a llenarla. ESTRAGÓN ve los huesos de pollo por el suelo y los contempla ávidamente. POZZO enciende una cerilla y empieza a encender la pipa.) ¡Cesto! (LUCKY no se mueve, POZZO arroja la cerilla con rabia y tira de la cuerda.) ¡Cesto! (LUCKY, a punto de caer, se reincorpora, avanza, guarda la botella en el cesto, vuelve a su sitio y se pone como estaba. ESTRAGÓN mira los huesos, POZZO saca otra cerilla y enciende la pipa.) Qué quieren ustedes, no es su oficio. (Aspira una bocanada, estira las piernas.) ¡Ah!, ahora estoy mejor.
ESTRAGÓN.- (Tímidamente.) Señor...
POZZO.- ¿Qué hay, amigo?
ESTRAGÓN.- Esto..., ¿usted no come..., esto..., no necesita... los huesos..., señor?
VLADIMIR.- (Irritado.) ¿No podías esperarte?
POZZO.- Pues, no; claro que no, es natural. ¿Que sí necesito los huesos? (Les mueve con la punta del látigo.) No, personalmente no los necesito. (ESTRAGÓN da un paso hacia los huesos.) Pero... (ESTRAGÓN se detiene.) pero, en principio, los huesos pertenecen al porteador. Por tanto, es a él a quien tienen que preguntárselo. (ESTRAGÓN se vuelve hacia LUCKY, vacila.) Pregúnteselo, pregúnteselo, no tenga miedo, él se lo dirá. (ESTRAGÓN se dirige hacia LUCKY, se detiene ante él.)
ESTRAGÓN.- Señor..., perdón, señor... (LUCKY permanece impasible. POZZO restalla el látigo. LUCKY levanta la cabeza.)
POZZO.- Te están hablando, cerdo. Contesta. (A ESTRAGÓN.) Ande.
ESTRAGÓN.- Perdón, señor, ¿quiere usted los huesos? (LUCKY mira a ESTRAGÓN fijamente.)
POZZO.- (A sus anchas.) ¡Señor! (LUCKY baja la cabeza.) ¡Contesta! ¿Los quieres o no? (Silencio de LUCKY. A ESTRAGÓN.) Son para usted. (ESTRAGÓN se abalanza sobre los huesos; los recoge y comienza a roerlos.) Es extraño. Esta es la primera vez que me rechaza un hueso. (Mira a LUCKY con inquietud.) Espero que no me hará la broma de ponerse enfermo. (Chupa la pipa.)
VLADIMIR.- (Estallando.) ¡Es una vergüenza! (Silencio. ESTRAGÓN, estupefacto, cesa de roer y mira alternativamente a VLADIMIR y a POZZO) ¡Señor! (LUCKY baja la cabeza.) ¡Contesta! ¿Los quieres o no? (Silencio de LUCKY. A ESTRAGÓN.) Son para usted. (ESTRAGÓN se abalanza sobre los huesos; los recoge y comienza a roerlos.) Es extraño. Esta es la primera vez que me rechaza un hueso. (Mira a LUCKY con inquietud.) Espero que no me hará la faena de ponerse malo. (Chupa la pipa.)
VLADIMIR.- (Estallando.) ¡Es una vergüenza! (Silencio. ESTRAGÓN, estupefacto, cesa de roer y mira alternativamente a VLADIMIR y a POZZO. POZZO, muy tranquilo. VLADIMIR, en creciente agitación.)
POZZO.- (A VLADIMIR.) ¿Se refiere usted a algo en particular?
VLADIMIR.- (Decidido, farfullando.) ¡Tratar a un hombre (Señala a LUCKY.) así... lo encuentro... un ser humano... no... es una vergüenza!
ESTRAGÓN.- (Haciéndole coro.) ¡Un escándalo! (Vuelve a roer. Silencio. ESTRAGÓN, estupefacto, deja de roer, mira a VLADIMIR y a POZZO alternativamente. POZZO muy tranquilo. VLADIMIR, en creciente agitación.)
POZZO.- (A VLADIMIR.) ¿Se refiere usted a algo en particular?
VLADIMIR.- (Decidido, farfullando.) ¡Tratar a un hombre (Señala a LUCKY.) así... lo encuentro... un ser humano... no... es una vergüenza!
ESTRAGÓN.- (Haciéndole coro.) ¡Un escándalo! (Vuelve a roer.)
POZZO.- Son ustedes duros. (A VLADIMIR.) Si no es indiscreción, ¿qué edad tiene usted? (Silencio.) ¿Sesenta? ¿Setenta?... (A ESTRAGÓN.) ¿Cuántos años puede tener?
ESTRAGÓN.- Pregúnteselo a él.
POZZO.- Soy indiscreto. (Vacía la pipa, golpeándola contra el látigo; se levanta.) Los dejo. Gracias por haberme hecho compañía. (Reflexiona.) A no ser que me quede con ustedes a fumarme otra pipa. ¿Qué dicen? (No dicen nada.) ¡Oh!, soy un mediano fumador, muy mediano fumador; no estoy acostumbrado a fumarme dos pipas seguidas, eso (Se lleva la mano al corazón.) me produce palpitaciones. (Pausa.) Es la nicotina; uno se la traga a pesar de todas las precauciones. (Suspira.) ¿Qué les parece? (Silencio.) Pero quizá ustedes no sean fumadores. ¿Si? ¿No? Bueno, es un detalle. (Silencio.) Pero, ¿cómo puedo sentarme de nuevo con naturalidad ahora que ya me había levantado? ¿Sin parecer -como diría- que claudico? (A VLADIMIR.) ¿Decía usted? (Silencio.) ¿No decía usted nada? (Silencio.) No tiene importancia. Veamos... (Reflexiona.)
ESTRAGÓN.--¡Ah!, ahora me encuentro mejor. (Arroja los huesos.)
VLADIMIR.- Vámonos.
ESTRAGÓN.- ¿Ya?
POZZO.- ¡Un momento! (Tira de la cuerda.) ¡Silla! (La señala con el látigo. LUCKY la aparta.) ¡Más! ¡Allí! (Vuelve a sentarse. LUCKY retrocede y coge de nuevo la maleta y el cesto.) ¡Ya estoy otra vez instalado! (Empieza a cargar su pipa.)
VLADIMIR.- Vámonos.
POZZO.- Confío en que no se irán por mi. Quédense un poco más, no lo lamentarán.
ESTRAGÓN.- (Oliéndose la limosna.) Tenemos tiempo.
POZZO.- (Que ha encendido su pipa.) La segunda siempre es peor (Se quita la pipa de la boca, la contempla.) que la primera, quiero decir. (Vuelve a llevarse la pipa a la boca.) Pero también es buena.
VLADIMIR.- Me voy.
POZZO.- No puede soportar mi presencia. Sin duda soy poco humano, pero ¿es eso una razón? (A VLADIMIR.) Piénselo, antes de cometer una imprudencia. Supongamos que se va usted ahora, que aún es de día, porque, a pesar de todo, aún es de día. (Los tres miran al cielo.) Bien. ¿Qué pasa en ese caso... (Se quita la pipa de la boca, la mira.), . . se me ha apagado... (Enciende la pipa.), ...en ese caso... en ese caso... ¿qué será en ese caso de la cita que tienen con ese... Godet..., Godot..., Godin... (Silencio.)... bueno, ya saben ustedes a quien me refiero, del que depende su porvenir... (Silencio.).... bueno, su porvenir inmediato? ..
ESTRAGÓN.- Tiene razón.
VLADIMIR.- ¿Cómo lo sabia usted?
POZZO.- ¡Vaya, hombre! ¡Ya vuelve a dirigirme la palabra! Acabaremos por cogernos cariño.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué no suelta su equipaje?
POZZO.- A mí también me gustaría encontrarlo. Cuanta más gente encuentro, más feliz soy. Con la criatura más insignificante uno aprende, se enriquece, saborea mejor su felicidad. Ustedes (Los mira detenidamente uno tras otro, para que ambos se sepan mirados.), ustedes mismos, ¿quién sabe?, es posible que me hayan dado algo.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué no suelta el equipaje?
POZZO.- Pero eso me extrañaría.
VLADIMIR.- Se le ha hecho una pregunta.
POZZO.- (Encantado.) ¿Una pregunta? ¿Quién? ¿Cuál? (Silencio.) Hace un momento me llamaban señor, temblando. Ahora me hacen preguntas. Esto va a acabar mal.
VLADIMIR.- (A ESTRAGÓN.) Me parece que te escucha.
ESTRAGÓN.-(Que ha vuelto a girar en torno a LUCKY.) ¿Qué?
VLADIMIR.- Puedes preguntarle ahora. Está alertado.
ESTRAGÓN.- ¿Preguntarle qué?
VLADIMIR.- ¿Por qué no suelta su equipaje?
ESTRAGÓN.- Es lo que yo quisiera saber.
VLADIMIR.- Anda, pregúntaselo.
POZZO.- (Que ha seguido su diálogo con atención expectante, temiendo que la pregunta se pierda.) Me preguntan ustedes que por qué no suelta su equipaje, como ustedes dicen.
VLADIMIR.- Eso.
POZZO.- (A ESTRAGÓN.) ¿Está usted de acuerdo?
ESTRAGÓN.- (Que sigue girando en torno a LUCKY.) Resopla como una foca.
POZZO.- Voy a contestarles. (A ESTRAGÓN.) Pero estése quieto, se lo suplico, me pone usted nervioso.
VLADIMIR.- Ven aquí.
ESTRAGÓN.- ¿Qué pasa?
VLADIMIR.- Va a hablar. ( Inmóviles, pegados el uno al otro, escuchan.)
POZZO.- Perfecto. ¿Están todos? ¿Me miran todos? (Mira a LUCKY, tira de la cuerda. LUCKY levanta la cabeza.) Mírame, cerdo. (LUCKY lo mira.) Perfecto. (Guarda la pipa en el bolsillo, saca un pulverizador, se rocía la garganta y vuelve a guardarlo en el bolsillo, carraspea, escupe, vuelve a sacar el pulverizador, se rocía de nuevo la garganta y vuelve a guardarlo en el bolsillo.) Estoy preparado. ¿Me escuchan todos? (Mira a LUCKY y tira de la cuerda.) ¡Avanza! (LUCKY avanza.) ¡Ahí! (LUCKY se detiene.) ¿Están todos preparados? (Mira a los tres, en último lugar a LUCKY, y tira de la cuerda.) ¿Ya? (LUCKY levanta la cabeza.) No me gusta hablar sin que me escuchen. Bueno. Veamos. (Reflexiona.)
ESTRAGÓN.- Me voy.
POZZO.- ¿Qué es exactamente lo que me han preguntado?
VLADIMIR.- ¿Por qué...?
POZZO.- (Colérico.) ¡No me interrumpan cuando hablo! (Pausa. Más tranquilo.) Si hablamos todos a un tiempo, no acabaremos nunca. (Pausa.) ¿Qué estaba diciendo? (Pausa. Más alto.) ¿Qué estaba diciendo? (VLADIMIR imita a alguien que lleva una pesada carga. POZZO lo mira sin comprender.)
ESTRAGÓN.- (Con fuerza.) ¡Equipaje! (Señala hacia LUCKY.) ¿Por qué? Siempre llevar. (Imita al que se inclina por el peso, jadeando.) Nunca dejar. (Abre las manos y se levanta, aliviado.) ¿Por qué?
POZZO.- Ya caigo. Haberlo dicho antes. ¿Por qué no se pone cómodo? Tratemos de ver claro. ¿No tiene derecho? Sí. Entonces, ¿es que no quiere? El razonamiento es válido. ¿Y por qué no quiere? (Pausa.) Señores, se lo voy a decir.
VLADIMIR.- ¡Atención!
POZZO.- Para impresionarme, para que no lo despida.
ESTRAGÓN.- ¿Qué?
POZZO.- Quizá me haya explicado mal. Intenta inspirarme compasión para que renuncie a separarme de él. No, no es eso precisamente.
VLADIMIR.- ¿Quiere usted desprenderse de él?
POZZO.- El quiere quedarse conmigo, pero no se quedará.
VLADIMIR.- ¿Quiere usted desprenderse de él?
POZZO.- Se imagina que, al ver yo que es un buen cargador, me sentiré impulsado a ocuparlo en adelante en esa tarea.
ESTRAGÓN.- ¿No lo quiere usted ya?
POZZO.- En realidad, carga como un cerdo. No es su oficio.
VLADIMIR.- ¿Quiere usted desprenderse de él?
POZZO.- Se figura que, al verlo infatigable, me arrepentiré. Ese es su miserable cálculo. ¡Como si me faltaran a mí peones! (Los tres miran a LUCKY.) ¡Atlas, hijo de Júpiter! (Silencio.) Y ya está. Creo que he contestado a su pregunta. ¿Tienen alguna otra que hacer? (Reanuda sus manipulaciones con el pulverizador.)
VLADIMIR.- ¿Quiere usted desprenderse de él?
POZZO.- Piensen que yo hubiera podido estar en su lugar y él en el mío. Si el azar no se hubiera opuesto. A cada cual lo que se merece.
VLADIMIR.- ¿Quiere usted desprenderse de él?
POZZO.- ¿Qué dice usted?
VLADIMIR.- ¿Quiere usted desprenderse de él?
POZZO.- Efectivamente. Pero en vez de echarlo, como hubiera podido hacer, quiero decir, en vez de ponerlo simplemente en la puerta a patadas en el culo, es tal mi bondad, que lo llevo al mercado de San Salvador, ~ donde espero sacar algo por él. Aunque, a decir verdad, a seres como este no es posible echarlos. Para hacerlo bien, habría que matarlos. (LUCKY llora.)
ESTRAGÓN.- Está llorando.
POZZO.- Los perros viejos tienen más dignidad. (Le da su pañuelo a ESTRAGÓN.) Puesto que lo compadece, consuélelo. (ESTRAGÓN vacila.) Tome. (ESTRAGÓN coge el pañuelo.) Séquele los ojos. Así se sentirá menos abandonado. (ESTRAGÓN sigue vacilando.)
VLADIMIR.- Dame, lo haré yo. (ESTRAGÓN no quiere darle el pañuelo. Gestos infantiles.)
POZZO.- Dése prisa. Pronto dejara de llorar. (ESTRAGÓN se acerca a LUCKY y se dispone a secarle los ojos. LUCKY le pega una violenta patada en la espinilla. ESTRAGÓN suelta el pañuelo, se echa atrás y da la vuelta al escenario cojeando y' gritando de dolor.) Pañuelo. (LUCKY deja la maleta y el cesto, recoge el pañuelo, avanza, se lo entrega a POZZO, retrocede y coge la maleta y el cesto.)
ESTRAGÓN.- ¡Cochino! ¡Animal! (Se levanta el pantalón.) ¡Me ha lisiado!
POZZO.- Ya les advertí que no le gustaban las personas extrañas.
VLADIMIR.- (A ESTRAGÓN.) Déjame ver. (ESTRAGÓN le enseña la pierna. A POZZO, Col? cólera.) ¡Está sangrando!
POZZO.- Eso es buena señal.
ESTRAGÓN.- (Con la pierna herida en el aire.) ¡Ya no podré andar!
VLADIMIR.- (Tiernamente.) Yo te llevaré. (Pausa.) En caso necesario.
POZZO.- Ya no llora. (A ESTRAGÓN.) Usted lo ha sustituido en cierto modo. Las lágrimas del mundo son inmutables. Por cada uno que empieza a llorar, en otra parte hay otro que cesa de hacerlo. Lo mismo pasa con la risa. (Ríe.) No hablemos, pues, mal de nuestros tiempos; no son peores que los pasados. (Silencio.) Claro que tampoco debemos hablar bien. (Silencio.) No hablemos. (Silencio.) Es cierto que la población ha aumentado.
VLADIMIR.- Intenta andar. (ESTRAGÓN anda cojeando, se detiene ante LUCKY y le escupe; después va a sentarse donde estaba al levantarse el telón.)
POZZO.- ¿Saben ustedes quién me ha enseñado todas estas cosas tan hermosas? (Pausa. Apuntando su dedo hacia LUCKY.) ¡El!
VLADIMIR.- (Mirando al cielo.) ¿No llegara la noche nunca?
POZZO.- Sin él, jamás habría pensado ni sentido más que cosas bajas relacionadas con mi oficio de..., no importa qué. Me sabía incapaz de la belleza, la gracia, la verdad suprema. Entonces tomé un «knuk».
VLADIMIR.- (A pesar suyo, dejando de contemplar el cielo.) ¿Un «knuk»?
POZZO.- Pronto hará sesenta años de esto... (Calcula mentalmente.) .. sí, muy pronto, sesenta. (Se yergue gallardamente.) No los aparento, ¿verdad? (VLADIMIR mira a LUCKY.) Al lado de él, yo parezco un hombre joven, ¿no? (Pausa. A LUCKY.) ¡Sombrero! (LUCKY deja el cesto y se quita el sombrero. Por su rostro cae una espesa cabellera blanca. Se coloca el sombrero bajo el brazo y vuelve a coger el cesto.) Ahora, miren. (POZZO se quita su sombrero. Es completamente calvo. Vuelve a ponerse el sombrero.) ¿Han visto ustedes?
VLADIMIR.- ¿Qué es un «knuk»?
POZZO.- Ustedes no son de aquí. ¿Son siquiera de este siglo? Antiguamente había bufones. Ahora se tienen «knuks». Quienes pueden permitírselo.
VLADIMIR.- ¿Y ahora lo echa? ¿A un servidor tan viejo, tan fiel?
ESTRAGÓN.- ¡Canalla! (POZZO, cada vez más agitado.)
VLADIMIR.- Después de haberle chupado la sangre lo tira como una... (Busca la expresión.)... como una piel de plátano. Confiese que...
POZZO.- (Gimiendo, llevándose las manos a la cabeza.) No puedo... soportar... lo que hace..., no pueden saber..., es horrible..., es necesario que se vaya... (Levanta los brazos.) Me vuelvo loco... (Queda abatido, con la cabeza entre los brazos.) No puedo más..., no puedo más... (Silencio. Todos miran a POZZO. LUCKY se estremece.)
VLADIMIR.- No puede más.
ESTRAGÓN.- Es horrible.
VLADIMIR.- Se está volviendo loco.
ESTRAGÓN.- Es repugnante.
VLADIMIR.- (A LUCKY.) ¿Cómo se atreve? ¡Es vergonzoso! ¡Un amo tan bueno! ¡Hacerle sufrir así! ¡Al cabo de tantos años! ¡Verdaderamente!...
POZZO.- (Sollozando.) Antes... era amable..., me ayudaba..., me distraía..., me hacía mejor...; ahora... me está matando...
ESTRAGÓN.- (A VLADIMIR.) ¿Quiere reemplazarlo?
VLADIMIR.- ¿Cómo?
ESTRAGÓN.- No he entendido si quiere reemplazarlo o si no lo quiere a su lado.
VLADIMIR.- No lo creo.
ESTRAGÓN.- ¿Cómo?
VLADIMIR.- No sé.
ESTRAGÓN.- Hay que preguntárselo.
POZZO.- (Tranquilo.) Señores, no sé qué me ha pasado. Les pido perdón. Olviden todo esto. (Cada vez más dueño de sí.) No sé muy bien lo que he dicho, pero pueden estar seguros de que no había una palabra de verdad en todo ello. (Se levanta y se golpea el pecho.) ¿Tengo el aspecto de un hombre a quien se hace sufrir? ¡Vamos! (Hurga en sus bolsillos.) ¿Qué ha sido de mi pipa?
VLADIMIR.- Encantadora velada.
ESTRAGÓN.- Inolvidable.
VLADIMIR.- Y aún no ha terminado.
ESTRAGÓN.- Eso parece.
VLADIMIR.- No ha hecho
ESTRAGÓN.- Es terrible.
VLADIMIR.- Se diría que estamos en un espectáculo.
ESTRAGÓN.- En el circo.
VLADIMIR.- En un music-hall.
ESTRAGÓN.- En el circo.
POZZO.- Pero ¿qué he hecho con mi pipa?
ESTRAGÓN.- ¡Qué gracia! Ha perdido su cachimba. (Ríe ruidosamente.)
VLADIMIR.- Ahora vuelvo. (Se dirige hacia los bastidores).
ESTRAGÓN.- Al fondo del pasillo, a la izquierda.
VLADIMIR.- Guárdame el sitio. (Sale.)
POZZO.- ¡He perdido mi Abdullah!
ESTRAGÓN.-(Retorciéndose.) ¡Es para troncharse!
POZZO.- (Alzando la cabeza.) Ustedes no habrán visto... (Se da cuenta de la ausencia de VLADIMIR.) ¡Oh, se ha marchado!... Sin decirme adiós. Eso no está bien. Hubiera usted debido retenerlo.
ESTRAGÓN.- Ya se retuvo él solo.
POZZO.- ¡Oh! (Pausa.) Menos mal.
ESTRAGÓN.- (Levantándose.) Venga aquí.
POZZO.- ¿Para qué?
ESTRAGÓN.- Ya verá.
POZZO.- ¿Quiere que me levante?
ESTRAGÓN.- Venga..., venga..., deprisa. (POZZO se levanta y se dirige hacia ESTRAGÓN.)
ESTRAGÓN.- ¡Mire!
POZZO.- ¡Vaya, vaya!
ESTRAGÓN.- Se acabó. (VLADIMIR vuelve, serio; empuja a LUCKY, tira la silla plegable de una patada y camina por el escenario agitadamente.)
POZZO.- ¿No está contento?
ESTRAGÓN.- Te has perdido algo estupendo. ¡Que lástima! (VLADIMIR se detiene, levanta la silla de tijera y vuelve a recorrer el escenario, más tranquilo.)
POZZO.- Se calma. (Mira alrededor.) Por otra parte, todo se calma, lo percibo. Se hace una gran paz. Escuchen. (Levanta la mano.) Pan duerme.
VLADIMIR.- (Deteniéndose.) ¿No acabará de llegar la noche? (Los tres miran al cielo.) POZZO.- ¿No les conviene marcharse antes?
ESTRAGÓN.- Es que..., comprenda usted...
POZZO.- Es natural, es muy natural. En su lugar, yo mismo, si estuviera citado con un Godin..., Godet..., Godot, bueno, ya saben ustedes a quién me refiero, esperaría a que cerrara la noche antes de marcharme. (Mira la silla.) Me gustaría mucho volver a sentarme, pero no sé cómo hacerlo.
ESTRAGÓN.- ¿Puedo ayudarle?
POZZO.- Si me lo pidiera, quizá.
ESTRAGÓN.- ¿Qué?
POZZO.- Si me pidiera que me siente.
ESTRAGÓN.- ¿Eso le ayudaría?
POZZO.- Me parece que si.
ESTRAGÓN.- Pues, entonces, siéntese, señor...; se lo ruego.
POZZO.- No, no, no vale la pena. (Pausa. En voz baja.) Insista un poco.
ESTRAGÓN.- Pero, vamos, no se quede en pie, va a coger frío.
POZZO.- ¿Usted cree?
ESTRAGÓN.- Estoy absolutamente seguro.
POZZO.- Sin duda tiene usted razón. (Vuelve a sentarse.) Gracias, amigo. Heme otra vez instalado. (ESTRAGÓN también se sienta. POZZO mira su reloj.) Pero tengo que dejarlos, si no quiero retrasarme.
VLADIMIR.- El tiempo se ha detenido.
POZZO.- (Acercándose el reloj al oído.) No lo crea, señor, no lo crea. (Se guarda el reloj en el bolsillo.) Todo lo que usted quiera, menos eso.
ESTRAGÓN.- (A POZZO.) Hoy todo lo ve negro.
POZZO.- Salvo el firmamento. (Ríe, complacido de su chiste.) Paciencia, ya llegará. Pero ya sé lo que pasa: ustedes no son de aquí y aún no saben cómo son nuestros crepúsculos. ¿Quieren que se lo diga? (Silencio. ESTRAGÓN y VLADIMIR se ponen a examinar, aquel su zapato y este su sombrero. El sombrero de LUCKY cae, sin que este se dé cuenta.) Me gustaría satisfacerlos. (Maniobras con el pulverizador.) Por favor, un poco de atención. (ESTRAGÓN y VLADIMIRO continúan su tejemaneje. LUCKY está medio dormido. POZZO restalla el látigo, que produce un ruido muy débil.) ¿Qué le pasa a este látigo? (Se levanta y lo chasquea con más fuerza, con éxito al fin. LUCKY se sobresalta. A ESTRAGÓN y VLADIMIR se les caen de las manos el zapato y el sombrero, respectivamente. POZZO arroja el látigo.) Este látigo ya no vale para nada. (Mira a su auditorio.) ¿Qué estaba diciendo?
VLADIMIR.- Vámonos.
ESTRAGÓN.- Pero no se quede ahí de pie, va a enfermar.
POZZO.- Es verdad. (Vuelve a sentarse. A ESTRAGÓN.) ¿Cómo se llama usted?
ESTRAGÓN.- (Sin vacilar.) Cátulo.
POZZO.- (Que no ha escuchado.) ¡Ah, sí, la noche! (Levanta la cabeza.) Pero presten un poco más de atención; si no, no acabaremos nunca. (Mira al cielo.) Miren. (Todos miran al cielo, excepto LUCKY, que ha vuelto a adormecerse. POZZO se da cuenta y tira de la cuerda.) ¿Quieres mirar al cielo, cerdo? (LUCKY vuelve la cabeza.) Bueno, basta. (Bajan la cabeza.) ¿Qué tiene de extraordinario? ¿En cuanto cielo? Es pálido y luminoso, como cualquier otro cielo a esta misma hora. (Pausa.) En estas latitudes. (Pausa.) Cuando hace buen tiempo. (Su voz adquiere un tono cantarino.) Hace una hora (Mira su reloj; en tono prosaico.) aproximadamente (Otra vez en tono lírico.), después de habernos enviado desde... (Vacila, en tono bajo.), pongamos las diez de la mañana... (Eleva la voz.), sin cesar torrentes de luz roja y blanca, ha comenzado a perder su resplandor, a palidecer (Gesto con las dos manos, que bajan escalonadamente.), a palidecer, siempre un poco más, un poco más, hasta que (Pausa dramática, ancho gesto horizontal con ambas manos, que se separan.), ¡zas!, ¡se acabó!, ¡ya no se mueve! (Silencio.) Pero (Alza la mano con ademán admonitorio.) ...pero tras ese velo de dulzura y calma (Levanta los ojos hacia el cielo, imitándolo los demás, excepto LUCKY.) la noche galopa (La voz se hace más vibrante.) y vendrá a arrojarse sobre nosotros (Chasquea los dedos.), ¡paff!, así... (Se le va la inspiración.), cuando menos lo esperemos. (Silencio. Voz lúgubre.) Eso es lo que pasa en esta puta tierra. (Largo silencio.)
ESTRAGÓN.- Desde el momento en que se está prevenido...
VLADIMIR.- Se puede aguantar.
ESTRAGÓN.- Uno sabe a qué atenerse.
VLADIMIR.- No hay por qué inquietarse.
ESTRAGÓN.- No hay más que esperar.
VLADIMIR.- Estamos acostumbrados. (Recoge su sombrero, mira en su interior, lo sacude y se lo pone.)
POZZO.- ¿Qué les he parecido? (ESTRAGÓN y VLADIMIR lo miran sin comprender.) ¿Bien? ¿Regular? ¿Pasable? ¿Mediocre? ¿Francamente mal?
VLADIMIR.- (Comprendiendo en seguida.) ¡Oh, muy bien, estupendamente bien!
POZZO.- (A ESTRAGÓN.) ¿Y a usted, señor?
ESTRAGÓN.- (Con acento inglés.) ¡Oh, muy bueno, muy muy muy bueno!
POZZO.- (En un arranque.) ¡Gracias, señores! (Pausa.) ¡Tengo tanta necesidad de estimulo! (Medita.) Al final estuve un poco más flojo. ¿No se han dado cuenta?
VLADIMIR.- ¡Oh, quizá un poquitín!
ESTRAGÓN.- Creí que lo hacia adrede.
POZZO.- Es que tengo mala memoria. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Entre tanto, no pasa nada.
POZZO.- (Desolado.) ¿Se aburre usted?
ESTRAGÓN.- Más bien, sí.
POZZO.- (A VLADIMIR.) ¿Y usted, señor?
VLADIMIR.- No es muy divertido. (Silencio. interiormente.)
POZZO.- Señores, han estado ustedes conmigo... (Busca la palabra.) ...atentos. ESTRAGÓN.- ¡Qué va!
VLADIMIR.- ¡Qué ocurrencia!
POZZO.- Pues claro que si, han estado ustedes correctos. De tal forma, que me pregunto: ¿Qué podría hacer yo; a mi vez por estas excelentes personas que se aburren?
ESTRAGÓN.- No nos vendría mal una moneda.
VLADIMIR.- No somos mendigos.
POZZO.- Lo que yo me pregunto es qué puedo hacer para que el tiempo se les haga menos largo. Les he dado huesos, les he hablado de multitud de cosas, les he explicado el crepúsculo, de acuerdo. Pero veamos: ¿es esto suficiente..., eso es lo que me tortura..., es suficiente?
ESTRAGÓN.- Incluso una moneda.
VLADIMIR.- ¡Cállate!
ESTRAGÓN.- Me voy.
POZZO.- ¿Es esto suficiente? Sin duda. Pero yo soy generoso. Es mi temperamento. Hoy. ¡Qué le vamos a hacer! (Tira de la cuerda. LUCKY lo mira.) Porque voy a sufrir, es cierto. (Sin levantarse, se inclina y coge el látigo.) ¿Qué prefieren ustedes? ¿Que baile, que cante, que recite, que piense, que...?
ESTRAGÓN.- ¿Quién?
POZZO.- jQuién! ¿Ustedes saben pensar?
VLADIMIR.- ¿El piensa?
POZZO.- Perfectamente. En voz alta. Antes, hasta pensaba bellamente y yo podía escucharlo durante horas y horas. Ahora... (Se estremece.) En fin, mala suerte. Así, pues, ¿quieren ustedes que nos piense algo?
ESTRAGÓN.- A mi me gustaría más que bailara; seria más gracioso.
POZZO.- No necesariamente.
ESTRAGÓN.- ¿No es verdad, Didí, que sería más gracioso?
VLADIMIR.- A mí me gustaría más oírlo pensar.
ESTRAGÓN.- ¿Y no podría primero bailar y después pensar? Si no es mucho pedirle.
VLADIMIR.- (A POZZO.) ¿Es posible?
POZZO.- Naturalmente, nada más fácil. Además, es el orden natural. (Risa corta.)
VLADIMIR.- Entonces, que baile. (Silencio.)
POZZO.- (A LUCKY.) ¿Has oído?
ESTRAGÓN.- ¿Nunca se niega?
POZZO.- Ahora verán. (A LUCKY.) ¡Baila, asqueroso! (LUCKY deja la maleta y el cesto, avanza un poco hacia las candilejas y se vuelve hacia POZZO. ESTRAGÓN se levanta para verlo mejor. LUCKY baila. Se detiene.)
ESTRAGÓN.- ¿Eso es todo?
POZZO.- ¡Sigue! (LUCKY repite los mismos movimientos; se detiene.)
ESTRAGÓN.- ¡Vaya, cerdito! (Imita los movimientos de LUCKY.) Eso lo hago yo. (Lo imita y está a punto de caer. Vuelve a sentarse.) Con un poco de entrenamiento.
VLADIMIR.- Está cansado.
POZZO.- Antes bailaba la farandola, la almea, el bran, la giga, el fandango e incluso el «hornpipe». Saltaba y brincaba. Ahora ya solo hace esto. ¿Saben cómo se llama?
ESTRAGÓN.- «La muerte del lamparero».
VLADIMIR.- «El cáncer de los ancianos». ~
POZZO.- «La danza de la red». Se cree cogido en una red.
VLADIMIR.- (Con gesto de entendido.) Hay algo... (LUCKY se dispone a volver hacia su carga.)
POZZO.- ( Como a un caballo.) ¡Sooo! (LUCKY se queda inmóvil.)
ESTRAGÓN.- ¿Nunca se niega?
POZZO.- Se lo voy a explicar. (Busca en sus bolillos.) Esperen. (Busca.) ¿Dónde está mi perilla? (Sigue buscando.) ¡Lo que me faltaba! (Levanta la cabeza estupefacto. Con voz moribunda.) ¡He perdido mi pulverizador!
ESTRAGÓN.- (Con voz moribunda.) Mi pulmón izquierdo está muy débil. (Tose débilmente. Con voz de trueno.) Pero ¡mi pulmón derecho está perfectamente!
POZZO.- (Con voz normal.) ¡Qué le vamos a hacer, prescindiré de él! ¿Qué estaba diciendo? (Reflexiona.) Esperen. (Reflexiona.) ¡Lo que me faltaba! (Levanta la cabeza.) ¡Ayúdenme!
ESTRAGÓN.- Estoy buscando.
VLADIMIR.- Yo también.
POZZO.- ¡Esperen! (Los tres se descubre,: simultáneamente, se llevan la mano a la frente y se concentran, crispados. Largo silencio.)
ESTRAGÓN.- (Triunfalmente.) ¡Ah!
VLADIMIR.- Lo ha encontrado.
POZZO.- (Impaciente.) ¿Qué hay?
ESTRAGÓN.- ¿Por qué no deja el equipaje en el suelo?
VLADIMIR.- ¡Qué tontería!
POZZO.- ¿Está usted seguro?
VLADIMIR.- Vamos, si ya nos lo ha dicho.
POZZO.- ¿Se lo he dicho ya?
ESTRAGÓN.- ¿Nos lo ha dicho ya?
VLADIMIR.- Por lo demás, lo ha dejado.
ESTRAGÓN.- (Mira hacia LUCKY.) Es verdad. ¿Entonces...?
VLADIMIR.- Puesto que ha dejado el equipaje en el suelo, es imposible que hayamos preguntado por qué no lo deja.
POZZO.- ¡Muy bien razonado!
ESTRAGÓN.- ¿Y por qué lo ha dejado?
POZZO.- Eso.
VLADIMIR.- Para bailar.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
POZZO.- (Levantando la mano.) ¡Esperen! (Pausa.) No digan nada. (Pausa.) Eso es. (Se pone su sombrero.) Ya caigo. (ESTRAGÓN y VLADIMIR se vuelven a poner sus sombreros.)
VLADIMIR.- Lo ha encontrado.
POZZO.- Vean cómo ocurre esto.
ESTRAGÓN.- ¿De qué se trata?
POZZO.- Ahora lo verán. Pero es muy difícil decirlo.
VLADIMIR.- No lo diga.
POZZO.- ¡Oh!, no tengan miedo, llegaré. Pero quiero ser breve, porque se hace tarde. Diganme el medio de ser breve y al mismo tiempo claro. Déjenme reflexionar.
ESTRAGÓN.- Sea largo, eso será menos largo.
POZZO.- (Que ha reflexionado.) Ya empiezo. Vean ustedes, una de dos.
ESTRAGÓN.- Es el delirio.
POZZO.- O le pido cualquier cosa: bailar, cantar, pensar...
VLADIMIR.- ¡Está bien, está bien, hemos comprendido!
POZZO.- O no le pido nada. Bueno. No me interrumpan. Supongamos que le pido... bailar, por ejemplo. ¿Qué sucede?
ESTRAGÓN.- Se pone a silbar.
POZZO.- (Irritado.) No diré una palabra mas.
VLADIMIR.- Continúe, se lo ruego.
POZZO.- Me interrumpen constantemente.
VLADIMIR.- Siga, siga, es apasionante.
POZZO.- Insistan un poco.
ESTRAGÓN.- (Juntando las manos.) Se lo suplico, señor, continúe su relato.
POZZO.- ¿Dónde estaba?
VLADIMIR.- Usted le pedía que bailara.
ESTRAGÓN.- Que cantara.
POZZO.- Eso es, le pido que cante. ¿Qué ocurre? O bien canta, como le pido; o bien, en lugar de cantar, como le había pedido, se pone a bailar, por ejemplo, o a pensar, o a...
VLADIMIR.- Está claro, está claro, prosiga.
ESTRAGÓN.- ¡Basta!
VLADIMIR.- Sin embargo, esta noche hace todo lo que le pide.
POZZO.- Es para enternecerme, para que lo conserve a mi lado.
ESTRAGÓN.- Todo esto son cuentos.
VLADIMIR.- No es seguro.
ESTRAGÓN.- En seguida nos dirá que en todo esto no ha habido una palabra de verdad.
VLADIMIR.- (A POZZO.) ¿No protesta?
POZZO.- Estoy cansado. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- (Levantándose.) No pasa nada, nadie viene, nadie se va. Es terrible.
VLADIMIR.- (A POZZO.) Dígale que piense.
VLADIMIR.- Déle su sombrero.
VLADIMIR.- ¿Su sombrero?
POZZO.- No puede pensar sin sombrero.
VLADIMIRO.- (A ESTRAGÓN.) Dale su sombrero.
ESTRAGÓN.- ¡Yo! ¡Después del golpe que me ha dado! ¡Nunca!
VLADIMIR.- Se lo daré yo. (No se mueve.)
ESTRAGÓN.- Que vaya él a buscarlo.
POZZO.- Es mejor dárselo.
VLADIMIR.- Se lo voy a dar (Coge el sombrero y se lo ofrece a LUCKY con el brazo extendido. LUCKY no se mueve.)
POZZO.- Es necesario ponérselo.
ESTRAGÓN.- (A POZZO.) Dígale usted que lo coja.
POZZO.- Es mejor ponérselo.
VLADIMIR.- Voy a ponérselo. (Rodea a LUCKY con precaución, acercándose lentamente por detrás; le pone el sombrero y retrocede con rapidez. LUCKY no se mueve. Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Qué espera?
POZZO.- ¡Aléjense! (ESTRAGÓN y VLADIMIR se alejan de LUCKY. POZZO tira de la cuerda. LUCKY lo mira.) ¡Piensa, cerdo! (Pausa. LUCKY empieza a bailar.) ¡Párate! (LUCKY se detiene.) ¡Acércate! (LUCKY se dirige hacia POZZO.) ¡Ahí! (LUCKY se para.) ¡Piensa! (Pausa.)
LUCKY.- Por otra parte, por lo que respecta...
POZZO.- ¡Párate! (LUCKY se calla.) ¡Atrás! (LUCKY retrocede.) ¡Ahí! (LUCKY se para.) ¡Arre! (LUCKY se vuelve hacia el público.) ¡Piensa!
LUCKY.- (En tono monótono.) Dada la existencia tal como se desprende de los recientes trabajos públicos de Poinçon y Wattmann de un Dios personal cuacuacuacua de barba blanca cuacua fuera del tiempo del espacio que desde lo alto de su divina apatía su divina atambía su divina afasia nos ama mucho con algunas excepciones (Sostenida atención de ESTRAGÓN y VLADIMIR, abatimiento y asco de POZZO.) no se sabe por qué pero eso llegará y sufre al igual que la divina Miranda con aquellos que están no se sabe por qué pero se tiene tiempo en el tormento en los fuegos cuyos fuegos las llamas a poco que duren todavía un poco y quién puede dudarlo incendiarán al fin las vigas a saber llevarán el infierno a las nubes tan azules por momentos aun hoy y tranquilas tan tranquilas con una tranquilidad que no por ser intermitente es menos bienvenida pero no anticipemos y teniendo en cuenta por otra parte que como consecuencia de las investigaciones inacabadas no anticipemos de las investigaciones inacabadas pero sin embargo coronadas por (la Acacacacademia de Antropopopometria de Berneen- Bresse de Testu y Conard se ha establecido sin otra posibilidad de error que la correspondiente a los cálculos humanos que como consecuencia de las investigaciones inacabadas inacabadas de Testu y Conard Primeros murmullos de ESTRAGÓN Y VLADIMIR. Aumentan los sufrimientos de POZZO.) ha quedado establecido tablecido tablecido lo que sigue que sigue que sigue a saber pero no anticipemos no se sabe por qué como consecuencia de los trabajos de Poinçon y Wattmann resulta tan claro tan claro que en vista de las laborales de Fartov y Beleher inacabadas macabadas no se sabe por qué de Testu y Conard inacabadas inacabadas resulta que el hombre contrariamente a la opinión contraria que el hombre en Bresse de Testu y Conard que el hombre en fin en una palabra que el hombre en una palabra en fin a pesar de los progresos de la alimentación y de la eliminación de los residuos está adelgazando y al mismo tiempo paralelamente no se sabe por qué a pesar del impulso de la cultura física (ESTRAGÓN y VLADIMIR se tranquilizan y vuelven a escuchar. POZZO se agita cada vez más y suelta unos gemidos.) de la práctica de los deportes tales talestales como el tenis el fútbol las carreras y a pie y en bicicleta la natación la equitación la aviación la conación el tenis el hockey el patinaje y sobre hielo y sobre asfalto el tenis la aviación los deportes los deportes de invierno de verano de otoño de otoño el tenis sobre hierba sobre madera sobre tierra batida la aviación el tenis el hockey sobre tierra sobre mar y en los aires la penicilina y sucedáneos en una palabra repito al mismo tiempo paralelamente achicándose no se sabe por qué a pesar del tenis repito la aviación el golf tanto a nueve como a dieciocho hoyos el tenis sobre hielo en una palabra no se sabe por qué en Vallecas Fuencarral Chamartin Carabanchel a saber al mismo tiempo paralelamente no se sabe por qué adelgazando encogiéndose repito Chamartin Carabanchel en una palabra la pérdida total por persona desde la muerte de Torres Villarroel siendo del orden de dos dedos cien gramos por persona aproximadamente por término medio (Exclamaciones de VLADIMIR y ESTRAGÓN. POZZO se levanta de un salto, tira de la cuerda. Todos gritan. LUCKY tira de la cuerda, da un traspié, chilla. Todos se arrojan sobre LUCKY, que lucha y grita su texto.) poco más o menos números redondos peso corr ido desnudo en Galicia no se sabe por qué en una palabra en fin poco importa los hechos están ahí y considerando por otra parte lo que todavía es más grave que resulta lo que todavía es más grave que a la luz la luz de las experiencias actuales de Steinweg y Petermann resulta lo que todavía es más grave que resulta lo que todavía es más grave a la luz la luz de las experiencias abandonadas de Steinweg y Petermann que en el campo en la montaña y a orilla del mar y de los ríos y de agua y de fuego el aire es el mismo y la tierra a saber el aire y la tierra por los grandes fríos el aire y la tierra hechos para las piedras por los grandes fríos ay en el siglo séptimo de su era el éter la tierra el mar para las piedras por los grandes fondos los grandes fríos sobre mar sobre tierra y en los aíres poca comida repito no se sabe por qué a pesar del tenis los hechos están ahí no se sabe por qué repito al siguiente en una palabra en fin ay al siguiente para las piedras quién puede dudarlo repito pero no anticipemos repito la cabeza al mismo tiempo paralelamente no se sabe por qué a pesar del tenis al siguiente la barba las llamas los llantos las piedras tan azules tan tranquilas ay la cabeza la cabeza la cabeza la cabeza en Galicia a pesar del tenis los trabajos abandonados inacabados más grave las piedras en una palabra repito ay ay abandonados inacabados la cabeza la cabeza en Galicia a pesar del tenis la cabeza ay las piedras Conard Conard... (Refriega encarnizada. LUCKY lanza aún algunas vocifrraciones.) ¡Tenis!... ¡Las piedras!... ¡Tan tranquilas!... ¡Conard!... ¡Inacabados!...
POZZO.- ¡Su sombrero! (VLADIMIR se apodera del sombrero de LUCKY, que se calla y cae. Gran silencio. los vencedores jadean.)
ESTRAGÓN.- Estoy vengado. (VLADIMIR contempla el sombrero de LUCKY y mira adentro.)
POZZO.- ¡Déme eso! (Le arranca el sombrero a VLADIMIR, lo arroja al suelo y lo pisotea.) ¡Así no pensará más!
VLADIMIR.- Pero ¿podrá orientarse?
POZZO.- Yo lo orientaré. (Pega patadas a LUCKY.) ¡De pie! ¡Puerco!
ESTRAGÓN.- Quizá esté muerto.
VLADIMIR.- Va usted a matarlo.
POZZO.- ¡De pie! ¡Carroña! (Tira de la cuerda. LUCKY resbala. A ESTRAGÓN y VLADIMIR.) ¡Ayúdenme!
VLADIMIR.- Pero ¿cómo?
POZZO.- ¡Levántenlo! (ESTRAGÓN y VLADIMIR ponen en pie a LUCKY, lo sostienen un momento, después lo dejan. Vuelve a caer.)
ESTRAGÓN.- Lo hace adrede.
POZZO.- Hay que sostenerlo. (Pausa.) ¡Venga, venga, levántenlo!
ESTRAGÓN.- ¡Estoy harto!
VLADIMIR.- Vamos, probemos otra vez.
ESTRAGÓN.- ¿Por quién nos ha tomado?
VLADIMIR.- Vamos. (Ponen a LUCKY en pie, lo sostienen.)
POZZO.- ¡No lo suelten! (ESTRAGÓN y VLADIMIR vacilan.) ¡Esténse quietos! (POZZO coge la maleta y el cesto y los lleva hacia LUCKY.) ¡Sujétenlo bien! (Pone la maleta en la mano de LUCKY, el cual la deja caer inmediatamente.) ¡No lo suelten! (Vuelve a empezar. Poco a poco, al contacto con la maleta, LUCKY vuelve en si y sus dedos acaban por cerrarse en torno al asa.) ¡Sigan sujetándolo! (Igual operación con el cesto.) ¡Ea!, ya pueden soltarlo. (ESTRAGÓN y VLADIMIR se separan de LUCKY, que da un traspié, vacila, se dobla, pero consigue mantenerse en pie, con la maleta y el cesto en las manos. POZZO retrocede, y restalla el látigo.) ¡Adelante! (LUCKY avanza.) ¡Atrás! (LUCKY retrocede.) ¡Vuélvete! (LUCKY se vuelve.) ¡Ya está, puede andar! (Volviéndose hacia ESTRAGÓN y VLADIMIR.) Gracias señores, y permítanme... (Rebusca en sus bolsillos.) ...desearles... (Rebusca.),.. desearles... (Rebusca.) . ..pero ¿dónde tengo mi reloj? (Rebusca.) ¡Lo que faltaba! (Levanta la cabeza, con el rostro descompuesto.) Un auténtica saboneta. Señores, con segundero. Me la dio mi abuelito (Rebusca.) Puede que se haya caído. (Busca por el suelo, así como VLADIMIR y ESTRAGÓN. POZZO revuelve con el pie los restos del sombrero de LUCKY.) ¡Es el colmo!
VLADIMIR.- Quizá esté en el bolsillo del chaleco.
POZZO.- ¡Esperen! (Se inclina, y, aproximando su cabeza al vientre, escucha.) ¡No oigo nada! (Les hace señas de que se acerquen.) Vengan a ver. (ESTRAGÓN y VLADIMIR van hacia él v se inclinan sobre su vientre. Silencio.) Se debería oír el tictac.
VLADIMIR.- ¡Silencio! (Todos escuchan inclinados.)
ESTRAGÓN.- Yo oigo algo.
POZZO.- ¿Dónde?
VLADIMIR.- Es el corazón.
POZZO.- (Decepcionado.) ¡A la mierda!
VLADIMIR.- ¡Silencio! (Escuchan.)
ESTRAGÓN.- Quizá se haya parado. (Se yerguen.)
POZZO.- ¿Quién de ustedes huele tan mal?
ESTRAGÓN.- A este le huele la boca; a mí, los pies.
POZZO.- Los dejo.
ESTRAGÓN.- ¿Y su saboneta?
POZZO.- He debido dejarla en el castillo.
ESTRAGÓN.- Entonces, adiós.
POZZO.- Adiós.
VLADIMIR.- Adiós.
ESTRAGÓN.- Adiós. (Silencio. Nadie se mueve.)
VLADIMIR.- Adiós.
POZZO.- Adiós.
ESTRAGÓN.- Adiós. (Silencio.)
POZZO.-Y gracias.
VLADIMIR.- A usted.
POZZO.- De nada.
ESTRAGÓN.- Sí, sí.
POZZO.- No, no.
VLADIMIR.- Sí, si.
ESTRAGÓN.- No, no. (Silencio.)
POZZO.- No acabo. (Vacila.) ...de marcharme.
ESTRAGÓN.- ¡Así es la vida! (POZZO se vuelve, se aleja de LUCKY hacia el lateral, soltando cuerda a medida que se retira.)
VLADIMIR.- Se ha equivocado de camino.
POZZO.- Necesito carrerilla. (Al llegar al extremo de la cuerda, es decir, al bastidor, se detiene, se vuelve y grita:) ¡Apártense! (ESTRAGÓN y VLADIMIR se sitúan en el foro, mirando hacia POZZO. Ruido de látigo.) ¡Adelante! (LUCKY no se mueve.)
ESTRAGÓN.- ¡Adelante!
VLADIMIR.- ¡Adelante! (Ruido de látigo. LUCKY se pone en marcha.)
POZZO.- ¡Más deprisa! (Sale del lateral, atraviesa el escenario tras LUCKY. ESTRAGÓN y VLADIMIR se descubren, agitan la mano. LUCKY sale. POZZO chasquea la cuerda y el látigo:) ¡Más deprisa! ¡Más deprisa! (En el momento en que va a desaparecer, POZZO se detiene y se vuelve. La cuerda se tensa. Ruido de LUCKY, que cae.) ¡Mi silla! (VLADIMIR va a buscar la silla y se la da a POZZO, quien la arroja hacía LUCKY.) ¡Adiós!
ESTRAGÓN y VLADIMIR.- (Agitando la mano.) ¡Adiós! ¡Adiós!
POZZO.- ¡De pie! ¡Puerco! (Ruido de LUCKY, que se levanta.) ¡Adelante! (POZZO sale. Ruido del látigo.) ¡Adelante! ¡Adiós! ¡Más deprisa! ¡Puerco! ¡Arre! ¡Adiós! (Silencio.)
VLADIMIR.- Nos ha hecho pasar el rato.
ESTRAGÓN.- Sin esto hubiera pasado igual.
VLADIMIR.- Sí, pero más despacio. (Pausa.)
ESTRAGÓN.- ¿Qué hacemos ahora?
VLADIMIR.- No sé.
ESTRAGÓN.- Vámonos.
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Pausa.)
VLADIMIR.- Han cambiado mucho.
ESTRAGÓN.- ¿Quiénes?
VLADIMIR.- Esos dos.
ESTRAGÓN.- Eso es. Charlemos un poco.
VLADIMIR.- ¿No es verdad que han cambiado mucho?
ESTRAGÓN.- Es probable. Solo nosotros no cambiamos.
VLADIMIR.- ¿Probable? Sin duda. ¿Los has visto bien?
ESTRAGÓN.- Como quieras. Pero no los conozco.
VLADIMIR.- Pues claro que los conoces.
ESTRAGÓN.- Pues claro que no.
VLADIMIR.- Te digo que los conocemos. Te olvidas de todo. (Pausa.) A menos que no sean los mismos.
ESTRAGÓN.- La prueba es que no nos han reconocido.
VLADIMIR.- Eso no quiere decir nada. Yo también he hecho como que no los reconocía. Además, a nosotros nunca nos reconocen.
ESTRAGÓN.- ¡Basta! Lo que hace falta... ¡Ay! (VLADIMIR no se inmuta.) ¡Ay!
VLADIMIR.- A menos que no sean los mismos.
ESTRAGÓN.- ¡Didi! ¡Es el otro pie! (Se dirige cojeando hacia el lugar en que estaba sentado al levantarse el telón.)
MUCHACHO.- (Dentro.) ¡Señor! (ESTRAGÓN se detiene. Ambos miran hacia donde sonó la voz.)
ESTRAGÓN.- Esto vuelve a empezar.
VLADIMIR.- Acércate, hijo. (Entra temerosamente un MUCHACHO. Se detiene.)
MUCHACHO.- ¿El señor Alberto?
VLADIMIR.- Soy yo.
ESTRAGÓN.- ¿Qué quieres?
VLADIMIR.- Ven aquí. (El MUCHACHO no se mueve.)
ESTRAGÓN.- (Con energía.) ¡Ven aquí, te digo! (El MUCHACHO avanza temerosamente, se detiene.)
VLADIMIR.- ¿Qué pasa?
MUCHACHO.- El señor Godot... (Se calla.)
VLADIMIR.- Naturalmente. (Pausa.) Acércate. (El MUCHACHO no se mueve.)
ESTRAGÓN.- (Con energía.) ¡Te dicen que te acerques! (El MUCHACHO avanza temerosamente, se detiene.) ¿Por qué vienes tan tarde?
VLADIMIR.- ¿Traes un mensaje del señor Godot?
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIRO.- Pues venga, dilo.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué vienes tan tarde? (El MUCHACHO los mira uno tras otro, sin saber a cuál de los dos contestar.)
VLADIMIR.- (A ESTRAGÓN.) Déjalo tranquilo.
ESTRAGÓN.-(A VLADIMIR.) ¡A mí déjame en paz! (Dirigiéndose hacia el MUCHACHO.) ¿Sabes qué hora es?
MUCHACHO.- (Retrocediendo.) ¡Yo no tengo la culpa, señor!
ESTRAGÓN.- La tendré yo, entonces.
MUCHACHO.- Tenia miedo, señor.
ESTRAGÓN.- ¿Miedo de qué? ¿De nosotros? (Pausa.) ¡Contesta!
VLADIMIR.- Ya sé; eran los otros los que le daban miedo.
ESTRAGÓN.- ¿Cuánto tiempo hace que estás ahí?
MUCHACHO.- Hace un momento, señor.
VLADIMIR.- ¿Te daba miedo el látigo?
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR.- ¿Los gritos?
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR.- ¿Los dos señores?
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR.- ¿Los conoces?
MUCHACHO.- No, señor.
VLADIMIR.- ¿Eres de aquí?
MUCHACHO.- Sí, señor.
ESTRAGÓN.- ¡Todo eso es una sarta de mentiras! (Coge al MUCHACHO por el brazo, lo zarandea.) ¡Dinos la verdad!
MUCHACHO.- (Temblando.) ¡Pero si es la verdad, señor!
VLADIMIR.- ¡Déjalo en paz de una vez! ¿Qué te pasa? (ESTRAGÓN suelta al MUCHACHO, retrocede, se lleva las manos a la cara. VLADIMIR y el MUCHACHO lo miran. ESTRAGÓN descubre su cara, descompuesta.) ¿Qué te pasa?
ESTRAGÓN.- Soy desgraciado.
VLADIMIR.- ¡No me digas! ¿Desde cuándo?
ESTRAGÓN.- Lo había olvidado.
VLADIMIR.- La memoria nos hace estas jugarretas. (ESTRAGÓN quiere hablar y renuncia, va cojeando a sentarse y comienza a descalzarse. Al MUCHACHO.) Bueno, ¿qué?...
MUCHACHO.- El señor Godot...
VLADIMIR.- (Interrumpiéndole.)Ya te he visto otra vez, ¿no?
MUCHACHO.- No sé, señor.
VLADIMIR.- ¿No me conoces?
MUCHACHO.- No, señor.
VLADIMIR.- ¿No viniste ayer?
MUCHACHO.- No, señor.
VLADIMIR.- ¿Es la primera vez que vienes?
MUCHACHO.- Si, señor. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¡Qué bien te sabes el papel! (Pausa.) Bueno, sigue.
MUCHACHO.- (De un tirón.) El señor Godot me ha dicho que les diga que no vendrá esta noche, sino que seguramente mañana.
VLADIMIR.- ¿Eso es todo?
MUCHACHO.- Si, señor.
VLADIMIR.- ¿Trabajas para el señor Godot?
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR.- ¿Qué haces?
MUCHACHO.- Cuido de las cabras, señor.
VLADIMIR.- ¿Es amable contigo?
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR.- ¿No te pega?
MUCHACHO.- No, señor, a mí no.
VLADIMIR.- ¿A quién pega?
MUCHACHO.- A mi hermano, señor.
VLADIMIR.- ¡Ah!, ¿tienes un hermano?
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR. ¿Y qué hace?
MUCHACHO.- Cuida de las ovejas, señor.
VLADIMIR.- ¿Y por qué a ti no te pega?
MUCHACHO.- No lo sé, señor.
VLADIMIR.- Debe de quererte.
MUCHACHO.- No lo sé, señor.
VLADIMIR.- ¿Te da bien de comer? duda.) Que si te da bien de comer.
MUCHACHO.- Muy bien, señor.
VLADIMIR.- ¿No eres desgraciado? (El MUCHACHO duda.) ¿Me comprendes?
MUCHACHO.- Si, señor.
VLADIMIR.- Pues ¿entonces?
MUCHACHO.- No sé, señor.
VLADIMIR. ¿No sabes si eres desgraciado o no?
MUCHACHO.- No, señor.
VLADIMIR.- Como yo. (Pausa.) ¿Dónde duermes?
MUCHACHO.- En el granero, señor.
VLADIMIR.- ¿Con tu hermano?
MUCHACHO.- Si, señor.
VLADIMIR.- ¿En el heno?
MUCHACHO.- Sí, señor. (Pausa.)
VLADIMIR.- Bueno, vete.
MUCHACHO.- ¿Qué tengo que decirle al señor Godot, señor?
VLADIMIR.- Dile... (Vacila.) Dile que nos has visto. (Pausa.) Nos has visto, ¿verdad?
MUCHACHO.- Si, señor. (Retrocede, vacila, se vuelve y sale corriendo.) (La luz empieza a disminuir bruscamente. En un momento ha cerrado la noche. Sale la luna, al fondo> se eleva en el firmamento, se para, inundando la escena de una plateada claridad.)
VLADIMIR.- ¡Al fin! (ESTRAGÓN se levanta y se dirige hacia VLADIMIR, con los dos zapatos en la mano. los pone junto a la batería, se yergue y mira a la luna.) ¿Qué haces?
ESTRAGÓN.- Lo que tú, mirando a la luna.
VLADIMIR.- Quiero decir, con tus zapatos.
ESTRAGÓN.- Los dejo ahí. (Pausa.) Alguien vendrá tan..., tan... como yo, pero calzando un número menor y lo harán feliz.
VLADIMIR.- Pero tú no puedes andar descalzo.
ESTRAGÓN.- Jesús lo hizo.
VLADIMIR.- ¡Jesús! ¿Y qué tiene que ver? ¡No irás a compararte con él!
ESTRAGÓN.- Toda mi vida me he comparado con él.
VLADIMIR.- Pero allá hacia calor. ¡Hacía buen tiempo!
ESTRAGÓN.- Sí. Y al menor descuido, crucificaban. (Silencio.)
VLADIMIR.- Ya no tenemos nada que hacer aquí.
ESTRAGÓN.- Ni en ninguna parte.
VLADIMIR.- Vamos, Gogo, no seas así. Mañana todo irá mejor.
ESTRAGÓN.- ¿Y cómo lo sabes?
VLADIMIR.- ¿No has oído lo que dijo el chiquillo?
ESTRAGÓN.- NO.
VLADIMIR.- Dijo que Godot seguramente vendrá mañana. (Pausa.) ¿No te dice nada eso?
ESTRAGÓN.- Entonces, hay que esperar aquí.
VLADIMIR.- ¡Estás loco! ¡Hay que cobijarse! (Cojo a ESTRAGÓN por el brazo.) Ven (Lo conduce. Al principio ESTRAGÓN se deja llevar, después se resiste. Se detienen.)
ESTRAGÓN.- (Mirando el árbol.) ¡Lástima que no tengamos un pedazo de cuerda!
VLADIMIR.- Ven. Empieza a hacer frío. (Lo conduce. los mismos movimientos que antes.)
ESTRAGÓN.- Recuérdame mañana que traiga una cuerda.
VLADIMIR.- Sí. Ven. (lo conduce. Igual juego.)
ESTRAGÓN.- ¿Cuánto tiempo hace que estamos siempre juntos?
VLADIMIR.- No sé. Quizá cincuenta años.
ESTRAGÓN.- ¿Te acuerdas del día que me arrojo al río? (Ródano / Durance dependiendo de la traducción; N. Del E.)
VLADIMIR.- Estábamos en la vendimia.
ESTRAGÓN.- Tú me sacaste.
VLADIMIR.- ¡Quién se acuerda de eso!
ESTRAGÓN.- Mi ropa se secó al sol.
VLADIMIR.- No pienses más. Ven. (El mismo juego).
ESTRAGÓN.- Espera.
VLADIMIR.- Tengo frío.
ESTRAGÓN.- Me pregunto si no hubiera sido mejor que cada uno fuera por su lado. (Pausa.) Quizá no estemos hechos el uno para el otro.
VLADIMIR.- (Sin enfadarse.) No se sabe.
ESTRAGÓN.- No, no se sabe nada.
VLADIMIR.- Aún estamos a tiempo de separarnos si crees que es mejor.
ESTRAGÓN.- Ahora, ya no vale la pena. (Silencio.)
VLADIMIR.- ES verdad, ahora ya no vale la pena. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¡Qué!, ¿nos vamos?
VLADIMIR.- Vámonos. (No se mueven.)
 
 
 
TELÓN
 
 
 
 
ACTO SEGUNDO
 
 
 
 
Al día siguiente. La misma hora. El mismo lugar. Junto a la batería, los zapatos de ESTRAGÓN pegados por los talones, separados por las puntas. El sombrero de LUCKY, en el mismo sitio. El árbol tiene algunas hojas.
 
Entra VLADIMIR rápidamente. Se detiene y mira despacio al árbol. Después, de repente, comienza a recorrer la escena en todas direcciones. Queda inmóvil de nuevo ante los zapatos, se inclina, coge uno, lo examina, lo huele y vuelve a dejarlo cuidadosamente en su sitio. Reanuda sus paseos por la escena. Se detiene junto al lateral derecho, mira durante buen rato a los lejos, con la mano como pantalla. Va de un lado para otro. Se detiene junto al lateral izquierdo; igual juego. Va de un lado para otro. Se detiene bruscamente, junta las manos sobre el pecho, echa la cabeza hacia atrás y se pone a cantar a voz en grito:
 
VLADIMIR.- En la despensa... (Ha empezado demasiado bajo; se detiene, tose y canta más alto:))
 
En la despensa entró un perro
y apañuscó una salchicha.
A golpes el cocinero.
con un cazo lo hizo trizas.
Los otros perros se enteran y lo entierran al instante...
 
(Se detiene, se concentra y después sigue:)
 
Los otros perros se enteran
y lo entierran al instante,
bajo una cruz de madera
en donde lee el caminante:
En la despensa entró un perro
y apañuscó una salchicha.
A golpes el cocinero
con un cazo lo hizo trizas.
Los otros perros se enteran
y lo entierran al instante...
 
(Se detiene. Igual juego.)
 
Los otros perros se enteran y lo entierran al instante.
 
(Se detiene. Igual juego. Más bajo.)
 
y lo entierran al instante...
 
(Se calla, permanece inmóvil un momento; después vuelve a recorrer febrilmente el escenario en todas direcciones. Nuevamente se para ante el árbol, va de un lado para otro, se detiene ante los zapatos> va de un lado para otro, corre al lateral izquierdo, mira a lo lejos, luego corre hacia el derecho, mira a lo lejos. En este momento entra ESTRAGÓN por el lateral izquierdo, descalzo, cabizbajo, y cruza lentamente el escenario. VLADIMIR se vuelve y lo ve.)
VLADIMIR.- ¡Otra vez tú! (ESTRAGÓN se para, pero no levanta la cabeza. VLADIMIR se dirige hacia él.) ¡Ven que te abrace.
ESTRAGÓN.-¡No me toques! (VLADIMIR, afligido, frena su impulso. Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Quieres que me vaya? (Pausa.) ¡Gogo! (Pausa. VLADIMIR lo mira con atención.) ¿Te han sacudido? (Pausa.) ¡Gogo! (ESTRAGÓN sigue callado, cabizbajo.) ¿Dónde has pasado la noche? (Silencio. VLADIMIR avanza.)
ESTRAGÓN.- ¡No me toques! ¡No me preguntes nada! ¡No me digas nada! ¡Quédate conmigo!
VLADIMIR.- ¿Te he dejado alguna vez?
ESTRAGÓN.- Me has dejado ir.
VLADIMIR.- ¡Mírame! (ESTRAGÓN no se mueve. Con voz potente.) ¡Te digo que me mires! (ESTRAGÓN levanta la cabeza. Se miran largamente, retrocediendo, avanzando e inclinando la cabeza como ante una obra de arte, y cada vez más temblorosamente va el uno hacia el otro; después, súbitamente, se abrazan y se dan palmadas en la espalda. Concluye el abrazo. ESTRAGÓN, sin apoyo, se tambalea.)
ESTRAGÓN.- ¡Vaya día!
VLADIMIR.- ¿Quién te ha zurrado? Cuéntame.
ESTRAGÓN.- ¡Vaya, ya acabó otro día!
VLADIMIR.- Todavía no.
ESTRAGÓN.- Pase lo que pase, para mí ha terminado. (Silencio.) Te oí cantar hace un momento.
VLADIMIR.- Es verdad, lo recuerdo.
ESTRAGÓN.- Me ha producido pena. Me decía: «Está solo, cree que me he ido para siempre y canta.»
VLADIMIR.- No podemos mandar en nuestro estado de ánimo. Durante todo el día me he sentido extraordinariamente bien. (Pausa.) En toda la noche no me he levantado una sola vez.
ESTRAGÓN.- (Con tristeza.) ¿Lo ves? Meas mejor cuando yo no estoy.
VLADIMIR.- Me faltabas tú..., y, al mismo tiempo, estaba contento. ¿No es curioso?
ESTRAGÓN.- (Enfadado.) ¿Contento?
VLADIMIR.- (Tras reflexionar.) Quizá no sea esa la palabra.
ESTRAGÓN.- ¿Y ahora?
VLADIMIR.- (Pensándolo.) Ahora... (Alegre.) estás aquí... (Indiferente.) estamos aquí... (Triste.) estoy aquí.
ESTRAGÓN.- ¿Lo ves? Estas peor cuando estoy aquí. También yo me encuentro mejor solo.
VLADIMIR.- (Ofendido.) Entonces, ¿por qué vuelves siempre?
ESTRAGÓN.- No lo sé.
VLADIMIR.- Pues yo silo sé. Porque no sabes defenderte. Yo no hubiera dejado que te pegaran.
ESTRAGÓN.- No habrías podido impedirlo.
VLADIMIR.- ¿Por qué?
ESTRAGÓN.- Eran diez.
VLADIMIR.- No, hombre, no; quiero decir que habría impedido que te expusieras a que te pegaran.
ESTRAGÓN.- Yo no hacía nada.
VLADIMIR.- Entonces, ¿por qué te han pegado?
ESTRAGÓN.- No lo sé.
VLADIMIR.- No, Gogo, mira: hay cosas que a ti se te escapan y a mí no. Debes darte cuenta.
ESTRAGÓN.- Te digo que no hacia nada.
VLADIMIR.- Puede que no. Pero hay formas, hay formas, cuando uno quiere cuidar su pellejo. [Bueno, no hablemos más de esto. Has vuelto y estoy muy contento.]
ESTRAGÓN.- Eran diez.
VLADIMIR.- Tú también debes estar contento en el fondo confiésalo.
ESTRAGÓN.- Contento, ¿de qué?
VLADIMIR.- De haber vuelto a encontrarme.
ESTRAGÓN.- ¿Te parece?
VLADIMIRO.- Dilo, aunque no sea verdad.
ESTRAGÓN.- ¿Qué tengo que decir?
VLADIMIR.- Di: estoy contento.
ESTRAGÓN.- Estoy contento.
VLADIMIR.- Yo también.
ESTRAGÓN.- Yo también.
VLADIMIR.- Estamos contentos.
ESTRAGÓN.- Estamos contentos. (Silencio.) ¿Y qué hacemos ahora que estamos contentos?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
 
(Silencio.)
 
VLADIMIR.- Hay algo nuevo aquí desde ayer.
ESTRAGÓN.- ¿Y si no viene?
VLADIMIR.- (Después de un momento de incomprensión.) Ya veremos. (Pausa.) Te digo que hay algo nuevo aquí desde ayer.
ESTRAGÓN.- Todo rezuma.
VLADIMIR.- Mira el árbol.
ESTRAGÓN.- No se mete uno dos veces en el mismo
VLADIMIR.- Te digo que mires el árbol. (ESTRAGÓN mira el árbol.)
ESTRAGÓN.- ¿No estaba ayer?
VLADIMIR.- Pues claro que sí. No te acuerdas. Y por un pelo no nos ahorcamos. (Reflexiona.) Sí, exactamente (Separando las palabras.), no... nos... ahorcamos. (Reflexiona) Pero tú no quisiste. ¿Te acuerdas?
ESTRAGÓN.- Lo has soñado.
VLADIMIR.- ¿Es posible que ya lo hayas olvidado?
ESTRAGÓN.- Soy así. U olvido en seguida o no olvido nunca.
VLADIMIR.- Y Pozzo y Lucky, ¿los has olvidado también?
ESTRAGÓN.- ¿Pozzo y Lucky?
VLADIMIR.- ¡Lo ha olvidado todo!
ESTRAGÓN.- Me acuerdo de un energúmeno que me pegó patadas. Después hizo el tonto.
VLADIMIR.- ¡Era Lucky!
ESTRAGÓN.- De eso me acuerdo. Pero ¿cuándo fue?
VLADIMIR.- Y del que lo llevaba, ¿te acuerdas?
ESTRAGÓN.- Me dio huesos.
VLADIMIR.- ¡Era Pozzo!
ESTRAGÓN.- ¿Y dices que todo eso fue ayer?
VLADIMIR.- Pues claro.
ESTRAGÓN.- ¿Y en este sitio?
VLADIMIR.- Claro que si! ¿No lo reconoces?
ESTRAGÓN.- (Repentinamente furioso.) ¡Reconoces! ¿Qué hay que reconocer? ¡He pasado mi perra vida en la miseria! ¡Y quieres que vea matices! (Mirada alrededor.) ¡Mira esta basura. ¡Nunca me he movido de ella!
VLADIMIR.- Cálmate, cálmate.
ESTRAGÓN.- ¡Así que déjame en paz con tus paisajes! ¡Háblame de las alcantarillas!
VLADIMIR.- ¡Sin embargo, no irás a decirme que esto (Gesto.) se parece a Vaucluse! Hay una gran diferencia.
ESTRAGÓN.- ¡Vaucluse! ¿Quién te habla de Vaucluse?
VLADIMIR.- Pues tú has estado en Vaucluse.
ESTRAGÓN.- ¡No, nunca he estado en Vaucluse! Te digo que me he tirado aquí toda mi puta existencia. ¡Aquí! ¡En Mierdacluse!
VLADIMIR.- Sin embargo, hemos estado juntos en Vaucluse; pondría la mano en el fuego. Hicimos la vendimia, acuérdate, en casa de un tal Bonelly, en el Rosellón.
ESTRAGÓN.- (Más tranquilo.) Quizá. No noté nada.
VLADIMIR.- ¡Pero si allí todo es rojo!
ESTRAGÓN.- (Exasperado.) ¡Te digo que no noté nada! (Silencio. VLADIMIR suspira profundamente.)
VLADIMIR.- Eres un hombre difícil, Gogo.
ESTRAGÓN.- Lo mejor sería separarnos.
VLADIMIR.- Siempre dices lo mismo. Y siempre vuelves. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- El único remedio seria matarme, como el otro.
VLADIMIR.- ¿Qué otro? (Pausa.) ¿Qué otro?
ESTRAGÓN.- Como billones de otros.
VLADIMIR.- (Sentencioso.) A cada cual, su cruz. (Suspira.) Dure lo que dure, el final llega pronto.
ESTRAGÓN.- Mientras, intentemos hablar sin exaltarnos, ya que somos incapaces de estarnos callados.
VLADIMIRO.- Es verdad, somos incansables.
ESTRAGÓN.- Es para no pensar.
VLADIMIR.- Está justificado.
ESTRAGÓN.- Es para no escuchar.
VLADIMIR.- Tenemos nuestras razones.
ESTRAGÓN.- Todas las voces muertas.
VLADIMIR.- Es como un ruido de alas.
ESTRAGÓN.- De hojas.
VLADIMIR.- De arena.
ESTRAGÓN.- De hojas. (Silencio.)
VLADIMIR.- Hablan todas al mismo tiempo.
ESTRAGÓN.- Cada una para sí. (Silencio.)
VLADIMIR.- Más bien cuchichean.
ESTRAGÓN.- Murmuran.
VLADIMIR.- Susurran.
ESTRAGÓN.- Murmuran. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Qué dicen?
ESTRAGÓN.- Hablan de su vida.
VLADIMIR.- No les basta haber vivido.
ESTRAGÓN.- Es necesario que hablen.
VLADIMIR.- No les basta con estar muertas.
ESTRAGÓN.- No es suficiente. (Silencio.)
VLADIMIR.- Es como un ruido de plumas.
ESTRAGÓN.- De hojas.
VLADIMIR.- De cenizas.
ESTRAGÓN.- De hojas. (Largo silencio.)
VLADIMIR.- ¡Di algo!
ESTRAGÓN.- Estoy buscando de qué hablar. (Largo silencio.)
VLADIMIR.- (Angustiado.) ¡Di cualquier cosa!
ESTRAGÓN.- ¿Qué hacemos ahora?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¡Qué difícil resulta!
ESTRAGÓN.-¿Y si cantaras?
VLADIMIR.- No, no. (Piensa.) Lo que hay que hacer es empezar de nuevo.
ESTRAGÓN.- Eso no me parece difícil, desde luego.
VLADIMIR.- Lo difícil es el comienzo.
ESTRAGÓN.- Se puede comenzar con cualquier cosa.
VLADIMIR.- Sí, pero hay que decidirse.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¡Ayúdame!
ESTRAGÓN.- Estoy buscando algo que decir. (Silencio.)
VLADIMIR.- Cuando se busca, se oye.
ESTRAGÓN.- ES verdad.
VLADIMIR.- Eso impide encontrar.
ESTRAGÓN.- Así es.
VLADIMIR.- Impide pensar.
ESTRAGÓN.-A pesar de todo, se piensa.
VLADIMIR.- De ninguna manera, es imposible.
ESTRAGÓN.- Ya está, contradigámonos.
VLADIMIR.- Imposible.
ESTRAGÓN.- ¿Te parece?
VLADIMIR.- Ya no hay peligro de que pensemos.
ESTRAGÓN.- Entonces, ¿de qué nos quejamos?
VLADIMIR.- Lo peor no es pensar.
ESTRAGÓN.- Claro, claro, pero eso ya es algo.
VLADIMIR.- ¿Por qué eso ya es algo?
ESTRAGÓN.- Estupendo, hagámonos preguntas.
VLADIMIR.- ¿Qué quieres decir con que eso ya es algo?
ESTRAGÓN.- Que ya es algo menos.
VLADIMIR.- Evidentemente.
ESTRAGÓN.- Pues bien, ¿y si nos creyéramos dichosos?
VLADIMIR.- Lo que es terrible es haber pensado.
ESTRAGÓN.- Pero ¿nos ha ocurrido alguna vez?
VLADIMIR.- ¿De dónde han salido todos esos cadáveres?
ESTRAGÓN.- Esas osamentas.
VLADIMIR.- Si, claro.
ESTRAGÓN.- Eso digo yo.
VLADIMIR.- Hemos debido pensar un poco.
ESTRAGÓN.- Justamente al principio.
VLADIMIR.- Un osario, un osario.
ESTRAGÓN.- No hay más que no mirar.
VLADIMIR.- No se puede evitar.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- Se quiera o no se quiera.
ESTRAGÓN.- ¿Cómo?
VLADIMIR.- Se quiera o no se quiera.
ESTRAGÓN.- Habría que volverse de una vez a la Naturaleza.
VLADIMIR.- Ya lo hemos intentado.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- ¡Oh!, no es eso lo peor, desde luego.
ESTRAGÓN.- ¿El qué?
VLADIMIR.- Haber pensado.
ESTRAGÓN.- Evidentemente.
VLADIMIR.- Hubiéramos podido no hacerlo.
ESTRAGÓN.- ¡Qué quieres!
VLADIMIR.- Claro, claro. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- No estaba mal para empezar.
VLADIMIR.- Sí, pero ahora habrá que encontrar otra cosa.
ESTRAGÓN.- Veamos.
VLADIMIR.- Veamos.
ESTRAGÓN.- Veamos. (Reflexionan.)
VLADIMIR.- ¿Qué estaba diciendo? Podríamos seguir desde ahí.
ESTRAGÓN.- ¿Cuándo?
VLADIMIR.- Al principio justamente.
ESTRAGÓN.- ¿Al principio de qué?
VLADIMIR.- Esta noche. Decía..., decía...
ESTRAGÓN.- ¡Caramba! Preguntas demasiado. **
VLADIMIR.- Espera... Nos hemos abrazado..., estábamos contentos..., contentos... ¿Qué hacemos ahora que estamos contentos?... Esperamos..., vamos a ver..., ya está..., esperamos... Ahora que estamos contentos..., esperamos... A ver... ¡Ah! ¡El árbol!
ESTRAGÓN.- ¿El árbol?
VLADIMIR.- ¿No te acuerdas?
ESTRAGÓN.- Estoy cansado.
VLADIMIR.- Míralo. (ESTRAGÓN mira el árbol.)
ESTRAGÓN.- NO veo nada.
VLADIMIR.- Pues anoche estaba negro y esquelético. ¡Hoy está cubierto de hojas!
ESTRAGÓN.- ¿De hojas?
VLADIMIR.- ¡En una sola noche!
ESTRAGÓN.- Debe ser primavera.
VLADIMIR.- Pero ¡en una sola noche!
ESTRAGÓN.- Te digo que anoche no estuvimos aquí. Has vuelto a tener otra pesadilla.
VLADIMIR.-Y, según tú, ¿dónde estábamos anoche?
ESTRAGÓN.- No lo sé. En otra parte. En otro compartimiento. No es el vacío lo que falta.
VLADIMIR.-(Seguro de lo que dice.) Bueno. No estuvimos ayer aquí. En ese caso, ¿qué hicimos anoche?
ESTRAGÓN.- ¿Que qué hicimos anoche?
VLADIMIR.- Trata de recordarlo.
ESTRAGÓN.- Pues... estaríamos charlando.
VLADIMIR.- (Dominándose.) ¿Sobre qué?
ESTRAGÓN.- ¡Oh de todo un poco, quizá; sin ton ni son. (Con seguridad.) Ya está, ya me acuerdo: anoche estuvimos charlando sin ton ni son. Hace medio siglo que nos ocurre lo mismo.
VLADIMIR.-¿NO te acuerdas de ningún hecho, de ninguna circunstancia?
ESTRAGÓN.- (Cansado.) No me atormentes, Didi.
VLADIMIR.- ¿El sol? ¿La luna? ¿No recuerdas?
ESTRAGÓN.- Debían estar allí, como de costumbre.
VLADIMIR.- ¿No notaste nada especial?
ESTRAGÓN.- ¡Vaya!
VLADIMIR.- ¿Y Pozzo? ¿Y Lucky?
ESTRAGÓN.- ¿Pozzo?
VLADIMIR.- Los huesos.
ESTRAGÓN.- Pues parecían raspas.
VLADIMIR.- Pozzo te los dio.
ESTRAGÓN.- No lo sé.
VLADIMIR.- ¿Y la patada?
ESTRAGÓN.- ¿La patada?' Es verdad, me pegaron patadas.
VLADIMIR.- Lucky te las pegó.
ESTRAGÓN.- ¿Y todo eso fue ayer?
VLADIMIR.- Déjame ver tu pierna.
ESTRAGÓN.- ¿Cuál?
VLADIMIR.- Las dos. Súbete el pantalón. (ESTRAGÓN, apoyado en un pie, tiende la pierna hacia VLADIMIRO y está a punto de caer. VLADIMIR le coge la pierna. ESTRAGÓN se tambalea.) Súbete el pantalón.
ESTRAGÓN.- (Vacilando.) No puedo. (VLADIMIR levanta el pantalón, mira la pierna y la deja. ESTRAGÓN está a punto de caer.)
VLADIMIR.- La otra. (ESTRAGÓN le ofrece la misma pierna.) ¡Te digo que la otra! (Igual juego con la otra pierna.) Vaya, la herida está a punto de infectarse.
ESTRAGÓN.-¿Y qué?
VLADIMIR.- ¿Dónde están tus zapatos?
ESTRAGÓN.- He debido tirarlos.
VLADIMIR.- ¿Cuándo?
ESTRAGÓN.- No sé.
VLADIMIR.- ¿Por qué?
ESTRAGÓN.- No recuerdo.
VLADIMIR.- No, quiero decir que por qué los has tirado.
ESTRAGÓN.- Me hacían daño.
VLADIMIR.- (Enseñándole los zapatos.) Míralos. (ESTRAGÓN mira los zapatos.) En el mismo sitio en que los dejaste anoche. (ESTRAGÓN se dirige hacia los zapatos, se inclina y los inspecciona de cerca.)
ESTRAGÓN.- No son los míos.
VLADIMIR.- ¿Que no son los tuyos?
ESTRAGÓN.- Los míos eran negros. Estos son amarillos.
VLADIMIR.- ¿Estás seguro de que los tuyos eran negros?
ESTRAGÓN.- Es decir, eran grises.
VLADIMIR.- ¿Y estos son amarillos? A ver.
ESTRAGÓN.- (Levantando un zapato.) Bueno, son verdosos.
VLADIMIR.- (Avanzando) A ver. (ESTRAGÓN le da el zapato. VLADIMIR lo mira y lo tira indignado.) ¡Vaya, hombre!
ESTRAGÓN.- ¿Lo ves? Todo esto es...
VLADIMIR.- Ya veo lo que es. Sí, ya veo lo que ha ocurrido.
ESTRAGÓN.- Todo esto es...
VLADIMIR.- Más claro que el agua. Llegó un individuo, cogió los tuyos y dejó los suyos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Los suyos no le estaban bien. Y entonces cogió los tuyos.
ESTRAGÓN.- Pero los míos eran muy pequeños.
VLADIMIR.- Para ti. No para él.
ESTRAGÓN.- Estoy cansado. (Pausa.) Vámonos.
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Pausa.) Entonces, ¿qué hacemos?
VLADIMIR.- No hay nada que hacer.
ESTRAGÓN.- Yo no puedo más.
VLADIMIR.- ¿Quieres un rábano?
ESTRAGÓN.- ¿No hay otra cosa?
VLADIMIR.- Hay rábanos y nabos.
ESTRAGÓN.- ¿No quedan zanahorias?
VLADIMIR.- No. Además, eres un exagerado con las zanahorias.
ESTRAGÓN.- En ese caso, dame un rábano. (VLADIMIR hurga en sus bolsillos y no encuentra más que nabos; extrae finalmente un rábano y se lo da a ESTRAGÓN, quien lo examina y lo huele.) ¡Es negro!
VLADIMIR.- Es un rábano.
ESTRAGÓN.- Solo me gustan los rosados, ya lo sabes.
VLADIMIR.- Conque ¿no lo quieres?
ESTRAGÓN.- ¡Solo me gustan los rosados!
VLADIMIR.- Entonces, ¡devuélvemelo! (ESTRAGÓN se lo de devuelve.)
ESTRAGÓN.- Voy a buscar una zanahoria. (No se mueve.)
VLADIMIR.- Esto se está haciendo insignificante.
ESTRAGÓN.- Todavía no mucho. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Y si te los probaras?
ESTRAGÓN.- Ya lo he probado todo.
VLADIMIR.- Me refiero a los zapatos.
ESTRAGÓN.- ¿Te parece?
VLADIMIR.- Así pasaremos el tiempo. (ESTRAGÓN duda.) Será un entretenimiento, ya verás.
ESTRAGÓN.- Un descanso.
VLADIMIR.- Una distracción.
ESTRAGÓN.- Un descanso.
VLADIMIR.- Inténtalo.
ESTRAGÓN.- ¿Me ayudarás?
VLADIMIR.- Naturalmente.
ESTRAGÓN.- No nos las arreglamos mal juntos, ¿verdad, Didi?
VLADIMIR.- Pues claro. Anda, pruébate primero el izquierdo.
ESTRAGÓN.- ¿Verdad, Didi, que siempre encontramos algo que nos da la sensación de existir?
VLADIMIRO.- (Impaciente.) Pues claro, claro, somos magos. Pero no nos descuidemos de lo que llevamos entre manos. (Coge un zapato.) Ven, dame el pie. (ESTRAGÓN se acerca y levanta el pie.) ¡El otro, cerdo! (ESTRAGÓN levanta el otro pie.) ¡Más alto! (Pegados el uno al otro, recorren tambaleantes toda la escena. Al fin, VLADIMIR consigue ponerle el zapato.) Trata de andar. (ESTRAGÓN anda.) ¿Qué tal?
ESTRAGÓN.- Me está bien.
VLADIMIR.-(Sacando cordón del bolsillo.) Vamos a atarlo.
ESTRAGÓN.- (Con vehemencia.) No, no; nada de lazos, nada de lazos.
VLADIMIR.- Haces mal. Probemos el otro. (Igual juego.) ¿Qué tal?
ESTRAGÓN.- También me está bien.
VLADIMIR.- ¿No te hacen daño?
ESTRAGÓN.- (Dando algunos pasos fuertes.) Todavía no.
VLADIMIR.- Entonces puedes quedártelos.
ESTRAGÓN.- Son demasiado grandes.
VLADIMIR.- Algún día quizá tengas calcetines.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- Así, pues, ¿te quedas con ellos?
ESTRAGÓN.- Ya hemos hablado demasiado de estos zapatos.
VLADIMIR.- Si, pero...
ESTRAGÓN.- ¡Basta! (Silencio.) Ahora mismo voy a sentarme. (Busca lugar donde sentarse y después lo hace en donde estaba al empezar el primer acto.)
VLADIMIR.- Ahí estabas sentado anoche. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Si pudiera dormir...
VLADIMIR.- Anoche dormiste.
ESTRAGÓN.- Voy a intentarlo. (Adopta una postura uterina, con la cabeza entre las piernas.)
VLADIMIR.- Espera. (Se acerca a ESTRAGÓN y comienza a cantar en voz alta.)
¡Ea! ¡Ea!
ESTRAGÓN.- (Levantando la cabeza.) Más bajo.
VLADIMIR.- (Bajo el tono.)
¡Ea! ¡Ea!
¡Ea! ¡Ea!
¡Ea! ¡Ea!
¡Ea!...
(ESTRAGÓN queda dormido. VLADIMIR se quita la chaqueta y le tapa los hombros; después camina de un lado para otro, moviendo los brazos para calentarse. ESTRAGÓN se despierta sobresaltado, se levanta y da algunos pasos enloquecido, lleno de pánico. VLADIMIR corre hacia él y lo rodea con el brazo.)
VLADIMIR.- Aquí..., aquí..., estoy aquí... No tengas miedo.
ESTRAGÓN.- ¡Ah!
VLADIMIR.- Aquí; aquí..., se acabó.
ESTRAGÓN.- Me caía.
VLADIMIR.- Se acabó. No pienses más.
ESTRAGÓN.- Estaba sobre un...
VLADIMIR.- No, no, no digas nada. Ven, caminemos un poco. (Coge del brazo a ESTRAGÓN y le hace andar de un lado para otro, hasta que este se niega a seguir.)
ESTRAGÓN.- ¡Basta! Estoy cansado.
VLADIMIR.- ¿Prefieres quedarte ahí plantado, sin hacer nada?
ESTRAGÓN.- Si.
VLADIMIR.- Como quieras. (Suelta a ESTRAGÓN. Coge
su chaqueta y se la pone.)
ESTRAGÓN.- Vámonos.
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (VLADIMIR reanuda sus paseos.) ¿No te puedes estar quieto?
VLADIMIR.- Tengo frío.
ESTRAGÓN.- Hemos venido demasiado temprano.
VLADIMIR.- Siempre venimos al anochecer.
ESTRAGÓN.- Pero la noche no cierra.
VLADIMIR.- Cerrará de repente, como ayer.
ESTRAGÓN.- Y después será de noche.
VLADIMIR.-Y podremos marcharnos,
ESTRAGÓN.- Y después, otra vez el día. (Pausa.) ¿Qué hacemos, qué hacemos?
VLADIMIR.- (Deteniendo su caminar, con violencia.) ¿Has acabado de quejarte? Yo me estoy hartando de tus gemidos.
ESTRAGÓN.- Me voy.
VLADIMIR.- (Viendo el sombrero de LUCKY.) ¡Mira!
ESTRAGÓN.- ¡Adiós!
VLADIMIR.- ¡El sombrero de Lucky! (Se acerca.) ¡Hace una hora que estoy aquí y no lo había visto! (Muy contento.) ¡Estupendo!
ESTRAGÓN.- No me volverás a ver.
VLADIMIR.- Así, pues, no me he equivocado de sitio. Ya estamos tranquilos. (Recoge el sombrero de LUCKY, lo contempla y lo arregla.) Debió ser un magnífico sombrero. (Se lo pone en lugar del suyo, entregándole este a ESTRAGÓN.) Toma.
ESTRAGÓN.- ¿Qué?
VLADIMIR.- Tenme esto. (ESTRAGÓN coge el sombrero de VLADIMIR. VLADIMIR se coloca con ambas manos el sombrero de LUCKY. ESTRAGÓN se pone el sombrero de VLADIMIR en lugar del suyo, que ofrece a VLADIMIR. VLADIMIR coge el sombrero de ESTRAGÓN. ESTRAGÓN se coloca con ambas manos el sombrero de VLADIMIR. VLADIMIR se pone el sombrero de ESTRAGÓN en lugar del de LUCKY, el cual se lo ofrece a ESTRAGÓN. ESTRAGÓN coge el sombrero de LUCKY. VLADIMIR se coloca con ambas manos el sombrero de ESTRAGÓN. ESTRAGÓN se pone el sombrero de LUCKY en lugar del de VLADIMIR, que ofrece a este. VLADIMIR coge su sombrero. ESTRAGÓN se coloca con ambas manos el sombrero de LUCKY. VLADIMIR se pone su sombrero en lugar del de ESTRAGÓN, que le ofrece a este. ESTRAGÓN coge su sombrero. VLADIMIR se coloca con ambas manos su sombrero. ESTRAGÓN se pone su sombrero en lugar del de LUCKY, el cual ofrece a VLADIMIR. VLADIMIR coge el sombrero de LUCKY. ESTRAGÓN se coloca con ambas manos su sombrero. VLADIMIR se pone el sombrero de LUCKY en lugar del suyo, que se lo ofrece a ESTRAGÓN. ESTRAGÓN coge el sombrero de VLADIMIR. VLADIMIR se coloca con ambas manos el sombrero de LUCKY. ESTRAGÓN ofrece a VLADIMIR el sombrero de este, quien lo coge y lo ofrece a ESTRAGÓN, el cual lo coge y se lo ofrece a VLADIMIR, quien lo coge y lo tira. Todo esto, con movimientos muy rápidos.)
VLADIMIR.- ¿Me está bien?
ESTRAGÓN.- No lo sé.
VLADIMIR.- No, pero ¿qué te parece? (Gira coquetonamente la cabeza a derecha e izquierda y adopta actitudes de maniquí)
ESTRAGÓN.- Horroroso.
VLADIMIR.- Pero ¿más que de costumbre?
ESTRAGÓN.- Lo mismo.
VLADIMIR.- Entonces puedo quedármelo. El mío me hacía daño. (Pausa.) ¿Cómo lo diría? (Pausa.) Me arañaba.
ESTRAGÓN.- Me voy.
VLADIMIR.- ¿No quieres jugar?
ESTRAGÓN.- ¿A qué?
VLADIMIR.- Podríamos jugar a Pozzo y Lucky.
ESTRAGÓN.- No sé.
VLADIMIR.- Yo haré de Lucky; tú, de Pozzo. (Adopta la actitud de LUCKY, doblándose al peso de su carga. ESTRAGÓN lo mira estupefacto.) ¡Ven!
ESTRAGÓN.- ¿Qué debo hacer?
VLADIMIR.- Insúltame.
ESTRAGÓN.- ¡Granuja!
VLADIMIR.- ¡Más fuerte!
ESTRAGÓN.- ¡Canalla! ¡Crápula! (VLADIMIR avanza, retrocede siempre doblado.)
VLADIMIR.- Dime que piense.
ESTRAGÓN.- ¿Cómo?
VLADIMIR.- Di: «¡Piensa, guarro!»
ESTRAGÓN.- ¡Piensa, guarro! (Silencio.)
VLADIMIR.- ¡No puedo!
ESTRAGÓN.- ¡Basta!
VLADIMIR.- Dime que baile.
ESTRAGÓN.- Me voy.
VLADIMIR.- ¡Baila, cerdo! (Se retuerce. ESTRAGÓN sale precipitadamente.) ¡No puedo! (Levanta la cabeza, ve que ESTRAGÓN no está y lanza un grito desgarrador.) ¡Gogo! (Silencio. Recorre la escena de un lado a otro, corriendo casi. ESTRAGÓN vuelve precipitadamente, sofocado, y corre hacia VLADIMIR. Se detienen uno cerca del otro.) ¡Por fin has vuelto!
ESTRAGÓN.- (jadeante.) ¡Estoy maldito!
VLADIMIR.- ¿Dónde has estado? Creí que te habías ido para siempre.
ESTRAGÓN.- En el borde de la pendiente. Vienen.
VLADIMIR.- ¿Quiénes?
ESTRAGÓN.- No sé.
VLADIMIR.- ¿Cuántos?
ESTRAGÓN.- No sé.
VLADIMIR.- (Triunfal.) ¡Es Godot! ¡Al fin! (Abraza efusivamente a ESTRAGÓN.) ¡Gogo! ¡Es Godot! ¡Estamos salva-dos! ¡Vamos a su encuentro! ¡Ven! (Tira de ESTRAGÓN hacia el lateral. ESTRAGÓN resiste, se suelta y sale corriendo en dirección contraria.) ¡Gogo! ¡Vuelve! (Silencio. VLADIMIR corre hacia el bastidor por donde ESTRAGÓN acaba de irse, y mira a lo lejos. ESTRAGÓN entra precipitadamente y corre hacia VLADIMIR, que se vuelve.) ¡Por fin has vuelto!
ESTRAGÓN.- Estoy condenado.
VLADIMIR.- ¿Has ido lejos?
ESTRAGÓN.- Hasta el borde de la pendiente.
VLADIMIR.- Efectivamente estamos sobre una plataforma. No cabe duda, estamos servidos en bandeja.
ESTRAGÓN.- También vienen por allí.
VLADIMIR.- ¡Estamos rodeados! (ESTRAGÓN, alocado, se precipita hacia el telón de fondo, con el que choca y cae.) ¡Imbécil! ¡Por ahí no hay salida! (VLADIMIR acude a levantarlo y lo dirige hacia las candilejas. Gesto hacia el público.) Allí no hay nadie. Sálvate por ahí. Anda. (Lo empuja hacia el foso. ESTRAGÓN retrocede espantado.) ¿No quieres? Se comprende, caramba. Veamos. (Medita.) Tienes que desaparecer.
ESTRAGÓN.- ¿Dónde?
VLADIMIR.- Detrás del árbol. (ESTRAGÓN titubea.) ¡Deprisa! Detrás del árbol. (ESTRAGÓN corre a ocultarse tras el árbol, que no lo tapa sino muy imperfectamente.) ¡No te muevas! (ESTRAGÓN sale de detrás del árbol.) Decididamente, este árbol no nos sirve para nada. (A ESTRAGÓN.) ¿No estás loco?
ESTRAGÓN.- (Más tranquilo.) He perdido la cabeza. (Baja vergonzosamente la cabeza.) ¡Perdóname! (Yergue altivamente la cabeza.) ¡Se acabó! ¡Ahora verás! Dime lo que hay que hacer.
VLADIMIR.- No hay nada que hacer.
ESTRAGÓN.- Tú te pones allí. (Arrastra a VLADIMIR hacia el lateral izquierdo y lo coloca en el centro del camino, vuelto de espaldas a la escena.) Ahí, no te muevas, y ten los ojos bien abiertos. (Corre hacia el otro lateral. VLADIMIR lo mira por encima del hombro. ESTRAGÓN se detiene, mira a lo lejos y se vuelve. Ambos se miran por encima del hombro.) ¡Espalda con espalda, como en los viejos tiempos! (Continúan mirándose durante un instante y después cada uno vuelve a su vigilancia. Largo silencio.) ¿Ves algo?
VLADIMIR.- (Volviéndose.) ¿Qué?
ESTRAGÓN.- (En voz más alta.) ¡Que sí ves algo!
VLADIMIR.- No.
ESTRAGÓN.- Yo tampoco. (Reanudan la vigilancia. Largo silencio.)
VLADIMIR.- Has debido equivocarte.
ESTRAGÓN.- (Volviéndose.) ¿Qué?
VLADIMIR.- (Más alto.) ¡Qué has debido equivocarte!
ESTRAGÓN.- No grites. (Prosiguen la vigilancia. Largo silencio.)
VLADIMIR y ESTRAGÓN.- (Volviéndose al mismo tiempo.) Es...
VLADIMIR.- ¡Oh, perdona!
ESTRAGÓN.- Te escucho.
VLADIMIR.- No, no.
ESTRAGÓN.- Si, sí.
VLADIMIR.- Te he interrumpido.
ESTRAGÓN.- Al revés. (Se miran coléricos.)
VLADIMIR.- Vamos a ver, fuera ceremonias.
ESTRAGÓN.- No seas cabezota.
VLADIMIR.- (Con fuerza.) Acaba lo que ibas a decir, anda.
ESTRAGÓN.- (lo mismo.) Acábalo tú. (Silencio. Van el uno hacia el otro. Se detienen.)
VLADIMIR.- ¡Miserable!
ESTRAGÓN.- ¡Eso, insultémonos! (Intercambio de insultos. Silencio.) Ahora hagamos las paces.
VLADIMIR.- ¡Gogo!
ESTRAGÓN.- ¡Didi!
VLADIMIR.- ¡La mano!
ESTRAGÓN.- ¡Aquí está!
VLADIMIRO.- ¡Ven a mis brazos!
ESTRAGÓN.- Tus brazos?
VLADIMIR.- (Abriendo los brazos.) ¡Aquí dentro!
ESTRAGÓN.- Vamos allá. (Se abrazan. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¡Cómo pasa el tiempo cuando uno se divierte! (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Qué hacemos ahora?
VLADIMIR.- Esperar.
ESTRAGÓN.- Esperar. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Y si hiciéramos gimnasia?
ESTRAGÓN.- Nuestros ejercicios.
VLADIMIR.- De flexibilidad.
ESTRAGÓN.- De relajación.
VLADIMIR.- De rotación.
ESTRAGÓN.- De relajación.
VLADIMIR.- Para entrar en calor.
ESTRAGÓN.- Para tranquilizarnos.
VLADIMIR.- Vamos allá. (Empieza a saltar. ESTRAGÓN lo imita.)
ESTRAGÓN.- (Deteniéndose.) ¡Basta! Estoy cansado.
VLADIMIR.- (Deteniéndose.) No estamos en forma. Sin embargo, hagamos algunos ejercicios respiratorios.
ESTRAGÓN.- Yo no quiero respirar.
VLADIMIR.- Tienes razón. (Pausa.) Hagamos aunque sea el pino, para el equilibrio.
ESTRAGÓN.- ¿El pino? (VLADIMIR, vacilando, hace el pino.)
VLADIMIR.- (Deteniéndose.) Ahora, tú. (ESTRAGÓN, vacilando, hace el pino.)
ESTRAGÓN.- ¿Crees que Dios me ve?
VLADIMIR.- Hay que cerrar los ojos. (ESTRAGÓN cierra los ojos y vacila más intensamente.)
ESTRAGÓN.- (Deteniéndose y agitando los puños, a voz en grito.) ¡Dios tenga piedad de mí!
VLADIMIR.- (Ofendido.) ¿Y de mí?
ESTRAGÓN.- ¡De mi! ¡De mí! ¡Piedad! ¡De mí! (Entran POZZO y LUCKY. POZZO se ha vuelto ciego. LUCKY, cargado, como en el primer acto. Cuerda como en el primer acto, pero mucho más corta para permitir a POZZO seguir más cómodamente. LUCKY, tocado con un nuevo sombrero. Al ver a VLADIMIR y ESTRAGÓN se detiene. POZZO sigue su camino y tropieza con él. VLADIMIR y ESTRAGÓN retroceden.)
POZZO.- (Agarrándose a LUCKY, que con el peso se tambalea.) ¿Qué pasa? ¿Quién ha gritado? (LUCKY cae, soltándolo todo, y arrastra a POZZO en su caída. Quedan tendidos, inmóviles entre los bultos.)
ESTRAGÓN.- ¿Es Godot?
VLADIMIR.- Esto viene de
ESTRAGÓN.- ¿Es Godot?
VLADIMIR.- Esto viene de perilla. (Se dirige al grupo, seguido de ESTRAGÓN.) ¡Por fin llegan refuerzos!
ESTRAGÓN.) ¡Por fin llegan refuerzos!
POZZO.- (Con voz inexpresiva.) ¡Socorro!
ESTRAGÓN.- ¿Es Godot?
VLADIMIR.- Empezábamos a flaquear. Ya tenemos asegurado el espectáculo.
POZZO.- ¡Ayúdenme!
ESTRAGÓN.- Pide ayuda.
VLADIMIR.- Ya no estamos solos para esperar la noche, para esperar a Godot, para esperar..., para esperar. Toda la tarde hemos luchado con nuestros propios medios. Ahora se acabó. Ya es mañana.
ESTRAGÓN.- Pero solo están de paso.
POZZO.- ¡Ayúdenme!
VLADIMIR.- Ahora el tiempo corre de otro modo. El sol se pondrá, saldrá la luna y nos marcharemos... de aquí.
ESTRAGÓN.- Pero si no han hecho más que pasar.
VLADIMIR.- Será suficiente.
POZZO.- ¡Piedad!
VLADIMIR.- ¡Pobre Pozzo!
ESTRAGÓN.- Sabía que era él.
VLADIMIR.- ¿Quién?
ESTRAGÓN.- Godot.
VLADIMIR.- Pero si no es Godot.
ESTRAGÓN.- ¿No es Godot?
VLADIMIR.- No es Godot.
ESTRAGÓN.- Entonces, ¿quién es?
VLADIMIR.- Es Pozzo.
POZZO.- Soy yo! ¡Soy yo! ¡Levántenme!
VLADIMIR.- No puede levantarse.
ESTRAGÓN.- Vámonos.
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- Quizá aún tenga huesos para ti.
ESTRAGÓN.- ¿Huesos?
VLADIMIR.- De pollo. ¿No te acuerdas?
ESTRAGÓN.- ¿Era él?
VLADIMIR.- Sí.
ESTRAGÓN.- Pregúntaselo.
VLADIMIR.- ¿Y si le ayudáramos primero?
ESTRAGÓN.- ¿A qué?
VLADIMIR.- A levantarse.
ESTRAGÓN.- ¿No puede levantarse?
VLADIMIR.- Quiere levantarse.
ESTRAGÓN.- Pues que se levante.
VLADIMIR.- No puede.
ESTRAGÓN.- ¿Qué le pasa?
VLADIMIR.- No sé. (POZZO se retuerce, gime y da puñetazos en el suelo.)
ESTRAGÓN.- ¿Y si antes le pidiéramos los hueros? Si no nos los da, lo dejamos ahí.
VLADIMIR.- ¿Quieres decir que está en nuestra manos?
ESTRAGÓN.- Sí.
VLADIMIR.-¿Y que tenemos que poner precio a nuestros servicios?
ESTRAGÓN.- Sí.
VLADIMIR.- Eso está bien pensado, desde luego. Pero hay algo que temo.
ESTRAGÓN.- ¿El qué?
VLADIMIR.- Que de golpe LUCKY se levante. Entonces
ESTRAGÓN.- ¿Y si antes le pidiéramos los hueros? Si no nos los da, lo dejamos ahí.
VLADIMIR.- ¿Quieres decir que está en nuestra manos?
ESTRAGÓN.- Sí.
VLADIMIR.-¿Y que tenemos que poner precio a nuestros servicios?
ESTRAGÓN.- Sí.
VLADIMIR.- Eso está bien pensado, desde luego. Pero hay algo que temo.
ESTRAGÓN.- ¿El qué?
VLADIMIR.- Que de golpe LUCKY se levante. Entonces la jodimos.
ESTRAGÓN. -¿Lucky?
VLADIMIR.- El que te atacó ayer.
ESTRAGÓN.- Te digo que fueron diez.
VLADIMIR.- No, hombre, antes: el que te pegó las patadas.
ESTRAGÓN.- ¿Está ahí?
VLADIMIR.- Mira. (Gesto.) Ahora está inmóvil. Pero de un momento a otro puede saltar enfurecido.
ESTRAGÓN.- ¿Y si le diéramos un escarmiento entre los dos?
VLADIMIR.- ¿Quieres decir, si nos tiráramos encima de él mientras duerme?
ESTRAGÓN.- Sí.
VLADIMIR.- ES una buena idea. Pero ¿somos capaces? ¿Está dormido de verdad? (Pausa.) No; lo mejor sería aprovechar que Pozzo pide auxilio para socorrerlo, contando con su agradecimiento.
ESTRAGÓN.- Ya no pide nada.
VLADIMIR.- Es que ha perdido la esperanza.
ESTRAGÓN.- Quizá. Pero...
VLADIMIR.- No perdamos el tiempo en discusiones inútiles. (Pausa. Con vehemencia.) Hagamos algo, ahora que se presenta la ocasión. No siempre nos necesitan. La verdad es que no se nos necesita. Otros lo harían igual que nosotros, si no mejor. La llamada que acabamos de escuchar va dirigida a toda la Humanidad. Pero en este lugar, en ese momento, nosotros somos la Humanidad, queramos o no. Aprovechemos la Ocasión antes de que sea demasiado tarde. Representemos dignamente por una vez a esa ralea de que la desgracia nos ha hecho formar parte. ¿Qué te parece?
ESTRAGÓN.- No te escuchaba.
VLADIMIR.- Bien es verdad que quedándonos de brazos.
 
 
MIRO.- Bien es verdad que quedándonos de brazos cruzados, pesando el pro y el contra, también hacemos honor a nuestra condición. El tigre se precipita en auxilio de sus congéneres sin pensarlo. O se refugia en lo más espeso de la selva. Pero la cuestión no es esta. «¿Qué hacemos aquí.?», es lo que tenemos que preguntarnos. Tenemos la suerte de saberlo. Si; en medio de esta inmensa confusión, una sola cosa está clara: esperamos que venga Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- O que caiga la noche. (Pausa.) Tenemos una cita, y se acabó. No somos santos; pero hemos acudido a la cita. ¿Cuántos pueden decir lo mismo?
ESTRAGÓN.- Infinidad de gente.
VLADIMIR.- ¿Tú crees?
ESTRAGÓN.- No sé.
VLADIMIR.- Es posible.
POZZO.- ¡Socorro!
VLADIMIR.- Lo que es cierto es que el tiempo, en estas condiciones, pasa despacio y nos lleva a llenarlo con triquiñuelas que, ¿cómo diría?, a primera vista pueden parecer razonables, pero a las que estamos acostumbrados. Me dirás que es para impedir que nuestra razón se nuble. De acuerdo. Pero he aquí lo que me pregunto a veces: ¿no anda errante ya en la continua noche de los grandes abismos? ¿Sigues mi razonamiento?
ESTRAGÓN.- Todos nacemos locos. Algunos siguen siéndolo.
POZZO.- ¡Socorro! ¡Les daré dinero!
ESTRAGÓN.- ¿Cuánto?
POZZO.- Dos duros.
ESTRAGÓN.- Es poco.
VLADIMIR.- Yo no llegaría hasta eso.
ESTRAGÓN.- ¿Te parece bastante?
VLADIMIR.- No; quiero decir hasta afirmar que cuando vine al mundo ya estaba mal de la cabeza. Pero la cuestión no es esa.
POZZO.- Cinco.
VLADIMIR.- Estamos esperando. Nos aburrimos. (Levanta la mano.) No, no me contradigas; nos aburrimos como ostras, qué duda cabe. Bueno. Se nos presenta una diversión, ¿y qué hacemos? La dejamos que se pudra. Venga; manos a la obra. (Avanza hacia POZZO, se detiene.) Dentro de un instante todo se disipará. Estaremos otra vez solos, en medio de las soledades. (Piensa.)
POZZO.- ¡Cinco!
VLADIMIR.- Ya vamos. (Trata de levantar a POZZO, pero no lo consigue. Redobla sus esfuerzos, tropieza con los bultos, cae, trata de levantarse sin conseguirlo.)
ESTRAGÓN.- ¿Qué os pasa a todos?
VLADIMIR.- ¡Socorro!
ESTRAGÓN.- Me voy.
VLADIMIR.- ¡No me abandones! ¡Me matarán!
POZZO.- ¿Dónde estoy?
VLADIMIR.- ¡Gogo!
POZZO.- ¡A mí!
VLADIMIR.- ¡Ayúdame!
ESTRAGÓN.- Yo me voy.
VLADIMIR.- Primero ayúdame. Después nos marcharemos juntos.
ESTRAGÓN.- ¿Me lo prometes?
VLADIMIR.- ¡Te lo juro!
ESTRAGÓN.- Y no volveremos nunca.
VLADIMIR.- ¡Nunca!
ESTRAGÓN.- Nos iremos a las Ariège.
VLADIMIR.- A donde quieras.
POZZO.- ¡Trescientos! ¡Cuatrocientos!
ESTRAGÓN.- Siempre he tenido ganas de darme un garbeo por las Ariège.
VLADIMIR.- Te lo darás.
ESTRAGÓN.- ¿Quién se ha tirado un peo?
VLADIMIR.- Ha sido Pozzo.
POZZO.- ¡He sido yo! ¡He sido yo! ¡Piedad!
ESTRAGÓN.- Es repugnante.
VLADIMIR.- ¡Pronto! ¡Pronto! ¡Dame la mano!
ESTRAGÓN.- Me voy. (Pausa. Más fuerte.) Me voy.
VLADIMIR.- Al fin y al cabo, acabaré por levantarme solo. (Trata de levantarse, vuelve a caer.) Tarde o temprano.
ESTRAGÓN.- ¿Qué te pasa?
VLADIMIR.- ¡Lárgate!
ESTRAGÓN.- ¿Te quedas aquí?
VLADIMIR.- De momento.
ESTRAGÓN.- Levántate, anda; vas a coger frío.
VLADIMIR.- No te preocupes por mí.
ESTRAGÓN.- Pero, hombre, Didi, no seas cabezota. (Tiende la mano a VLADIMIR, que la coge rápidamente.) ¡Venga, arriba!
VLADIMIR.- ¡Tira! (ESTRAGÓN tira, tropieza, cae. Largo silencio.)
POZZO.- ¡A mí!
VLADIMIR.- Estamos aquí.
POZZO.- ¿Quiénes son ustedes?
VLADIMIR.- Somos hombres. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¡Qué bien se está en el suelo!
VLADIMIR.- ¿Puedes levantarte?
ESTRAGÓN.- No sé.
VLADIMIR.- Prueba.
ESTRAGÓN.- En seguida, en seguida (Silencio.)
POZZO.- ¿Qué ha ocurrido?
VLADIMIR.- (En alto.) ¿Te quieres callar de una vez? ¡Vaya perra! ¡Solo piensa en él!
ESTRAGÓN. ¿Y si intentáramos dormir?
VLADIMIR.- ¿Has oído? ¡Quiere saber lo que ha pasado!
ESTRAGÓN.- ¡Déjalo! Duérmete. (Silencio.)
POZZO.- ¡Piedad! ¡Piedad!
ESTRAGÓN.- (Sobresaltado.) ¿Qué? ¿Qué pasa?
VLADIMIR.- ¿Dormías?
ESTRAGÓN.- Creo que sí.
VLADIMIR.- ¡Otra vez ese asqueroso Pozzo!
ESTRAGÓN.- ¡Dile que se calle! ¡Pártele la boca!
VLADIMIR.- (Pegándole a POZZO.) ¿Has acabado? ¿Quieres callarte? ¡Sabandija! * (POZZO se desprende, lanzando gritos de dolor, y se aleja, arrastrándose. De vez en cuando se para, tantea en el aire con gestos de ciego, llamando a LUCKY. VLADIMIR, apoyado en un codo, lo sigue con la vista.) ¡Se ha escapado! (POZZO se desploma. Silencio.) ¡Se ha caído!
ESTRAGÓN.- ¿Es que se había levantado?
VLADIMIR.- No.
ESTRAGÓN.- Y, sin embargo, dices que se ha caído.
VLADIMIR.- Se había puesto de rodillas. (Silencio.) Quizá nos hemos excedido.
ESTRAGÓN.- No tenemos demasiadas oportunidades.
VLADIMIR.- Ha implorado nuestra ayuda. No le hemos hecho caso. Ha insistido. Lo hemos maltratado.
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- No se mueve. A lo mejor está muerto.
ESTRAGÓN.- Por haber querido ayudarle, estamos ahora en este atolladero.
VLADIMIR.- Es verdad.
ESTRAGÓN.- ¿No le has zurrado demasiado fuerte?
VLADIMIR.- Le he sacudido unos cuantos golpes.
ESTRAGÓN.- No debiste hacerlo.
VLADIMIR.- Tú lo quisiste.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Pausa.) ¿Qué hacemos ahora?
VLADIMIR.- Si pudiera arrastrarme hasta él.
ESTRAGÓN.- ¡No me dejes!
VLADIMIR.-¿Y si lo llamara?
ESTRAGÓN.- Eso, llámalo.
VLADIMIR.- ¡Pozzo! (Pausa.) ¡Pozzo! (Pausa.) No contesta.
ESTRAGÓN.- Los dos a la vez.
VLADIMIR y ESTRAGÓN.- ¡Pozzo! ¡Pozzo!
VLADIMIR.- Se ha movido.
ESTRAGÓN.- Estás seguro de que se llama Pozzo?
VLADIMIR.- (Angustiado.) ¡Señor Pozzo! ¡Vuelve! ¡No te haremos daño! (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Y si probáramos con otros nombres?
VLADIMIR.- Me temo que la cosa sea grave.
ESTRAGÓN.- Sería divertido.
VLADIMIR.- ¿Qué sería divertido?
ESTRAGÓN.- Probar con otros nombres, uno tras otro. Nos haría pasar el rato. Acabaríamos por dar con el auténtico.
VLADIMIR.- Te digo que se llama Pozzo.
ESTRAGÓN.- Vamos a verlo. Veamos. (Medita.) ¡Abel! ¡Abel!
POZZO.- ¡A mí!
ESTRAGÓN.- ¿Lo ves?
VLADIMIR.- Ya me estoy hartando.
ESTRAGÓN.- Quizá el otro se llame Cain. (Llama.) ¡Cain! ¡Cain!
POZZO.- ¡A mí!
ESTRAGÓN.- Es toda la Humanidad. (Silencio.) Mira esa nubecilla.
VLADIMIR.- (Levantando la vista.) ¿Dónde?
ESTRAGÓN.- Allí, en el cenit.
VLADIMIR.- ¿Y qué? (Pausa.) ¿Qué tiene de particular? (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Pasemos ahora a otra cosa, ¿quieres?
VLADIMIR.- Era justamente lo que iba a proponerte.
ESTRAGÓN.- Bueno; ¿pero a qué?
VLADIMIR.- ¡Ahí está el asunto! (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Y sí empezáramos por levantarnos?
VLADIMIR.- Probemos. (Se levantan.)
ESTRAGÓN.- Bien fácil ha sido.
VLADIMIR.- Querer es poder.
ESTRAGÓN.- ¿Y ahora?
POZZO.- ¡Socorro!
ESTRAGÓN.- Vámonos.
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Esperamos a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Pausa.) ¿Qué hacemos?
POZZO.- ¡Socorro!
VLADIMIR.- ¿Y silo socorriéramos?
ESTRAGÓN.- ¿Qué es lo que quiere?
VLADIMIR.- Quiere levantarse.
ESTRAGÓN.- Bueno, ¿y qué? VLADIMIR. Quiere que le ayudemos a levantarse. ESTRAGÓN. Está bien. Vamos a ayudarle. qué esperamos? (Ayudan a POZZO a levantarse, se separan de él. Vuelve a caer.)
VLADIMIR.- Hay que sostenerlo. (Igual juego. POZZO se sostiene entre ambos colgado de su cuello.) Tiene que volver a acostumbrarse a estar en pie. (A POZZO.) ¿Cómo va eso?
POZZO.- ¿Quiénes son ustedes?
VLADIMIR.- ¿No nos reconoce?
POZZO.- Estoy ciego. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Puede que vea el futuro.
VLADIMIR.- (A POZZO.) ¿Desde cuándo?
POZZO.- Yo tenía muy buena vista..., pero ¿ustedes son amigos?
ESTRAGÓN.- (Riéndose ruidosamente.) ¡Nos, pregunta si somos amigos!
VLADIMIR.- No; quiere decir si
ESTRAGÓN.- ¿Y qué?
VLADIMIR.- La prueba es que le habríamos ayudado.
ESTRAGÓN.- ¡Eso! ¿Le habríamos ayudado si no fuésemos sus amigos?
VLADIMIR.- Quizá.
ESTRAGÓN.- Evidentemente.
VLADIMIR.- No discutamos sobre eso.
POZZO.- ¿No son ustedes bandoleros?
ESTRAGÓN.- ¡Bandoleros! ¿Tenemos aspecto de bandoleros?
VLADIMIR.- ¡Bueno! Es ciego.
ESTRAGÓN.- ¡Anda! Es verdad. (Pausa.) Eso dice.
POZZO.- No me dejen.
VLADIMIR.- Nadie piensa en ello.
ESTRAGÓN.- De momento.
POZZO.- ¿Qué hora es?
ESTRAGÓN.- (oteando el cielo.) Vamos a ver...
VLADIMIR.- ¿Las siete?... ¿Las ocho?...
ESTRAGÓN.- Depende de la estación.
POZZO.- ¿Es de noche? (Silencio. VLADIMIR y ESTRAGÓN miran la puesta del sol.)
ESTRAGÓN.- Se diría que vuelve a subir.
VLADIMIR.- No es posible.
ESTRAGÓN.- ¿Y si fuera la aurora?
VLADIMIR.- No digas tonterías. Aquello es el Oeste.
ESTRAGÓN.- ¿Qué sabes tú?
POZZO.- (Angustiado.) ¿Es de noche?
VLADIMIR.- Por otra parte, no se ha movido.
ESTRAGÓN.- Te digo que vuelve a subir.
POZZO.- ¿Por qué no me contestan?
ESTRAGÓN.- No quisiéramos decirle ninguna estupidez.
VLADIMIR.- (Tranquilizador.) Es de noche, señor; ya ha anochecido. Mi amigo trata de hacerme dudar, y debo confesar que por un momento lo ha conseguido. Pero no en balde he vivido este largo día, y puedo asegurarle que está dando las últimas boqueadas. (Pausa.) Y hablando de otra cosa: ¿cómo se encuentra usted?
ESTRAGÓN.- ¿Cuánto tiempo nos queda aún de aguantarlo? (Lo sueltan un poco, y vuelven a cogerlo al ver que va a caerse.) No somos cariátides.
VLADIMIR.- Si he oído bien, decía usted que antes tuvo una vista excelente.
POZZO.- Sí, muy buena. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- (Irritado.) ¡Explíquese, explíquese!
VLADIMIR.- Déjalo en paz. ¿No ves que está recordando su dicha? (Pausa.) «Memoria praeteritorum bonorum»..., debe ser muy triste.
POZZO.- Sí, muy buena.
VLADIMIR.- ¿Y esto le ha ocurrido de repente?
POZZO.- Muy buena.
VLADIMIR.- Le pregunto si esto le ha ocurrido de repente.
POZZO.- Un buen día me desperté ciego como el Destino. (Pausa.) A veces me pregunto si no estaré durmiendo todavía.
VLADIMIR.- ¿Cuándo fue eso?
POZZO.- No sé.
VLADIMIR.- Pero lo más tarde, ayer...
POZZO.- No me pregunten. Los ciegos no tienen la noción del tiempo. (Pausa.) No ven las cosas del tiempo.
VLADIMIR.- ¡Vaya! ¡Hubiera jurado todo lo contrario!
ESTRAGÓN.- Me voy.
POZZO.- ¿Dónde estamos?
VLADIMIR.- No sé.
POZZO.- ¿No estaremos en el lugar llamado La Planche?
VLADIMIR.- No lo conozco.
POZZO.- ¿A qué se parece esto?
VLADIMIR.- (Mirada alrededor.) No puede describirse. No se parece a nada. No hay nada. Hay un árbol.
POZZO.- Entonces, no es La Tabla.
ESTRAGÓN.- (Doblándose.) ¡Vaya diversión!
POZZO.- ¿Dónde está mi criado?
VLADIMIR.- Allí.
POZZO.- ¿Por qué no contesta cuando lo llamo?
VLADIMIR.- No sé. Parece dormido. Quizá esté muerto.
POZZO.- ¿Qué ha pasado, exactamente?
ESTRAGÓN.- ¡Exactamente!
VLADIMIR.- Se han caído ustedes dos.
POZZO.- Vayan a ver si está herido.
VLADIMIR.- Pero no podemos dejarlo a usted.
POZZO.- No tienen necesidad de ir los dos.
VLADIMIR.- (A ESTRAGÓN.) Ve tú.
POZZO.- Eso es, que vaya su amigo. ¡Huele tan mal...!
VLADIMIR.- Ve a despertarlo.
ESTRAGÓN.- ¡Después de lo que me hizo! ¡Jamás en la vida!
VLADIMIR.- ¡Ah! ¿Ya te acuerdas de que te hizo algo?
ESTRAGÓN.- No me acuerdo en absoluto. Tú me lo has dicho.
VLADIMIR.- Ea verdad. (A POZZO.) Mi amigo tiene miedo.
POZZO.- No tiene nada que temer.
VLADIMIR.- (A ESTRAGÓN.) A propósito: la gente que tú has visto, ¿por dónde ha pasado?
ESTRAGÓN.- No sé.
VLADIMIR.- Quizá estén escondidos en alguna parte, espiándonos.
ESTRAGÓN.- Eso.
VLADIMIR.- Quizá, simplemente, se hayan parado.
ESTRAGÓN.- Eso.
VLADIMIR.- Para descansar.
ESTRAGÓN.- Para comer.
VLADIMIR.- Quizá hayan vuelto sobre sus pasos.
ESTRAGÓN.- Eso.
VLADIMIR.- Quizá fue una visión.
ESTRAGÓN.- Una ilusión.
VLADIMIR.- Una alucinación.
ESTRAGÓN.- Una ilusión.
POZZO.- ¿Qué espera?
VLADIMIR.- (A ESTRAGÓN.) ¿Qué esperas?
ESTRAGÓN.- Espero a Godot.
VLADIMIR.- (A POZZO.) Le he dicho que mi amigo tiene miedo. Ayer su criado lo atacó cuando lo único que pretendía mi amigo era enjugarle las lágrimas.
POZZO.- ¡Ah!, nunca hay que portarse bien con gentes como estas. No lo soportan.
VLADIMIR.- ¿Qué es lo que tiene que hacer exactamente?
POZZO.- Pues, en primer lugar, tirar de la cuerda, cuidando, claro está, de no estrangularlo. Generalmente, eso le hace reaccionar. Si no, que le dé patadas en el bajo vientre y en la cara, si es posible.
VLADIMIR.- (A ESTRAGÓN.) ¿Lo ves? No tienes que temer nada. Incluso es una ocasión para vengarte.
ESTRAGÓN.- ¿Y si se defiende?
POZZO.- No, no, nunca se defiende.
VLADIMIR.- Yo acudiría en tu auxilio.
ESTRAGÓN.- ¡No me pierdas de vista! (Va hacia LUCKY.)
VLADIMIR.- Primero, mira si está vivo. Si está muerto, no vale la pena pegarle.
ESTRAGÓN.- (Inclinándose sobre LUCKY.) Respira.
VLADIMIR.- Pues ¡hala! (Enfurecido súbitamente, ESTRAGÓN, aullando, pega patadas a LUCKY. Pero se hace daño en un pie y se aleja cojeando y quejándose. LUCKY recobra el sentido.)
ESTRAGÓN.- (Apoyándose sobre una pierna.) ¡Qué bestia! (ESTRAGÓN se sienta y trata de quitarse los zapatos. Pero renuncia en seguida y se acurruca, con la cabeza entre las piernas y los brazos delante de la cabeza.)
POZZO.- ¿Qué pasa ahora?
VLADIMIR. Mi amigo se ha hecho daño.
POZZO.- ¿Y Lucky?
VLADIMIR.- ¿Conque es él?
POZZO.- ¿Cómo?
VLADIMIR.- ¿Que es Lucky?
POZZO.- No comprendo.
VLADIMIR.- ¿Y usted es Pozzo?
POZZO.- Desde luego, soy Pozzo.
VLADIMIR.- ¿Los mismos de ayer?
POZZO.- ¿De ayer?
VLADIMIR.- Nos vimos ayer. (Silencio.) ¿No se acuerda usted?
POZZO.- No me acuerdo de haber encontrado ayer a nadie. Pero mañana no me acordaré de haber encontrado a nadie hoy. Así que no cuente conmigo para enterarse. Y basta. ¡En pie!
VLADIMIR.- Usted lo conducía a San Salvador [la feria; N. Del E.] para venderlo. Nos habló. El bailó. Pensó. Usted veía.
POZZO.- Si usted lo dice... Déjeme, haga el favor. (VLADIMIR se aparta.) ¡En pie!
VLADIMIR.- Se levanta. (LUCKY se levanta y recoge los bultos.)
POZZO.- Hace bien.
VLADIMIR.- ¿Adónde va usted tan deprisa?
POZZO.- ¡Eso qué importa!
VLADIMIR.- ¡Cómo ha cambiado! (LUCKY, cargado con los bultos, se coloca delante de POZZO.)
POZZO.- ¡Látigo! (LUCKY deja los bultos, busca el látigo, lo encuentra, se lo da a POZZO y vuelve a coger los bultos.) ¡Cuerda! (LUCKY deja los bultos, pone el extremo de la cuerda en la mano de POZZO y vuelve a coger los bultos.)
VLADIMIR.- ¿Qué hay en esa maleta?
POZZO.- Arena. (Tira de la cuerda.) ¡En marcha! (LUCKY se pone en movimiento, seguido de POZZO.)
VLADIMIR.- Un momento. (POZZO se detiene. Queda cuerda tensa. LUCKY cae, tirándolo todo. POZZO da traspié, suelta la cuerda y se tambalea. VLADIMIR lo aguanta.)
POZZO.- ¿Qué pasa?
VLADIMIR.- Se ha caído.
POZZO.- Pronto, levántelo antes de que se duerma.
VLADIMIR.- ¿No se caerá usted si lo suelto?
POZZO.- No creo. (VLADIMIR pega patadas a LUCKY.)
VLADIMIR. ¡De pie! ¡Cerdo! (LUCKY se levanta y coge los bártulos.) Ya está de pie.
POZZO.- (Tendiendo la mano.) ¡Cuerda! (LUCKY deja los bultos, pone el extremo de la cuerda en la mano de POZZO y vuelve a coger los trastos.
VLADIMIR.- No se vaya todavía.
POZZO.- (Parándose.) Me voy.
VLADIMIR.- ¿Qué hacen cuando se caen en donde no hay quien pueda ayudarles?
POZZO.- Esperamos hasta poder levantarnos. Y después, reanudamos la marcha.
VLADIMIR.- Antes de irse, dígale que cante.
POZZO.- ¿A quién?
VLADIMIR.- A Lucky.
POZZO.- ¿Que cante?
VLADIMIR.- Sí. O que piense. O que recite.
POZZO.- Pero ¡Si es mudo!
VLADIMIR.- ¡Mudo!
POZZO.- Totalmente. Ni siquiera puede gemir.
VLADIMIR.- ¡Mudo! ¿Desde cuándo?
POZZO.- (Repentinamente furioso.) ¿No ha terminado de fastidiarme con sus historias sobre el tiempo? ¡Es insensato! ¡Cuándo! ¡Cuándo! Un día, ¿no le basta?, un día como los demás se quedó mudo, un día me que dé ciego, un día nos quedaremos sordos, un día nacimos, un día moriremos, el mismo día, el mismo instante, ¿no le basta esto? (Más reposado.) Ellas paren a horcajadas sobre una tumba, la luz brilla un instante; luego, otra vez la noche. (Tira de la cuerda.) ¡En marcha! (Salen. VLADIMIR los sigue hasta el límite del escenario y los ve alejarse. Un ruido de caída, subrayado por la mímica de VLADIMIR, anuncia que han vuelto a desplomarse. Silencio. VLADIMIR se dirige hacia ESTRAGÓN, que duerme, lo mira un momento y después lo despierta.)
ESTRAGÓN.- (Gestos alocados, palabras incoherentes. Por último:) ¿Por qué nunca me dejas dormir?
VLADIMIR.- Me sentía solo.
ESTRAGÓN.- Soñaba que era feliz.
VLADIMIR.- Esto ha hecho pasar el tiempo.
ESTRAGÓN.- Soñaba que...
VLADIMIR.- ¡Calla! (Silencio.) Me pregunto si verdaderamente es ciego.
ESTRAGÓN.- ¿Quién?
VLADIMIR.- ¿Un verdadero ciego diría que carece de la noción del tiempo?
ESTRAGÓN.- ¿Quién?
VLADIMIR.- Pozzo.
ESTRAGÓN.- Está ciego?
VLADIMIR.- Nos lo ha dicho.
ESTRAGÓN.- ¿Y qué?
VLADIMIR.- Me ha parecido que nos veía.
ESTRAGÓN.- Lo has soñado. (Pausa.) Vámonos. No podemos. Es verdad. (Pausa.) ¿Estás seguro de que no era él?
VLADIMIR.- ¿Quién?
ESTRAGÓN.- Godot.
VLADIMIR.- Pero ¿quién?
ESTRAGÓN.- Pozzo.
VLADIMIR-. ¡No, hombre, no! (Pausa.) Claro que no.
ESTRAGÓN.- De todas formas, me voy a levantar. (Se levanta penosamente.) ¡Ay!
VLADIMIR.- Ya no sé qué pensar.
ESTRAGÓN.- ¡Mis pies! (Vuelve a sentarse e intenta descalzarse.) ¡Ayúdame!
VLADIMIR.- ¿Habré estado durmiendo mientras los otros sufrían? ¿Estaré durmiendo en este momento? ¿Qué diré mañana, cuando crea despertar, de este día? ¿Que he esperado a Godot, en este lugar, con mi amigo ESTRAGÓN, hasta la caída de la noche? ¿Que ha pasado Pozzo, con su porteador, y que nos ha hablado? Sin duda. Pero, en todo esto, ¿qué habrá de verdad? (ESTRAGÓN, que ha insistido vanamente en descalzarse, se ha vuelto a adormilar. VLADIMIR lo mira.) El no sabrá nada. Hablará de los golpes recibidos y yo le daré una zanahoria. (Pausa.) A horcajadas sobre una tumba y un parto difícil. Desde el fondo del agujero, ensoñadoramente, el sepulturero aplica los fórceps. Hay tiempo para envejecer. El aire está lleno de nuestros gritos. (Escucha.) Pero la costumbre los acallia. (Mira a ESTRAGÓN.) A mí también me mira otro, diciéndose: «Duerme y no sabe que duerme.» (Pausa.) No puedo continuar. (Pausa.) ¿Qué he dicho? (Va de un lado a otro agitadamente,' al fin se para junto al lateral izquierdo y mira a lo lejos. Por la derecha entra el MUCHACHO del día anterior. Se para. Silencio.)
MUCHACHO.- Señor... (VLADIMIR se vuelve.) Señor Alberto...
VLADIMIR.- Vuelta a empezar. (Pausa. Al MUCHACHO.) ¿No me reconoces?
MUCHACHO.- No, señor.
VLADIMIR.- ¿Viniste ayer?
MUCHACHO.- No señor.
VLADIMIR.- ¿Es la primera vez que vienes?
MUCHACHO.- Sí, señor. (Silencio.)
VLADIMIR.- De parte del señor Godot.
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR.- No vendrá esta noche.
MUCHACHO.- No, señor.
VLADIMIR.- Pero vendrá mañana.
MUCHACHO.- Sí, señor.
VLADIMIR.- Con toda seguridad.
MUCHACHO.- Si, señor. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Te has encontrado con alguien?
MUCHACHO. No, señor.
VLADIMIR.- Otros dos... (Vacila.) ...hombres.
MUCHACHO.- No he visto a nadie, señor. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Qué hace el señor Godot? (Pausa.) ¿Oyes?
MUCHACHO.- Si, señor.
VLADIMIR.- ¿Y qué?
MUCHACHO.- No hace nada, señor. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Cómo está tu hermano?
MUCHACHO.- Está enfermo, señor.
VLADIMIR.- Quizá fuera él quien vino ayer.
MUCHACHO.- No lo sé, señor. (Silencio.)
VLADIMIR.- ¿Tiene barba el señor Godot?
MUCHACHO.- Si, señor.
VLADIMIR.- ¿Rubia o... (Vacila.) . ..negra?
MUCHACHO.- (Dudando.) Me parece que es blanca, señor. (Silencio.)
VLADIMIR.- Misericordia. (Silencio.)
MUCHACHO.- ¿Qué debo decirle al señor Godot, señor?
VLADIMIR.- Dile... (Se interrumpe.) ...dile que me has visto y que... (Reflexiona.) . ..que me has visto. (Pausa. VLADIMIR avanza y el MUCHACHO retrocede. VLADIMIR se para y el MUCHACHO también.) Dime: ¿estás seguro de haberme visto? ¿No me dirás mañana que nunca me has visto? (Silencio. VLADIMIR da un repentino salto hacia adelante y el MUCHACHO se escapa como una flecha. Silencio. El sol se pone; sale la luna. VLADIMIR permanece inmóvil. ESTRAGÓN se despierta, se descalza, se levanta con los zapatos en la mano y, los pone ante la batería; va hacia VLADIMIR y lo mira.)
ESTRAGÓN.- ¿Qué te pasa?
VLADIMIR.- No me pasa nada.
ESTRAGÓN.- Me voy.
VLADIMIR.- Yo también. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Hace mucho tiempo que me he dormido?
VLADIMIR.- No sé. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Adónde iremos?
VLADIMIR.- No muy lejos.
ESTRAGÓN.- ¡No, no, vámonos lejos de aquí!
VLADIMIR.- No podemos.
ESTRAGÓN.- ¿Por qué?
VLADIMIR.- Tenemos que volver mañana.
ESTRAGÓN.- ¿Para qué?
VLADIMIR.- Para esperar a Godot.
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Pausa.) ¿No ha venido?
VLADIMIR.- No.
ESTRAGÓN.- Y ahora ya es tarde.
VLADIMIR.- Sí, es de noche.
ESTRAGÓN.- ¿Y si lo dejáramos plantado? (Pausa.) ¿Si lo dejáramos plantado?
VLADIMIR.- Nos castigaría. (Silencio. Mira el árbol.) Solo el árbol vive.
ESTRAGÓN.- (Mirando el árbol.) ¿Qué es?
VLADIMIR.- El árbol.
ESTRAGÓN.- Sí, pero ¿de qué clase?
VLADIMIR.- No sé. Un sauce.
ESTRAGÓN.- Vamos .a ver. (Lleva a VLADIMIR hacia el árbol y quedan parados ante él. Silencio.) ¿Y si nos ahorcáramos?
VLADIMIR.- ¿Con qué?
ESTRAGÓN.- ¿No tienes un trozo de cuerda?
VLADIMIR.- No.
ESTRAGÓN.- Entonces no podemos.
VLADIMIR.- Vámonos.
ESTRAGÓN.- Espera, tenemos mi cinturón.
VLADIMIR.- Es demasiado corto.
ESTRAGÓN.- Tú me tiras de las piernas.
VLADIMIR.- ¿Y quién tira de las mías?
ESTRAGÓN.- Es verdad.
VLADIMIR.- De todas formas, déjame ver. (ESTRAGÓN se desata la cuerda que sujeta su pantalón. Este, demasiado ancho, se le cae hasta los tobillos. Miran la cuerda.) Yo creo que puede servir. Pero ¿será fuerte?
ESTRAGÓN.- Vamos a ver. Toma. (Cada uno agarra un extremo de la cuerda, y tiran. La cuerda se rompe. Están a punto de caer.)
VLADIMIR.- No vale. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- ¿Dices que tenemos que volver mañana?
VLADIMIR.- Si.
ESTRAGÓN.- Entonces nos traeremos una buena cuerda.
VLADIMIR.- Eso es. (Silencio.)
ESTRAGÓN.- Didi.
VLADIMIR.- ¿Qué?
ESTRAGÓN.- No puedo continuar así.
VLADIMIR.- Eso se dice fácilmente.
ESTRAGÓN. ¿Y si nos separásemos? Quizá nos fuera mejor.
VLADIMIR.- Mañana nos ahorcaremos. (Pausa.) A no ser que venga Godot.
ESTRAGÓN.- ¿Y si viene?
VLADIMIR.- Estaremos salvados. (VLADIMIR se quita su sombrero -el de LUCKY- , mira en el interior, pasa la mano, lo sacude y se lo vuelve a poner.)
ESTRAGÓN.- Entonces, ¿nos vamos?
VLADIMIR.- Súbete los pantalones.
ESTRAGÓN.- ¿Qué?
VLADIMIR.- Súbete los pantalones.
ESTRAGÓN.- ¿Que me arremangue los pantalones?
VLADIMIR.- ¡Que te los subas!
ESTRAGÓN.- Es verdad. (Se sube los pantalones. Silencio.)
VLADIMIR.- Entonces, ¿nos vamos?
ESTRAGÓN.- Vámonos. (No se mueven.)
 
 
 
TELÓN